La familia de Jonas Savimbi denuncia a Activision por su aparición en Black Ops 2

La familia del angoleño Jonas Savimbi ha denunciado a Activision por la forma en que le representaron en Call of Duty: Black Ops 2. Debido a esta, según ellos, difamación, piden un millón de dólares como indemnización.

Los tres hijos de Jonas Savimbi, mediante su abogado, defienden que su padre era “un líder político y un estratega” y que nada tiene que ver con la figura que Activision presenta en su juego.

Yo no jugué en su momento a Black Ops 2, pero si sé quién fue Savimbi. Y la pregunta que os estaréis haciendo todos, culpables, es ¿quién tiene aquí razón? ¿Era un terrorista, como aparece en el juego de Activision? ¿O era verdaderamente un líder político como dicen sus hijos? Leed, que no tiene desperdicio.

Savimbi fundó uno de los muchos movimientos anticolonialistas que surgieron a lo largo del siglo XX en África. El suyo, UNITA, luchaba por la independencia de Angola respecto a Portugal. Esta independencia se logró, tras 14 años de guerra, en 1975, poco después de que la revolución de los claveles derrocara al dictador Salazar en Portugal.

Tras la independencia, la guerra siguió en Angola. Los principales movimientos de resistencia, incluida la UNITA de Savimbi empezaron a luchar entre ellos por el poder, empezando así una guerra civil dentro del gran marco mundial de la Guerra Civil.

El carácter terrorista de Savimbi quedo retratado en 1992. Todas las fuerzas habían acordado una tregua como medio para celebrar las primeras elecciones democráticas de Angola. Savimbi perdió las elecciones, pero rápidamente dijo que eran un fraude y volvió a tomar las armas, prolongando la situación de guerra otros 10 años y cometiendo continuamente atentados en Angola contra la población civil.

La guerra civil terminó en 2002, cuando Savimbi fue abatido por el ejército de Angola. A sus espaldas tenía una guerra que había dejado un millón de muertos, más de 100.000 heridos por minas antipersona y casi 12 millones de refugiados.

Fuente: The Guardian | El País