BitBack - Thunder Force IV

En una época en que los videojuegos parecen haberse convertido en otro producto de consumo rápido y en que hasta las supuestas superproducciones pasan por nuestras consolas sin pena ni gloria y sin dejarnos huella alguna, es cuando se hace más necesario recordar a los clásicos que marcaron nuestro corazón culpable. Aquellos juegazos que, como los buenos vinos, parecen mejorar con el paso del tiempo. Es por ello que, después de una temporada “fuera de juego”, BitBack regresa con las pilas bien cargadas y con la firme intención de seguir convertiendo vuestras tardes de domingo en un nostálgico y pixelado viaje a la época dorada de los videojuegos.

Y qué mejor elección para este viaje inaugural que Thunder Force IV, principal exponente de la mítica saga de shoot’em ups creada por Techno Soft y uno de los mayores símbolos del momento cumbre que vivió Mega Drive a principios de los años 90.

Una de las intros más cañeras que se recuerdan en la historia del videojuego (ojito con este remake) servía para abrir boca a todo un espectáculo de acción a la velocidad del relámpago y virtuosismo técnico pocas veces igualado por cualquier otro matamarcianos durante la era de los 16 bits; y solamente superado, en mi opinión, por Blazing Star de Neo Geo. Y este tema de la velocidad es especialmente destacable en la versión PAL, que aún funcionando a 50Hz fue adaptada para funcionar a la misma velocidad que las versiones NTSC. Lástima que no se hiciera el mismo trabajo con la resolución y en PALetolandia tuviéramos que comernos las habituales franjas negras.

El caso es que Thunder Force IV no era un juego especialmente novedoso. Con leves retoques, Techno Soft utilizó exactamente la misma fórmula que con el también magnífico Thunder Force III; si bien el hecho de utilizar en esta ocasión un cartucho de ocho megas en lugar de cuatro le permitió mejorar enormemente dicha fórmula en todos sus apartados técnicos.

Y es que cada fase de Thunder Force IV es una verdadera delicia: ambientaciones totalmente diferenciadas para cada una, sprites de tamaño más que considerable, elevado número de elementos en pantalla, incontables planos de scroll… Es cierto que en los instantes de mayor sobrecarga gráfica se producen ralentizaciones, aunque estas no resultan demasiado abundantes ni molestas, de manera que podríamos considerarlas como un pequeño precio a pagar a cambio de tal derroche de calidad. No obstante, si sois bastante sibaritas en este tema, os recomiendo jugar a la versión del juego incluida en el recopilatorio Thunder Force Gold Pack 2, lanzado para Sega Saturn en 1996 y en la que se corregía totalmente este defectillo.

La existencia de bastantes tipos de armas distintas (algunas nuevas y otras repescadas de Thunder Force III) y la posibilidad de regular la velocidad de desplazamiento de nuestra nave Fire LEO-04 “Rynex dotan al apartado jugable de una riqueza y complejidad que va más allá del típico esquivar y machacar botones de otros matamarcianos.

Lo mismos niveles excelencia pueden apreciarse en su banda sonora, posiblemente la mejor del sistema con el permiso de las de los Sonic y los dos primeros Streets of Rage. Era tan buena que resultaba imposible apagar la consola sin volver a escuchar de nuevo algunas de sus pistas en el test de sonido incluido en el menú de opciones (bendita salida de auriculares del primer modelo de Mega Drive).

 

Aunque contaba también con composiciones más tranquilas, esta banda sonora siempre quedará en la memoria colectiva por sus contundentes temas Heavy Metal y guitarreros que se adaptaban a la perfección al ritmo y la ambientación de cada fase y momento. Comentar también como curiosidad que una vez finalizado el título se desbloqueaban en el mencionado test de sonido otros diez temas, llamados omakes, que no aparecen en el juego.

A modo de conclusión, y como mencionaba Hobby Consolas al analizar el juego en su número de enero de 1993, Thunder Force IV no es un matamarcianos, es EL MATAMARCIANOS. No solo estamos ante uno de los pesos pesados del catálogo de Mega Drive, sino ante uno de esos pocos títulos capaces de elevar el género al que pertenecen a la categoría de arte.