Análisis de Hyper Knights para PC

Este análisis de Hyper Knights puede verse como una clase aburrida de historia bélica. Al final es eso mismo lo que pide un juego que decide ser simple y divertido pero se agota muy rápido.

“War… war never changes” puede ser una de las frases más conocidas de los videojuegos. El eslogan de la serie Fallout es tan claro y rotundo como cierto. La guerra no cambia, evoluciona. Hace milenios la gente se batía con espadas y caballos por tierra. Hoy en día la tierra es solo otra excusa de los del otro lado del charco para librar su propia batalla. Me siento obligado a empezar así este análisis de Hyper Knights porque, en cierto modo, el título es un repaso de la historia de la cultura bélica.

Si algo disfruté de la asignatura de Historia en el instituto fue cuando se hablaba de la cultura grecorromana. Si bien no nos obligaron a leer La Ilíada o La Odisea para poder comprender mejor su cultura (por motivos obvios, dicho sea de paso), yo, como maldito friki de la mitología griega, lo hice. A medias, al menos. Uno de los que más me llamó siempre la atención fue, cómo no, la historia de Aquiles.

Aquiles, la heroicidad

El más valeroso de los soldados griegos en la Guerra de Troya, que recrea La Ilíada de Homero, fue Aquiles. En la película de Petersen del 2004 presentan al soldado destrozando a un bigardo sin despeinarse. Sin embargo, Aquiles, el gran héroe, era un vanidoso que luchó solo tras la muerte de Patroclo, su compañero y amante, para vengarle frente a Héctor, el líder del otro bando. Pero, aun así, es uno de los héroes más recordados y glorificados de la cultura grecorromana.

Ninguno de ellos, para qué vamos a engañarnos, era el reflejo de una persona humilde, sincera o compasiva. Un buen tipo con todas las letras, que se diría. Pero esa glorificación que envuelve a Aquiles se representa, una y otra vez, en la ficción. Es la deificación de la figura del gran luchador en las guerras: hombre atractivo, competente, fuerte y el más chulo del barrio que se carga a medio ejército sin titubear. Hyper Knights entra también en el saco y es víctima voluntaria de ese culto al héroe.análisis de hyper knightsNuestro personaje principal (que creamos nosotros mismos eligiendo entre varias configuraciones posibles y con varios objetos creados por la comunidad) es la representación más pura de ese salvador. Casi por obligación es capaz de destrozar, él solo, a todo un ejército. El juego es fiel a esa idea como lo es un guerrero a su causa. En esta suerte de hack ‘n’ slash importa más la coherencia y el ritmo que la variedad pero todo gira sobre el poder que tú, jugador, puedes alcanzar.

Slash and dash

Cada batalla que se libra pone a cada lado del área bélica a un número de soldados. Tú eres uno de ellos, pero inevitablemente más que ellos. Los enemigos no se matan a base de combos al estilo Bayonetta; cada uno tiene una serie de botones específicos que se deben pulsar para acabar con ellos. Por cada botón que acertemos sin recibir daño aumenta el contador de combo. Este numerito no solo luce y permite chulear más que Brad Pitt en las coreografías, sino que nos proporciona habilidades como curación, ataques en área o llevar al límite tu velocidad.

Y funciona ridículamente bien. Esa idea tan básica y bien ejecutada es capaz de elevarte al Olimpo de los Aquiles, Hércules, Ulises y compañía. Se añaden, además, dos mecánicas para dar algo más de juego al asunto: un movimiento rápido que hace las veces de esquive y un contraataque. Tres mecánicas sencillas que elevan al tajo, uno de los verbos más importantes de los videojuegos. Es muy satisfactorio ir acabando con decenas de soldados al son de los botonazos y adquiriendo una velocidad endiablada. La conexión casi instantánea entre ojo, cerebro, dedo, mando, juego acaba siendo más lenta que los espadazos que repartes en las partidas.

Leónidas, el liderazgo

Pero más allá de la ficción, de Aquiles y de la glorificación del héroe, este juego tiene también algo de Leónidas. El rey de Esparta pasará a la historia por, según varios historiadores, plantarle cara a lo imposible en la batalla de las Termópilas. En una reinterpretación descafeinada y con más brillo que rigor de Zack Snyder se plasma la idea: 300 espartanos contra miles de persas dirigidos por Jerjes I. Y hacen frente porque el líder (que no jefe en ese momento) es capaz de dirigir a un grupo que actúa como una unidad.

Seguimos hablando de grandes soldados de la historia en la siguiente página. Ah, y analizando Hyper Knights.
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