BitBack - Defender of the Crown

Hay veces en que un juego, a pesar de ser multiplataforma, acaba indisolublemente unido a la historia de un sistema concreto. Es el caso de Defender of the Crown, joya de la corona del veterano estudio Cinemaware y que, a pesar de haber sido lanzado a lo largo de los años para casi cualquier máquina que pudiera usarse para jugar a videojuegos, siempre será recordado por su versión original para el ordenador de 16 bits Commodore Amiga. De hecho, podría decirse que Defender of the Crown fue el primer juego que demostró al mundo, allá por 1986, el increíble potencial de esta plataforma.

Para los que por aquel entonces ni siquiera habíais nacido o erais pequeños cachorros culpables, entiendo que resulte casi imposible, viendo las capturas y vídeos que acompañan al texto, asimilar la idea de que Defender of the Crown fuera un título que dejara en su momento a medio mundo babeando ante sus impresionantes gráficos, pero lo cierto es que así fue; y precisamente esta versión de Amiga es, de todas las lanzadas para sistemas clásicos, la que alcanzaba una mayor calidad visual y sonora.

Básicamente, Defender of the Crown era un juego de estrategia por turnos similar a Risk y ambientado en la Inglaterra medieval. No obstante, no se trataba de un juego que buscara la fidelidad histórica, sino que utilizaba el marco temporal de las luchas por el poder entre normandos y sajones en la Inglaterra del siglo XII para desarrollar una trama muy simple que más que en la realidad se basaba en leyendas como la de Robin Hood y en novelas como Ivanhoe.

 

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Nos encontramos en el año 1149. Inglaterra se encuentra sumida en el caos. El rey Ricardo I ha sido asesinado en misteriosas circunstancias y nosotros, encarnando el papel de uno de sus más fieles vasallos sajones, debemos asumir la ardua tarea de unificar el reino y expulsar a los odiados invasores normandos.

Al inicio tenemos que escoger entre cuatro señores sajones (cada uno con diferentes parámetros en los valores de liderazgo, manejo de la espada y habilidades como justador), teniendo que vernos las caras contra otros cinco señores feudales (dos sajones de entre los que no escojamos y tres normandos).

El mapa de juego se divide en 19 demarcaciones territoriales, cinco de ellas se corresponden con la sede de cada señor en liza (asignada aleatoriamente), 13 se encuentran inicialmente sin dueño y la última, el bosque de Sherwood, queda como guarida de Robin Hood, aliado nuestro y al que podremos pedirle ayuda en tres ocasiones.

A partir de ahí, cada turno de juego se corresponde con un mes del calendario. Al inicio de cada uno se nos “ingresan” los impuestos recaudados en los territorios bajo nuestro dominio. Cuantos más territorios dominemos, más impuestos recaudamos. Cuanto más oro haya en nuestras harcas, más cuantioso y poderoso podremos hacer nuestro ejército. Y cuanto más numerosas sean nuestras filas, más fácil será acabar con los señores rivales. Conclusión: para triunfar debemos mantener una actitud conquistadora y beligerante desde el principio.

Cuando ataquemos un territorio controlado por otro noble o viceversa se desarrollará una batalla en la que nuestras posibilidades de interacción son bastante escasas. La cosa se vuelve más interesante si en el territorio atacado hay un castillo, ya que entonces, en una de las escenas más espectaculares del juego, tendremos que destruir sus murallas a base de lanzarles piedras con nuestra catapulta. Conforme mayor sea la brecha que podamos abrir en la muralla, más posibilidades tendremos de que nuestras fuerzas salgan victoriosas.

Sin embargo, hay que reconocer que Defender of the Crown como juego de estrategia es bastante simple si lo comparamos con otros grandes exponentes del género. Nuestras huestes se componen de soldados de a pie, caballeros, catapultas y se acabó; y solo podemos construir un tipo de fortificación.

Aparte de adquirir tropas, gestionar las guarniciones que dejamos defendiendo cada territorio y dirigir al ejército en campañas de conquista, las opciones disponibles en cada turno de juego eran bastante escasas y básicamente se reducían a dos: convocar un torneo y organizar una incursión dentro del castillo de un lord enemigo para saquear su cámara del tesoro.

Ambas opciones se plasmaban en forma de minijuegos que, si bien resultaban completamente desastrosos desde el punto de vista jugable, eran los momentos en que el juego resultaba más impactante a nivel visual (especialmente los torneos). Por supuesto, los demás señores feudales controlados por la CPU también podían convocar torneos o mandar bandidos para robarnos la mitad de los impuestos recaudados en un turno.

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La espada no era la única forma de conseguir el control de territorios pues, algunas veces, otro señor sajón podía ofrecernos sus tierras y la mano de su hija a cambio de rescatar a la doncella en cuestión de las garras de algún perverso lord normando. Igualmente, en los torneos se nos ofrecía la posibilidad de justar solo por la fama o de apostarnos territorios con otros contrincantes; algo no muy recomendable dado que descabalgar a nuestro oponente era más fruto de la pura suerte que de nuestra habilidad con los controles.

Ciertamente, Defender of the Crown es uno de esos casos en la historia del videojuego en que una fachada gráfica espectacular para su tiempo es capaz de tapar completamente las enormes carencias del juego en el resto de sus apartados. Ya hemos dicho que como juego de estrategia era realmente limitado, y la absoluta carencia de lógica jugable de los minijuegos acababa provocando que quisiéramos evitarlos a toda costa. No ayudaba tampoco mucho la escasa dificultad, ya que casi cualquier jugador podía completarlo fácilmente en pocas partidas.

Es cierto que en los ports del juego para PC, Atari ST o Game Boy Advance se pulieron un poco estas deficiencias (al menos los minijuegos se hicieron medianamente jugables) y se añadieron algunas opciones (como bolas de fuego o enfermedades en las escenas del sitio al castillo) pero en general todo lo dicho se puede aplicar a la mayoría de versiones del juego.

En cualquier caso, Defender of the Crown, gracias a su impresionante apartado gráfico inspirado directamente en la visión romántica de la Edad Media del cine de los años 50 (El Halcón y la Flecha, Ivanhoe, La Rosa Negra, Los Caballeros del Rey Arturo…), consiguió robarnos completamente el corazón a miles de jugadores que habíamos crecido viendo ese tipo de películas de aventuras. Y ya se sabe lo que pasa con los primeros amores: no se les ven los defectos y nunca se olvidan.