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Reportajes

GuiltyArticulo – Diablo III, el por qué de la viciada

Directo del averno a convertirse en nuestra obsesión

Por xosellosa el 26 mayo 2012

Joder, joder, joder… la Semana Diablesca de Guilty terminó y yo tenía que hacer un artículo… pero bueno, más vale tarde que nunca así que, allá voy.

Son épocas convulsas, los universitarios sabrán de lo que hablo, entonces me toca especialmente la moral hablar de Diablo cuando aún no he tenido posibilidad para darle caña a la tercera parte, pero lo que voy a verter en estas líneas bien se puede aplicar a cualquier juego de la saga o el género (si es que existiese tal diferenciación).

Jugadores de Diablo II, os sentiréis muy identificados con la cuestión que de primeras os planteo. ¿Por qué cojines hemos matado trescientos millones de veces a Mefisto en Nivel Pesadilla? ¿Por qué yo siendo un jovenzuelo adolescente pase tardes a 30 grados a la sombra matando vacas bípedas? ¿Qué hacía sobre el 2002 un muchacho en la flor de la vida echando las tardes delante de una pantalla de PC en un ciber angosto y mal ventilado, en lugar de estar en un descampado haciendo el tonto con otros congéneres?

Amigos míos, la respuesta es el condicionamiento operante, en un programa de reforzamiento de razón variable. Hace unos meses en The Vault hicieron un tremendamente recomendable artículo donde ya planteaban esto de manera mucho más extensa, relacionando procesos psicológicos con la forma que teníamos de jugar. Muy a colación de los tiempos que corren saco yo también este tema por aquí. Es especialmente interesante el caso de Diablo pues es un ejemplo muy evidente de un proceso psicológico muy básico y muy fuerte.

Diablo tiene la particularidad de ser un juego repetitivo,  y esto que en cualquier otra obra es sinónimo de mediocridad, en Diablo lejos de señalarlo nos quedamos inmersos en su atmosfera repitiendo una y otra vez pasajes ya vistos. Más aún, no solo su planteamiento, sino que también su mecánica jugable es deliciosamente repetitiva. Mientras que otros videojuegos como un FIFA, por ejemplo, requieren de nuestra habilidad mecánica y atención, en Diablo, reduciendo mucho el concepto, se juega a base de puro y simple clic. Pero aún así, y aquí viene lo mágico, resulta terriblemente absorbente. La causa de todo esto la hallamos en el coleccionismo, en el objeto imposible que de repente llega… la hallamos en el premio.

Los jugadores seríamos la ratilla en este caso…

Para explicar este proceso, en su día, ya lejano, me pusieron como ejemplo un mechero casi sin gas. El mechero se empieza a quedar sin gas y tú pruebas primero 2 veces y enciende, continúa quedándose sin y comienzas a probar un promedio de 3 veces para que encienda, un promedio de 4… hasta que en un momento dado te ves en una parada de bus tratando de encender un cigarrillo y terminando por poder dar solo un par de caladas ya que el autobús ha llegado y pasaste los anteriores 3 o 4 minutos tratando de encender tu maldito mechero de los chinos.

Lo mismo sucede con Diablo. Ansiamos el objeto X en cuestión, intuimos que Mefisto, un hombre de bien, en algún momento lo dejara caer al morir. La cuestión es  ¿cuál es ese momento…? ahí está la gracia joven Bárbaro y ahí está la explicación de tu adicción.

Lo bonito de Diablo, como de muchísimos juegos, es como hace de muy pocos mecanismos una jugabilidad, una experiencia, tremendamente perfecta. Miro la compleja interfaz de Dragon’s Dogma y solo con pensarlo me da pereza. Pienso en la simpleza, pero la contundencia de Diablo y me da miedo. Miedo porque sé que  “en el momento que haces pop ya no hay stop”.

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  • http://www.guiltybit.com

    Totalmente de acuerdo, amigo Ghostbuster! Si después de 12 años sigo teniendo las mismas ganas de perder el tiempo delante del PC matando a los mismos bosses no es porque sea tonto… sino porque nos tienen manipulados tal cual ratilla blanca!

    Después de 10 días de Diablo3 en mis manos, cada día estoy perdiendo más puntos con mi novia, y todo por el hecho de conseguir una vara con más DPS para mi maga xD

    En fin… bendita adicción!

  • Ahora ya puedo dar explicación a muchas cosas… Excelente artículo.

  • Si es que tenemos sindrome de diogenes… venga recolectar todo lo que nos suelten…
    Es uno de los pocos juegos que se que me voy a pasar mas de 2 veces, y ni siquiera va a ser por los logros, sino por ver si me sale algo mejor.

  • Para nada estoy de acuerdo con el razonamiento del artículo.

    Yo en su día, también experimenté la fiebre del Diablo II cuando tenía mis escasos 12 años y no me resulto para nada agradable y mucho menos adictiva.

    Me pareció un juego soso, feo, repetitivo, una mecánica jugable muy coñazo y con muchas carencias para un juego de rol, una historia (que lejos de ser mala, más bien todo lo contrario) narrada de una forma angosta y cansina por cuadros de texto narrados más 4 cinemáticas contadas que se hacían de rogar al final de cada capítulo.

    Es un juego que le debí dedicar bien sus 20 horas y que no me terminé por puro aburrimiento, no llenó mis exigencias como Gamer de aquella y ahora es verlo, con sus años ya afectando al motor gráfico, y la sensación de desagrado unido a unas arcadas no son fáciles de disimular.

    Sin embargo, Diablo III me ha parecido un juego soberbio, mejoraron y atendieron con especial dedicación todos los apartados que nublaban la jugabilidad de su predecesor sin escatimar en la sensación de simpleza frenética que este nos deparaba.

    Puede que sea por eso que los fans más aférrimos del Diablo II no gusten este último título, pero hablando con objetividad, el repaso que le pega el III es digno de alabanza.



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