Lara Croft cierra la historia de sus orígenes en Shadow of the Tomb Raider, una aventura con tintes oscuros que nos dejará cerca de la arqueóloga que conocimos en los 90.

La intrépida Lara Croft llega a tiempo en una nueva aventura para adentrarse en la discusión de si los Triples A deben duran 487 horas o si, por el contrario, deben ser buenos juegos, independientemente de su duración. Voy a aprovechar el análisis de Shadow of the Tomb Raider para dar mi opinión sobre ello.

Spider-Man, otro de los grandes lanzamientos recientes, ha abierto de nuevo el debate sobra la duración de los videojuegos. Un gran número de personas cree tener la razón cuando justifica que un producto de 70 euros debe ofrecer un inmenso número de horas. Algunos de ellos incluso sacan la calculadora y le ponen precio a esas horas. “Si vale 70 y tiene 10 euros, la hora sale a 7 euros. ¡Qué estafa!”.

En mi humilde opinión están muy equivocados. Un videojuego no se puede cuantificar en horas. El videojuego debe valorarse por lo que ofrece. Por si cuenta una historia memorable o por si nos hace soltar una lágrima. También puede ser pura adrenalina o un mágico paseo por un mundo maravilloso, en donde se acentúa la exploración. Todas esas emociones son la base principal, y si vienen condensadas en seis horas, me importa un pimiento que otro videojuego dure 400: puede que no tenga tiempo y con total seguridad me produzca un serio aburrimiento los más largos.

Más adelante llegarán todos los matices que uno quiera poner o ver. Su interpretación personal de lo que da el videojuego puede ser muy variada. Se podrá comparar con tal juego o se podrá escribir un rimbombante texto sobre la industria y su camino hacia el éxito o el fracaso. Todo es válido y serás tú, querido lector, el que leerás lo que más creas conveniente.

Quiero dejar claro también que cuando no comulgo con las quejas de la duración, es porque me parece que lo ofrecido es suficiente. Si por el contrario Spider-Man o este Shadow of the Tomb Raider duraran una hora, mi antorcha se encendería. Lo mismo ocurriría al contrario. Si un juego se alarga a las 200 horas puede terminar siendo un ladrillo tedioso para dejar en la estantería o en el cubo de la basura.

Shadow of the Tomb Raider está incluido dentro de los juegos “cortos”. A pocos sorprenderán esta afirmación. No obstante, su experiencia lineal, es lo suficientemente atractiva como para mantenernos enganchado durante todas sus horas de duración.

Los desarrolladores han dividido la tercera entrega de la nueva Tomb Raider en tres niveles de dificultad. En lugar de tocar únicamente un valor, el juego permite ajustar lo complicado que nos van a resultar los combates, los puzles o la exploración. Supone un gran acierto poder seleccionar el nivel por separado.

Si subimos la dificultad en los combates, queda bastante claro que será más complicado acabar con los enemigos. Es el valor de exploración el que más me ha llamado la atención. De elegir elevar la dificultad en este punto, Shadow of the Tomb Raider vuelve a sus orígenes, a aquellas zonas de los originales en las que no quedaba claro por dónde avanzar.

La pintura blanca que indica el camino desaparece, no se podrá activar el instinto de supervivencia y la partida solo se guardará en las hogueras. No habrá autoguardado por el camino. Lo mismo ocurre si se sube la dificultad en los puzles. Puro Tomb Raider. El combate puede ser secundario en esta ocasión.

Aumentar la dificultad en los puzles o exploración es muy recomendado. El nivel normal para los acertijos obligatorios no es digno de nuestra arqueóloga favorita. Los tres juegos tras el reboot no regalan a los amantes de las adivinanzas un desafío a la altura. La trilogía tiene tumbas repartidas por los mapeados que satisfarán, en parte, a todos ellos, pero al no ser obligatorias para completar el juego, pasarán desapercibidas para los jugadores que solo buscan el modo historia.

Análisis de Shadow of the Tomb Raider PS4

¡Ohggg! Siempre me tocan los pesados

La aventura principal, ya centrándonos en ella, tiene carácter continuista. No podíamos esperar algo distinto en esta trilogía. Debutan algunos movimientos nuevos para Lara, como el rappel para descender rápidamente de algunos puntos, pero cuenta con todos los ingredientes ya conocidos. Además las fases acuáticas también han sido ampliadas y cobrarán una mayor importancia.

Afortunadamente para todos aquellos que piensan que sumergirse se convierte en un claro cortarrollos, donde me incluyo, toda las situaciones de este estilo no suponen un gran esfuerzo, y aunque tienen cierta importancia, tan solo habrá un par de escollos complicados que superar, por llamarlos de alguna forma. Como en la mayoría del juego, solo hay que seguir el camino marcado y contaremos con la ayuda bolsas de agua para respirar. Spoiler: no hay combates acuáticos, salvo por algunas especies de peces, ni puzles acuáticos que resolver.

La historia supuestamente, aunque hay ciertas incongruencias, sitúa a Lara Croft en un punto temporal cercano a los juegos originales. La arqueóloga ya está lejos de esa joven inexperta del reboot de 2013 y protagoniza una aventura con gran oscuridad. En algunos momentos, Lara se deja poseer por la ira y dibuja instantes deslumbrantes ciega de rabia.

Esta parte de la historia es la que más sorprende. Supone un gran cambio y muestra la evolución del personaje principal del primer juego a este cierre de historia de origen. Es cierto que todavía se suceden situaciones sin sentido. Lara pasa en un momento de haberse cargado a un ejército casi al completo y a los pocos segundos le vuelve la moral de repente y decide perdonar vidas. Es la bipolaridad Croft. No obstante, estos momentos en la historia son auténticas maravillas. Se disfrutan de lo lindo.

Una nueva mecánica que he obviado hasta ahora, a propósito, es la capacidad de pasar desapercibida a ojos de los villanos embadurnándonos de barro todo el cuerpo. Muchos comparan a Lara con Rambo, pero a mí me recuerda más a Arnold Schwarzenegger en Depredador. El ejercito que busca a la arqueóloga tiene un nuevo juguete: un casco con gafas para descubrir el calor corporal de alguien oculto. El alienígena cazador basa su visión en ese mismo principio, por lo que Dutch descubre que puede ocultarse si unta su cuerpo en barro. Lara en realidad es una mezcla, en esos momentos, del veterano boina verde y el delta force. ¿Si se mezcla a Stallone y Chuache sale Lara Croft? Uf, que mala visión acabo de tener.

Volviendo a la realidad, al menos al videojuego, Shadow of the Tomb Raider da gran protagonismo al sigilo. Aunque siempre puedes liarte a tiros y dejarte de tonterías, es muy recomendable pasar las situaciones más peliagudas sin hacer apenas ruido. Desde árboles hasta la maleza serán lugares para esconder al personaje principal. Incluso desde altas ramas podremos atrapar a los enemigos como su fuéramos el Batman de los Arkham.

Shadow of the Tomb Raider, análisis

He venido con mi nuevo traje de jaguar y no me dejan entrar en la party, jo

En esta ocasión, Lara Croft emprende viaje a México, aunque la aventura se desarrolla casi totalmente en Perú. Simplemente son lugares elegidos para situar el pasado de la protagonista y los malvados de La Trinidad. Tendremos que evitar que un doctor con aires de superioridad intente destruir el mundo utilizando un viejo artefacto, nada no visto en cientos de producciones cinematográficas y videojuegos. La narrativa es interesante pero no deja de ser un mero instrumento para justificar los momentos de acción más atrevidos y espectaculares. La ejecución sin embargo es sobresaliente. Dada su duración, guiño a los que tanto se meten con ella, nunca se hace aburrido y no aparecen en ningún momento las ganas de dedicarse a otra cosa.

Bien cierto es que las misiones secundarias son relleno sin sustancia. La mayoría de ellas son de recadero: ve a un sitio, haz una cosa y vuelve a contármelo. Yo que no soy de “perder” el tiempo en un videojuego, me vienen como anillo al dedo. No me atraen lo más mínimo, pero reconozco su valía para alargar la experiencia vital de cualquier videojuego. No es el caso desde luego, Shadow of the Tomb Raider no destaca en ese punto. Al contrario.

Técnicamente el juego no pretende ser puntero en comparación con Rise of the Tomb Raider, lanzamiento aquel donde sí se incidió en este aspecto. Los gráficos lucen fantásticos, aunque en una PlayStation 4 normal a veces, muy pocas, hay tirones cuando se salva un punto de guardado. No hay caídas de frames apreciable, pero sí esos molestos parones. Aunque son dos o tres en realidad.

El apartado sonoro, como se suele decir, cumple. La banda sonora usa los compases típicos de Tomb Raider, pero no se guardarán en la memoria. Cuando termines el juego te preguntarás por la música y no sabrás ni tararear una parte mínima. No es que sea mala, sino que acompaña a la acción y poco más.

Shadow of the Tomb Raider, para finalizar, termina de contar la historia de la joven Lara Croft y la acerca, supuestamente, a los juegos originales. Es una Lara totalmente diferente, pero eso es lo que quieren darnos a entender al menos. Muchos pueden calificar la trilogía como continuista, aunque esos mismos hablarán maravillas de sagas que exactamente hacen eso, por lo que que si disfrutaste de los espectaculares títulos anteriores, este te va a gustar igualmente, o incluso más. La Lara depredadora o ‘Killer Lara’ aparece en el momento culmen de la historia y aunque desgraciadamente dura poco, no es más que un reflejo del cambio del personaje. En resumen: Shadow of the Tomb Raider es un enorme juego para finalizar esta trilogía de orígenes.

Análisis de Shadow of the Tomb Raider para PlayStation 4
La brutal Killer Lara cuando apareceBuen cierre de trilogíaEl selector de nivel de dificultadLa oscuridad de parte de la historia
Siendo buena, se echa en falta una BSO cautivadoraLos personajes secundarios no importanLas misiones secundarias no animan a jugarlas
8.8Killer Lara
Gráficos8.7
Jugabilidad9
Sonido y música8.2
Historia8.8
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