análisis de Wanking Simulator

Análisis de Wanking Simulator para PC

Sí, culpables, en esta vida tiene que haber de todo, sea bueno o malo, y por eso mismo os traemos el análisis de Wanking Simulator.

¿Qué sería de nuestro aburrimiento sin los dichosos Simulator? Los hay de todos los tipos y colores. En unos podemos emular una cabra satánica, en otros ser una tostada de pan… Pero todos tienen en común que son absurdos y nos hacen perder las horas a base de carcajadas. Supongo que con esa idea nació el juego que os traemos hoy, uno en el que vamos a profundizar mediante el análisis de Wanking Simulator.

Y para los que no seáis duchos en inglés, os revelo la sorpresa: wanking significa masturbar, es decir, que estamos ante un simulador de hacerse tremebundas pajas con el pretexto de así ganar experiencia y poder emplear «magia» y otros poderes con nuestra eyaculación.

Desata el caos en el afable pueblo de Gay Bay

Aunque creamos que la premisa no va más allá de darle a la zambomba, Wanking Simulator nos mete en un desarrollo sandbox atenuado de una mínima de carga narrativa. Nuestro protagonista, un conocido exhibicionista, es encarcelado y mientras permanece cumpliendo condena, el pueblo de Gay Bay, de donde es originario, decide expropiar sus bienes por la presión de la Iglesia.

Es por ello que una vez salimos en libertad decidiremos cantarles las cuarenta. Nos desnudaremos de nuevo y con el poder que proyectamos al cascárnosla, tendremos que destruir las tranquilas vidas de los vecinos de Gay Bay. El juego nos indicará una serie de objetivos a cumplir. Estos van desde romper los bancos de la Iglesia, patear feligreses, recuperar nuestro coche futurista o prender fuego al pueblo desde un globo aerostático.

Claro está, a base de dar cera a nuestro miembro no llegaríamos muy lejos. Pero somos una especie de «super héroe» que cuanto más se la pela, más podrá rellenar sus barras de maná y eyaculación, pudiendo despertar poderes sobrehumanos con ellos. Estos van desde lanzar bolas de fuego, crear agujeros negros o disparar cañonazos de chele como si fuesen mini bombas nucleares.

Masturbarse encima de cadáveres nos dará un plus de puntos.

Un pueblo pequeño donde nos quiere pegar todo el mundo

Gay Bay no es que sea una masa de terreno super extensa. Más bien lo contrario, siendo un pueblucho con 4 casas mal contadas que podremos explorar en menos de media hora. No obstante, la actividad en el mismo es bastante notoria y mientras vamos pateando gente, nos irá subiendo un medidor de criminalidad. Cuanto más lleno esté, más policías saldrán a nuestro encuentro para pegarnos una paliza. Por tanto, veis que la acción no se para ni un segundo.

Cuanto más caos sembremos, más se enfadarán los vecinos y al final se convierte en un «rush» de supervivencia, donde buscaremos cumplir los objetivos y conseguir la mayor cantidad de puntos posible antes de que nos mate una horda interminable de NPC cabreadísimos. Aquí reside un punto de inflexión que hará que unos jugadores se piquen y quieran repetir la experiencia una y otra vez, a la par que otros se frustrarán y preferirán invertir su tiempo en ofertas más tranquilas como el Modo Creativo.

La verdad, es que ni el arsenal de magias y poderes que podemos conseguir hace que la dificultad merme ni un poquito. Ni las drogas y armas, que podemos comprar al policía corrupto con los dólares que saqueemos de los pueblerinos asesinados por nuestra mano exhibicionista, serán suficientes para aplacar a las hordas.

El Modo Historia nos dará una serie de objetivos a cumplir para poder seguir avanzando.

Bastantes modos para ir combatiendo la monotonía

De momento solo os he estado hablando del Modo Historia, por así decirlo. Sin embargo, el juego nos ofrece hincarle el diente a más modalidades algo diferentes de la campaña nuclear. Por un lado tenemos el Modo Creativo o Sandbox, donde tendremos el pueblo a nuestra disposición para experimentar con los poderes del protagonista. No perderemos salud, ni tampoco habrá que cumplir ningún objetivo. Solo eres tú y tu capacidad de crear el caos a tu paso.

Por otro tenemos el Modo Desafío. Aquí realizaremos diferentes tareas, como romper ventanas o volcar coches, mientras un cronómetro nos mete prisa y el vecindario se nos echa encima sin poder recuperar la salud perdida. No obstante, si esto no es lo nuestro, tenemos el Modo Parkour, donde tendremos que superar escenarios plataformeros mientras esquivamos balas con tiempo bala. Algo similar a lo visto en SUPERHOT pero centrado únicamente en superar plataformas.

Y por último, si lo que nos interesa es pegar hostias sin más, tenemos el Modo Arena. Aquí nos soltarán en un coliseo romano y tendremos que pegar puñetazos y patadas a todo quisqui que nos venga con la cara destapada. Conforme superemos rondas, nos irán dando poderes para amenizar la cosa, pero tampoco hay mucho más donde rascar.

Si somos capaces de reunir suficiente dinero looteando a nuestros enemigos, podremos comprar armas para liarla todavía más.

Técnicamente al nivel de los otros Simulator

Pues sí, para que os vamos a engañar, el improperio técnico es bastante grande. Texturas mas feas que la cara de la Duquesa de Alba, físicas como si viviésemos en la Luna (aunque eso hace el juego más gracioso) y animaciones que compiten con las de The Elder Scrolls IV: Oblivion.

Gráficamente no podemos salvarlo, y en lo sonoro… Bueno, las pistas musicales son muy discotequeras y amenas, aunque la biblioteca de sonidos es de lo más básico que podéis encontrar en un videojuego. Pero todo esto sería perdonable si no fuese por los atroces tiempos de carga. No exagero di os digo que cuando empecéis una nueva partida, echaréis dos minutos esperando a que se cargue la barrita de progreso. Tampoco omitiré el hecho de lo que he instalado en un HDD y seguramente en un SDD la cosa se aligeraría bastante.

En cuanto a lo jugable, el programa no ofrece nada más. Si bien el componente de repetición para mejorar marcas engancha, lo más seguro es que os acabará aburriendo antes de cumplir una hora en vuestros relojes. Y es que este un mal heredado de los demás Simulator, son tan obtusos y se desligan tanto de unas metas a seguir que una vez se acaba la gracia de armar el caos, se termina también el interés.

análisis de Wanking Simulator
Si llenamos al máximo nuestra barra de «espermoarsenal», podremos ejecutar poderes como esta corrida de semen ardiente.

Este juego no da para paja

Con este análisis de Wanking Simulator habéis podido comprobar que puede ser divertido para unas partidas rápidas de una tarde, pero ya está. Su sistema de progresión se vence ante su intento de filosofía arcade, uno que o bien frustra si no tenemos paciencia o se vuelve monótono si le damos mucha cancha. Los modos secundarios son más anecdóticos que otra cosa y tampoco mantienen a flote el interés.

Ni si quiera su humor negro, que tiene ideas muy buenas pero que se traducen en un gameplay pobre y carente de personalidad. Si en vez de fijarse en otros Simulator intentase coger la estela de Postal 2 podría haberse convertido en algo interesante.

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Análisis de Wanking Simulator para PC
Gatillazo
Aunque pudiese ser un juego de muy mal gusto para muchos, la verdad es que se corta mucho en ese aspecto para dejarnos un videojuego muy pobre en todos los aspectos. La monotonía acaba por hacerle mella hasta casi herirlo de muerte.
Cunde
Las magias y poderes que podemos ejecutar.
El nivel de caos que podemos desatar en Gay Bay.
Propone un reto mayor que otros Simulator.
No Cunde
Técnicamente atroz en todos los sentidos.
Se vuelve monótono antes de la hora de juego.
Muchos modos pero todos insulsos.
5.5
Raspado