Análisis de Mezmeratu para PC

La psicodelia, la irreverencia y muchas, pero muchísimas muertes se dan la mano en este análisis de Mezmeratu que os traemos hoy.

Hay veces, culpables, en las que tomas decisiones en tu vida que te hacen decir… ¿por qué? No un por qué malo, ojo, sino un por qué de preguntarte cómo carajos has llegado a eso. No, no se me ha ido la cabeza, es que el hacer el análisis de Mezmeratu me ha hecho plantearme esta pregunta desde el momento en el que inicié el juego.

análisis de Mezmeratu

¿Que qué?

Repito: no es por algo malo. Es, simplemente, que no me esperaba nada de lo que veía en la pantalla. Sí, había visto tráilers, veía irreverencia, locura ahí. Pero una cosa es verla y otra vivirla. De veras. La historia no importa culpables. No tiene sentido alguno. Un asesino serial, el pico de una lechuza, una iglesia… casi te da dolor de cabeza intentar verle coherencia a todo esto. ¿Pero acaso importa? Ya te lo digo yo: no. Por mucho que me gusten las tramas, las historias, la narrativa, un juego puede versar su eje en la jugabilidad, ya lo hemos dicho en más de una ocasión. Y eso es lo que ocurre en Mezmeratu, que nos da una buena lección con ello.

Así pues, olvidad viajes del héroe, el ser prisioneros de una ciudad infestada o un dragón morado que escupe fuego. Aquí somos el chico con cabeza de luna definitivo. Lo manejamos y para adelante. Pero ay, de veras culpables. Al poner los primeros compases del juego sólo una cosa se me vino a la cabeza, la película 2001: Una odisea en el espacio. Yo no soy crítica de cine ni una bohemia al respecto, pero recuerdo tener a fuego una escena con luces de colores durante unos cinco minutos en esa película. Y mi cara al respecto era un poema, un «¿qué?» Y eso es lo que me pasaba con cada píxel que veía en pantalla con este análisis de Mezmeratu.

Intentando mantener la paz interior

Sí, me estoy repitiendo mucho, pero es que choca. Pero una vez acostumbrado, y, como digo, al tener simplemente que seguir adelante, me puse a ello. Y, qué demonios, me encantan este tipo de juegos. Sí, esos que te retan a superar fases y fases haciendo que quieras romper el mando contra el suelo. Y este logra esto, y mucho. Mezmeratu es complicado, culpables. No complicado porque yo sea mala (que también) sino porque te reta enormemente a cada segundo con saltos precisos, enemigos y, sobre todo, pinchos. Esos malditos objetos inanimados salidos del averno son mis malditos enemigos mortales en el juego. Y es que con un golpe (o dos, si se sienten generosos) te matarán, masacrarán y te dejarán llorando en una esquina, preguntándote de nuevo «por qué» (sí, es el juego de los por qué).

El rizo se riza más cuando os cuente que no tenemos autoguardado en el título, cosa de las que nos avisan nada más empezar la aventura. «Ah, bueno, no pasa nada, nos estamos acostumbrando demasiado a ellos». Vale, no te lo puedo negar. Pero el problema es que durante cada fase la única forma que tendremos de salvar nuestro progreso es gracias a los chekpoints que encontraremos. Y estos, huelga decirlo, no es que sean precisamente numerosos. En un plis puedes ver como has superado media fase, pero se te atasca una zona concreta y, sorpresa, te toca volver a empezar todo desde el principio, puesto que en este juego la única oportunidad extra que tendremos serán nuestras vidas.

«Jo, Ana, te quejas mucho, pues como en Dead Cells». No, me temo que no, amigos culpables. Veréis, en Dead Cells no teníamos segundas oportunidades: ahí si moríamos volvíamos al inicio, sí, pero manteníamos las habilidades que hubiéramos adquirido. Aquí no pasa eso hasta que superes toda la fase entera. Porque, tal y como podéis esperar, hay tiendas que nos regalarán habilidades, tales como un doble salto o el agarrarnos a las paredes. Sin embargo, olvidaos de ellas si perdéis todas vuestras vidas. O si morís sin haber pasado por un chekpoint antes. ¿Quieres un videojuego hardcore? Enhorabuena, aquí lo tienes.

Explosión de elementos

Pero mira, la cosa es que el juego vicia. Te pica. Te incita a seguir. Quizás sea una cosa de orgullo y amor propio, pero oye, lo consigue. Aunque sigo preguntándome el por qué de todo a cada paso que doy. Ya lo podéis ver al fin y al cabo en las imágenes: el diseño de los niveles es surrealista. Pero la verdad: tiene un encanto especial.

Destaco por encima de otras cosas los escenarios, que pese a estar sobrecargados en multitud de ocasiones, tienen un no sé qué con esas combinaciones de colores. La música también va cogida de la mano a esto. Es indudable que te va a sorprender, durante la primera fase, por ejemplo, escuchar a personas gritar desgarradoramente (aquí tenemos un nuevo «¿por qué?»), pero lo que es la música de fondo tiene una cierta reverberación que te atrapa. Serán los tonos, será la forma en la que se usa, pero tiene su encanto.

Poco más puedo decir, puesto que al hacer este análisis de Mezmeratu me he dado cuenta de lo complejo que es de definir. Si quieres una aventura difícil, que te ponga a prueba cada día, sin duda deberías echarle un vistazo. Pero si eres de los que se frustra con facilidad, o no eres capaz de superar la barrera de los «¿por qué?» lo más sensato es que lo dejes pasar, por tu propio bien.

Análisis de Mezmeratu para PC
El eterno dilema
Nos gusta
El estilo psicodélico que tiene todo
La dificultad que nos reta a dar lo mejor de nosotros mismos
Esas tonadillas tan particulares
Puede mejorar
Jugar con teclado es un auténtico dolor de ovarios
Los niveles que se generan no son tan variados, y a las pocas muertes ya podrás ver repetidos
La permanencia de las habilidades nos hubieran alegrado la vida
7.4