BitBack: Streets of Rage | GuiltyBit

Streets of Rage es el claro ejemplo de por qué los beat’em up se convirtieron en el género favorito de los salones de nuestras casas y de los salones recreativos. Vale que había títulos de este género a patadas, pero de vez en cuando salía alguno que ensombrecía a los demás: jugabilidad, ambientación, música… o seguramente una mezcla de todo, pero había algo que los diferencia del resto.

Mega Drive y su potencia de 16 bits fueron las culpables de que descubriésemos este juego, enganchándonos a él sin remedio, convirtiéndose desde ese ya lejano 1991 en todo un referente de los juegos de “yo contra el barrio”. Y eso que si nos ponemos a analizar punto por punto concienzudamente tenemos que reconocer que puede que en ciertos aspectos fuera más de lo mismo, pero debemos ser sinceros y también hemos de reconocer que tenía un algo que le otorgaba un toque muy especial.

A pesar de tratarse de un juego de acción pura y dura, en el juego nos encontrábamos con un pequeño y liviano argumento que más que como hilo conductor, nos servía como excusa para saber por qué los personajes saltaban a la calle para partirse el morro con el primero que se les cruzase por el camino. Pues bien, la historia nos sitúa en una ciudad cuya ambientación está a medio camino entre el cyber-punk y el ambiente post-apocalíptico. Una banda criminal controla toda la ciudad, incluida la policía, y siembra el terror donde y como quiere sin ningún tipo de preocupación. Y claro, de toda esta situación surge un pequeño grupo de jóvenes policías que se han hartado de todo y se embarcan en la aventura de acabar con el crimen que asola a su ciudad por su propia cuenta. En resumen, lo que viene siendo un argumento típico de los 90 totalmente válido para videojuegos, películas o lo que sea.

Streets of Rage

Ojito a las aficiones de los protagonistas, que hay un par que no tienen desperdicio.

El apartado gráfico fue mejorado notablemente con cada nueva entrega que se publicó llegando a su punto álgido en Street of Rage 3, pero aún así hay que reconocer el gran trabajo realizado en la primera entrega. Puede que la variedad de enemigos sea lo único que se puede reseñar como algo negativo, pero al fin y al cabo es algo típico del género, ya que en el mejor de los casos la variedad de estos se fundamenta en el cambio del patrón de colores de un enemigo a otro.

Durante el juego nos encontraremos con los típicos elementos desperdigados por los escenarios y que podremos destrozar para obtener varios tipos de power-ups que nos ayudarán a seguir avanzando. Comida para recuperar energía, dinero que nos dará más puntos al final de cada nivel o incluso distintos tipos de objetos que podremos usar como armas. Estos mismos escenarios fueron mejorados también con cada nueva entrega, y no sólo en lo gráfico, ya que también ganaron en extensión y en variedad.

Y algo fundamental en este tipo de juegos es sin duda el multijugador, o como se solía llamar por aquel entonces, el juego a dobles. Si ya de por sí este juego tenía las garantías para atrapar al público en el modo de juego solitario, las cotas de diversión con un segundo jugador se elevaban a la máxima potencia. A los típicos piques que podían surgir del “a ver quién coge primero ese power-up, se le añadían otras características tales como la posibilidad de realizar ataques colaborativos. Del mismo modo que podíamos agarrar a los enemigos para paralizarlos e infringirles más daño, también podíamos agarrar a nuestro compañero para realizar un pequeño ataque especial. Aunque esto también podía generarnos problemas ya que al agarrar al otro jugador también podíamos atacarle, y es que en este juego con encontrábamos con esa maravillosa opción rompe-amistades del fuego amigo. Así es, si nos equivocábamos podíamos atacar y reducir la vida de nuestro aliado.

Streets of Rage

Y como todo lo que podamos decir sobre este juego se quedaría corto sólo puedo deciros que corráis, que corráis como si hubiese mañana para intentar haceros con este clásico de SEGA y podáis experimentar por vosotros mismos por qué es uno de los mejores beat’em up habidos.