Bad Dudes vs Dragon Ninja - Bit'em Up (LXXIII)

Aunque por esta sección ya han desfilado buena parte de los arcades más memorables de Data East ( Windjammers, Captain America and the Avengers, Street Hoop, Tumblepop, Dark Seal…), el extenso catálogo de este gran nombre de los Salones Recreativos guarda todavía varios pesos pesados en la recámara. Entre ellos el juego más redondo en toda la trayectoria de la compañía: Bad Dudes vs Dragon Ninja, o simplemente Dragon Ninja si prefieres la versión original japonesa.

Quizá los que no vivisteis en persona la época dorada de los arcades penséis que contando el curriculum de Data East con títulos tan brutales como los antes mencionados, Sly Spy, Robocop o Joe & Mac me he pasado tres pueblos con esta afirmación, pero estoy seguro de que los veteranos que allá por 1988 pasaban más horas en los recreativos del barrio que en su propia casa entenderán por qué lo digo.

Y es que Bad Dudes, al menos en mi ciudad, tuvo un éxito abrumador. Fueras al local que fueras, el mueble de Bad Dudes vs Dragon Ninja era inmediatamente reconocible por la gran cantidad de chavales que se arremolinaban alrededor, ya fuera esperando pacientemente su turno de juego o simplemente mirando.

Creedme si os digo que esta recreativa se convirtió para montones de culpables de mi quinta casi en una obsesión. Hablábamos de ella a todas horas. Nos conocíamos como la palma de la mano casi cada píxel del juego: por donde saldría cada enemigo, cuando realizar un salto, la mejor estrategia para acabar con los jefes…Todo un fenómeno que tan solo he visto repetirse con un puñado de títulos más como Ghouls’n Ghost, Final Fight, Las Tortugas Ninja o Street Fighter II.

Bien, ¿y qué tenía Dragon Ninja para impactar de esa manera tan bestial en la juventud de finales de los 80? Pues es fácil: acción sin descanso, artes marciales y, muy especialmente, NINJAS; legiones y legiones de ninjas con uniformes de diversos colores a los que machacar.

No es la primera vez que hablamos aquí del enorme tirón mediático que tuvieron los ninjas durante aquellos años. Pues bien, Bad Dudes más que aprovecharse de esta moda, realmente abusaba de ella. Todo un empacho de guerreros de la sombra que podríamos considerar como el equivalente videojueguil a tragarse de una sentada toda la filmografía de Sho Kosugi y Michael Dudikoff.

Además de esta fiebre desatada por todo lo que tuviera que ver con los ninjas, Bad Dudes tuvo a su favor  llegar en un momento en que los beat’em up estaban iniciando su meteórica explosión. Double Dragon había salido tan solo un año antes, de manera que era un género nuevo, fresco e ideal para descargar todas nuestras hormonas en ebullición.

No obstante, Bad Dudes no era un beat’em up puro y duro si nos atenemos a las bases sentadas por los mencionados Double Dragon o Final Fight. Más bien podríamos considerarlo como una fusión entre el padre de las tortas virtuales, Kung Fu Master, y Shinobi. Del primero tomaba la mecánica de avance por escenarios completamente 2D con enemigos apareciendo en masa por ambos lados de la pantalla indistintamente. Mientras que del título de Sega cogía el desarrollo de los niveles en dos alturas, ya que salvo en dos fases en que vamos montados en vehículos (un mega camión y un tren) en el resto podemos movernos entre un plano a ras de suelo y otro superior.

Si nos ponemos en plan “cultureta”, Bad Dudes es también un título bastante importante en la Historia de los videojuegos debido a que fue uno de los pioneros en algo tan básico hoy día como es terminar los niveles con un enfrentamiento contra un jefe final. ¡Y qué jefes! Desde Karnov, el gordo escupe fuego de la primera fase y protagonista de otro videojuego de Data East, hasta el mismísimo Dragon Ninja en la séptima y última, todos suponían un enfrentamiento a la altura de unos maestros en artes marciales como eran la pareja protagonista Blade y Striker. Dos personajes, sí, porque efectivamente el juego contaba con modo cooperativo.

Pero la clave del pelotazo que pegó Bad Dudes hemos de buscarla también en su cuidadísima, intuitiva y relativamente asequible jugabilidad. Parecía mentira la cantidad de golpes que se podían hacer con tan solo dos botones: puñetazos, patadas, barridos, tres tipos de patadas en salto… y, por supuesto, el inolvidable puñetazo de fuego, más conocido por la chavalería como el Yeah! (por el grito que daba el personaje al ejecutarlo). Incluso podíamos coger un cuchillo o unos nunchaku (otro icono ochentero donde los haya).

Pero lo mejor de todo es que no había combinaciones enrevesadas. Desde la primera partida uno se hacía perfectamente con los controles y cualquier jugador no excesivamente “tullido” podía llegar tras unas cuantas partidas hasta la quinta o incluso la sexta fase. Eso sí, para alcanzar y superar la séptima fase en que nos teníamos que enfrentar de nuevo a todos los jefes finales antes de vérnoslas con el Dragon Ninja ya había que estar hecho de otra pasta.

Obviamente esta flipaera que llevábamos con Bad Dudes nos llevó a comprar sin dudar las conversiones que, como no podía ser de otra manera, no tardaron en llegar a casi todas las plataformas del momento. Por desgracia, la mayoría de estos ports fueron una auténtica basura. Ni siquiera las versiones para Atari ST y Amiga dieron la talla, siendo probablemente la de NES la única medianamente potable.

En fin, nostalgia desatada, mitificación del pasado… Llamadlo como queráis, pero hay juegos que son “mágicos”. Mágicos porque su sola mención te evoca sensaciones que van mucho más allá de lo que era el videojuego en sí mismo, y de ahí su importancia. Para mí, Bad Dudes vs Dragón Ninja es uno de esos juegos. Por encima de lo meramente técnico o jugable, este título es sinónimo de momentos imborrables, por lo que volver a jugarlo estos días ha sido como reencontrarse con aquel viejo amigo con el que fuiste uña y carne pero con el que perdiste contacto hace muchísimo tiempo.

Si para ti este arcade también significa algo especial, ya sabes lo que hay que hacer, sigues siendo lo suficientemente malo como para rescatar al presidente Ronnie del ejército del Dragon Ninja.