Análisis de Dark Souls III The Ringed City

Me hubiera gustado que este análisis de Dark Souls III The Ringed City hubiera sido de otra forma. Quisiera rendirme ante la mejor zona del juego. Pero eso no le ha valido para ser suficiente.

“Malo” no es una palabra que se me pase por la cabeza ahora mismo. No diré “decepción” en este análisis de Dark Souls III The Ringed City, porque mentiría. Tampoco diré que el DLC no está a la altura, porque no lo pienso. Quizá aún no sé nada del todo. Pero llevo varias semanas con bastantes ganas de probar esta expansión. Además, hacía meses que no tocaba este juego, así que la motivación es doble.

Enciendo la Playstation 4 y ahí está, uno de tantos archivos, un piromántico veterano esperando para jugar las expansiones. Paciente desde que terminara el juego. “Yes, indeed”, ese círculo mágico que los pesimistas llaman marca oscura estaba a punto de cerrarse. Una saga tan importante de los últimos años tocaría a su fin en un puñado de horas. Me estremezco, no me avergüenza reconocerlo, y entro en La Ciudad Anillada para ver qué puede ofrecerme.

analisis de dark souls 3 the ringed city

Bonito se ve, eso desde luego

Me maravillo a cada paso y descubrimiento. Cruzo una esquina y me sorprende aquel enemigo. Oigo un grito y llueven lanzas doradas que me acribillan. Camino por un delgado saliente a recoger un objeto y se desploma hasta el fondo… Es fácil ver el alma más pura de Dark Souls en este DLC y dejarte llevar. “Más Dark Souls”, pienso, “eso no puede ser malo”.

Y pasan los enemigos. Los descubrimientos. Las almas. Las armas. Los bosses. Las muertes. Pasa todo mientras espero “lo gordo”. Lo grande, los grandes “clics”. Ha pasado casi un año desde que sentí ese momento por primera vez en este juego. Ese momento en el que me emocioné y dije para mis adentros “puto Miyazaki, lo has vuelto a hacer”. Pero ese gran colofón no llega. Los sentimientos y las emociones no son similares. 

Pero falta algo


Creo que Dark Souls es una saga que se entiende tan grande por sus momentos. Un Solaire despojado de toda cordura y heroicidad que te ataca. Aquellos Ornstein y Smough que se presentan como un reto imposible a todas luces, pero se superan. El bonachón con armadura de Catarina que busca desesperadamente honrar a su pueblo, a su familia y su propio consuelo en la batalla pero fracasa frente a su propia hija. Ese momento en el que, tras una gran aventura oyendo peripecias de un dios, suena Lord of Cinder y ves que solo queda un despojo inerte, un cascarón vacío de ese gran héroe de las leyendas.

(Os invito encarecidamente a tener este vídeo de allaboutVGMusic de fondo)

O ese momento en el que entras en un coliseo donde los honorables caballeros de La Legión se están matando entre ellos y comienza uno de los mejores combates del juego. Cuando llegas a una zona habitada por dracónidos y el reto final, dicen las teorías, es un personaje al que todos admiramos. Un Zeus deconstruido, un gran personaje que pasará a ser otra línea en la larga página de retos superados. Incluso la ciudad de los dioses que se sabía mentirosa y se encuentra corrupta hasta los cimientos. Más aún, cuando avanzamos por la ciudad y encontramos a un viejo amigo tumbado en el suelo sin el sonido de un pequeño martillo acompañándolo.

Fanservice. Recursos fáciles. Por supuesto que sí, es absolutamente innegable. Pero es difícil no ver una correlación directa y sentirse emocionado si de verdad esta saga ha conectado contigo. Por los motivos que sean, ese momento no ha llegado en The Ringed City.

¿Entonces es malo? Rotundamente no


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Curiosos personajes

Ahora, dejando de lado el Dark y pasando más al Soul, toca ser positivo: La Ciudad Anillada es (me parece) la mejor zona de Dark Souls III en diseño. El Montón de Residuos, la zona anterior, no llega al soberbio nivel de la principal pero es también muy respetable. El escenario está tan deliciosamente bien construido como las mejores y más memorables zonas de la saga. Hay secretos, a puñados. Personajes interesantes con historias variadas y sorprendentes, menos de los que quisiera. Las armas y armaduras nuevas tienen un diseño tan fascinante que sienta mal no haber podido disfrutar de ellas antes. Y, por si fuera poco, su número no es bajo en absoluto.

No obstante, percibo un patrón que me desagrada en este DLC: el cansancio. La expansión incluye cuatro nuevos bosses que son, a nivel general, mejorables. No llegan al nivel de los mejores del juego, y alcanzan el nivel mínimo que esperaba y exigía. Dos de ellos son, me atrevería a decir, bastante pobres. Pero un par de ellos son particularmente reseñables ya que evidencian la divergencia de calidad de este contenido.

Uno de ellos es un enemigo muy flojo. Lo hemos visto varias veces, de todos los colores y estamos hasta las narices de sus habilidades. Encima saca a relucir los (pocos) defectos que tiene el sistema del juego. Ataques prácticamente inesquivables, habilidades que matan de un golpe, cámara torpe que impide golpear en ese ridículo espacio de tiempo disponible… Parece, de corazón, hecho a las prisas, con peso sobre los hombros y metido a la fuerza “porque había que hacerlo”. Porque todo está en los números. Tiene que haber más. Más enemigos, más armas, más dificultad… Y no me vale, en absoluto. Menos aún con este nivel de mediocridad.

Alma de Dark Souls


Pero luego está el último boss con el que Miyazaki y compañía vuelven a dar otra clase maestra de diseño. Ese enemigo final es, fácilmente, el mejor del juego. No diré el mejor combate, pues ese puesto en mi memoria lo tienen otros, pero sí es el “mejor”. Es el que capta toda la esencia concentrada de lo que significa Dark Souls y lo plasma sobre la pantalla con un nivel fantástico.

No solo por lo que simboliza su combate en la historia, que también, sino por el combate en sí. La pelea podrá gustar más o menos, pero es espectacular en el sentido más plástico de la palabra. Y va mucho más allá. Refleja lo que simboliza todo este universo. Es decadente, triste, melancólico y es varias veces más fuerte que tú. Pero está perfectamente equilibrado para que digas “sí, puedo hacerlo”. Y luchas, y mueres, y renaces y lo vuelves a intentar, pero no sientes frustración. Solo sientes que quieres volver a salir al campo de batalla. Eso es Dark Souls. El ver un reto, saber que es difícil, pero ser capaz de intentarlo una y otra vez mejorándote a ti mismo hasta superarlo. El otro jefe es un chiste de mal gusto al lado de este combate.analisis de dark souls 3 the ringed city

 

Volvemos al cansancio. Se ven buenas ideas y buen hacer en esta expansión, faltaría menos. Sin embargo, ya dije hace un año que esta obra es grande porque es más que la suma de sus partes. Una zona fantástica pero con contenido mejorable no es, por sí sola, ese grandioso DLC. Es una montaña rusa de niveles de calidad intolerable en este juego. Por momentos pasable, por otros (la mayoría) simplemente buenos, algunos bastante malos, y muy pocos excepcionales.

Divide y ¿vencerás?


Alberto Murcia reflejaba en su análisis para Antihype algo que yo también pienso: “Creo que hubiese sido mucho mejor que From Software hubiese sacado Ashes y Ringed como un solo DLC”. No solo sus historias están íntimamente ligadas, sino que este segundo pierde valor sin aquel primero. Y, penosamente, el mercado manda. Da rabia saber que esto podría haber sido como The Old Hunters de Bloodborne: un tremendo golpe encima de la mesa que eleva mucho más al juego.

Pero no. Este contenido no mejora por sí mismo a

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También están estas cosas con forma de insecto. Punto negativo

esta obra. Simplemente añade más Dark Souls III. Esa es la diferencia. The Old Hunters era algo fresco, que sumaba y multiplicaba a Bloodborne. Descubrió muchos de sus secretos y ofreció algunas de las mejores zonas y enemigos del juego. Fue un salto cualitativo y cuantitativo excepcional. Pero estos dos DLC de Dark Souls III, por separado, son una pequeña suma. Un mero extra. Más bosses, más armas, más zonas, más difícil, más cosas.

 

Miyazaki ha repetido en diversas ocasiones que quiere abandonar la saga y seguir explorando ese “género” que él mismo creó con Demon’s Souls. Pero no bajo la marca oscura. Y, pese al inefable despliegue de habilidad a la hora de añadir detalles y la nueva zona, me falta algo. Ese “clic” que decía antes.

Lo que viene siendo en otras palabras: The Ringed City es un buen DLC. Añade un contenido considerable, aunque algo escaso para ser “el gran colofón”. Y, es más, aunque la zona en sí es la mejor del juego, fluctúa mucho el nivel de contenido. No diré que es malo, ni una decepción, repito. Pero esperaba algo más. Quería que me volviera a dejar con la boca abierta. Y no lo ha conseguido… Hasta el momento final.

“Ahhh… así que esto es Dark Souls”


Y es que, como decía, Dark Souls se define por momentos. Y From Software tiene una grandísima capacidad para comunicarlo todo sin mediar una sola sílaba. Ese muy buen combate final se libra en un gran desierto de ceniza. Y cuando por fin finaliza todo es cuando llega ese “clic”: no pasa absolutamente nada.

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Aparece tu mensaje, los objetos que has conseguido y aparece una hoguera que sella tu victoria. Pero eso es todo. Nada más y nada menos, como con cualquier otro boss. Entre las dunas, a lo lejos, se percibe un precioso atardecer. Se acabó. Punto y final. Ese desierto es el clímax melancólico de todo este camino. Una armonía y una conjunción divina entre el jugador y la obra. Nunca mejor dicho: con la nada Miyazaki es capaz de contarlo todo.

Queda caminar hacia delante y dar vueltas en círculos. Pero hagas lo que hagas no puedes avanzar más. Solo ir hacia atrás y descubrir algún que otro evento y unos pequeños trazos de historia en el otro DLC. No puedo evitar emocionarme mientras paseo, desolado, hacia la hoguera. Y me siento en ella, el último descanso del guerrero en medio de un desierto de cenizas que lo es todo y es nada a la vez.

La Ciudad Anillada, con cosas por descubrir, seguro, ha cerrado el círculo de la marca oscura. Más Dark Souls, para lo bueno y para lo repetitivo y lo cargantemente malo. Pero un vasto desierto de ceniza se alza ante nosotros, imponente, diciendo “se acabó”. Podría ser más, pero ese punto final merece todo el recorrido si eres fan de esta gran saga, por mucho que pueda dejar frío por momentos. Susurro “puto Miyazaki, lo has vuelto a hacer” y apago la consola.