Monigotes gritando, alienígenas haciendo mofa, cañones explotando… Con nuestro análisis de Catastronauts! veréis como se las gastan los cadetes.

A menudo los juegos del género party vienen adscritos a su naturaleza de una forma totalmente inflexible. No es raro escuchar la palabra party en este hobby y venirnos a la cabeza minijuegos para disfrutar en compañía en una fiesta, como bien indica su designación anglosajona, sin embargo siempre existirá la excepción que confirme la regla y, queridos culpables, esa excepción os la traemos hoy aquí en Guilty Bit con el análisis de Catastronauts!

Catastronauts ha salido de las mentes de Inertia Studio con Greg Denness, director de la misma y hacedor de títulos de móviles como Fishing Worlds (2016) o Dragon Words 2 (2018) y Kieran Newland, este último es un chico británico cuya mente deparó proyectos interesantes como Catamari (2017), una especie de parodia del japonés Katamari donde controlamos a gatos rollizos por un patio. Con esta premisa no es raro suponer que Catastronauts vaya a intentar hacer algo distópico ¿no?

Pues bien, ya entrando en materia. Catastronauts nos pone en la piel de una tripulación de novatos que acaban de salir de la academia de vuelo, y no vienen de aprender a pilotar avionetas, no, si no de naves espaciales de combate. El mundo corre peligro por un ataque alienígena a gran escala que ha dejado inoperativos la mayoría de escuadrones veteranos, hecho que nos empuja a los novatos tomar partido en la vanguardia de la acción con nuestras habilidades sin apenas pulimento.

Entre los distintos personajes que podremos emular tendremos seres humanos de todas las razas y hasta alienígenas majos que no paran de sonreír aunque les prendan fuego.

Hasta aquí llegaría la introducción a su historia, algo que no es lo importante más allá de darnos un porqué para luchar. Más interesante es el resto de elementos que nos quedan por estudiar. Como, por ejemplo, su apartado artístico y su músculo gráfico.

Lauren Duke es la encargada de insuflar vida a los entrañables monigotes y a sus enemigos, alienígenas de aspecto reptiliano además de dirigir el diseño de los escenarios (los compartimentos de nuestra nave espacial así como la academia, menú donde escogemos misión). Estos poseen una mínima de gracia y algunos modelos de protagonistas desprenden cierto aroma de originalidad alejándose del estereotipo “concursante” que acostumbran presentar el resto de party-games.

En lo gráfico, el juego destaca por ser sólido y presentar una paleta de colores con un predominante tono apagado (algo inusual en juegos de este género) pero sin buscar tomarse muchas pretensiones de sorprender con unas texturas más allá de un cell shading plano y una iluminación super liviana. Lo que realmente parece interesante es su afán por mantener unos 60 cuadros por segundo en todo momento sin ninguna caída apreciable.

Vale que el título, al no ser una odisea gráfica, era obvio que fuese capaz de tal logro pero con una jugabilidad tan endiabladamente frenética se hacen muuuuy necesarios.

El fuego es quizás nuestro peor enemigo. No solo se va carcomiendo la nave si no lo apagamos, si no que ¡se comerá a nuestros personajes!

Es que dicha jugabilidad es donde radica esa distopía que os veníamos contando. Aquí no vamos a competir respondiendo preguntas, no vamos a pegarnos de leches en minijuegos como en Mario Party ni tampoco a ver quién es el avispado que más puntos consigue en su Monopoly virtual. Catastronauts desengrana una fórmula que se aleja de todo esto y a su vez, se acerca y muchísimo, a títulos como FTL (Subset Games, 2012) o Guns Of Icarus (Muse Games, 2012). Por lo tanto, tenemos ante nosotros un software de gestión cooperativa donde los jugadores no compiten entre ellos si no que tendrán que hacer sinergias lo más rápido e inteligentemente posible para poder salir airosos de una contienda espacial.

Nuestro escenario es una nave de combate sumida en un tiroteo galáctico. Nosotros, tripulantes (que podemos ser desde un jugador a cuatro escogiendo personaje antes de iniciar el nivel) tendremos que repartirnos tareas según la nave las demande. En ocasiones nos caerá una ráfaga de plasma que nos hará un boquete en el casco, con lo cual tendremos que correr a repararlo con la caja de herramientas antes de que la “herida” vaya a más o incluso prenda fuego. El fuego es un mal bicho que se propaga rápidamente comiéndose la nave y cortarle el paso hasta extinguirlo es una prioridad si no queremos que nuestra barra de salud acabe vacía. Así con todo, desde disparar cañones al enemigo, cargar lanzamisiles, descongelar compartimientos de la nave, arrojar minas fuera de nuestro rango, etc. Las tareas no son pocas y nos mantienen bien concentrados en todo momento.

La cooperación es clave y hacerlo todo lo más rápido posible, también. El juego está diseñado para hacerse más sencillo conforme más jugadores seamos, trabajando en cadena fordista muchas veces podremos obtener el éxito con 3 estrellas (la puntuación máxima, las estrellas nos caen al final del nivel según el tiempo que tardemos en derribar la nave enemiga) inclusive. No obstante, funciona también de manera inversa, cuantos menos jugadores seamos más cuesta arriba se harán los niveles y llegará un momento que la complejidad de los mismos será tal que no daremos abasto para gestionarlo todo. De hecho me atrevería a decir que el juego castiga de forma deliberada el jugarlo sin acompañantes.

Lo normal será repatir tareas entre los jugadores. Mientras uno repara otro puede disparar con los cañones o dejar los objetos en zonas a mano para los demás participantes.

Si queremos disfrutarlo en solitario controlaremos 2 personajes que alternaremos con el botón R1/L1 y por lo tanto, parte del tiempo tendremos uno de los monigotes con los brazos caídos sin hacer nada. Esta pérdida de tiempo que supone tener un personaje ocioso nos pasará factura, sobre todo en niveles altos donde se nos hizo literalmente imposible poder avanzar sin la ayuda de otros jugadores humanos.

En este aspecto nos recordó a las sensaciones vividas con Overcooked (Ghost Town Games, 2016) que apostaba también por la cooperación a toda pastilla con tal de entregar los platos a tiempo y que la cocina no acabase hecha trizas. Overcooked también presentaba este vicio aunque no tan acusado gracias a unas mecánicas algo más pulidas.

La base de su éxito o interés depende de este claro-oscuro. Nos parece una propuesta divertídisima y bien hilvanada para disfrutarse de forma multijugador ya que nos pone a prueba con retos cada vez más escalados y satisfactorios pero demasiado descuidado a la hora de ofrecer una experiencia posible (ya no estamos diciendo que esté a la altura de jugarse con amigos) para un solo jugador. Nos queda pena, porque esto ya se vio viable en otros títulos como FAR: Lone Sails (Okomotive, 2018) donde una sola persona era capaz de gestionar una caravana postapocalíptica sin que la tarea fuese ardua o demasiado automatizada.

En lo demás, cumple a rajatabla con lo sonoro. Buenos efectos de sonido, muy animados, que casan bien con su estilo artístico y una banda sonora que lejos de ser emblemática o llamativa sabe acompañar los niveles con liviandad aunque se acaba volviendo monótona en los últimos periplos por su poca cantidad de pistas.

A mayores también decir que nos llega completamente traducido al castellano y dicha traducción tiene un nivel bastante aceptable sin apenas calcos o literalidades, algo inusual para un juego venido de una compañía tan humilde, por lo que es de agradecer en demasía.

Algunos gadgets requerirán el uso de dos o más personas. Este cañón será activado por un culpable mientras el otro carga la bala y dispara.

Catastronauts es, hasta la fecha, el proyecto más ambicioso de Inertia Studio. Un juego muy interesante para disfrutarse de forma cooperativa con hasta 4 amigos en local lleno de retos que pondrán a prueba nuestras habilidades motoras y reflejos al mando. Es muy satisfactorio cuando la organización entre jugadores marcha como debería pero es una pena que su experiencia resulte frustrante para un jugador, porque aunque nos permita jugar los mismos niveles y de la misma forma, su curva de dificultad nos parará los pies llegado al momento.

 

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La tensión que nos pone a los mandos para no perder ni un segundoLa fluidez de los 60 FPS se agradece para un tipo de juego que demanda tanta rapidez de reflejosCon 4 amigos que colaboren como es debido la experiencia se vuelve super satisfactoria
Jugar de uno se hace muy cuesta arriba a la largaNo es demasiado largo y con 4 personas se acaba en una tarde perfectamente
7.3Nota Final
Gráficos8
Sonido6.5
Jugabilidad7.5
Diversión7
Puntuación de los lectores 0 Votos
0.0

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