Condenados al Olvido - Vanquish

Al contrario de lo que puedan decir desde Kojima Productions, es evidente la profunda crisis en que ha entrado la industria japonesa del videojuego en esta generación. Dentro de este panorama general de mediocridad de la escena nipona, una de las pocas desarrolladoras que han brillado con luz propia ha sido Platinum Games -fundada por exmiembros del desaparecido Clover Studio de Capcom– cuyas obras cargadas de intensidad y dinamismo han traído un soplo de aire fresco a géneros en los que parecía que estaba todo inventado. Un buen ejemplo de esto es Vanquish que, al igual que hizo Bayonetta con el Hack’n Slash, supuso una auténtica revolución dentro de la acción en tercera persona.

Si tuviéramos que definir a Vanquish, podríamos decir que se trata de una mezcla entre la intensidad y el ritmo frenético de grandes arcades como Contra o Silent Bomber y las mecánicas jugables de los shooters en tercera persona con coberturas de esta generación; todo ello aderezado con una buena dosis del gusto nipón por los mechas y los guerreros con armadura futurista. El resultado es un explosivo cóctel de acción y velocidad que, a pesar de no tener un sabor novedoso u original, supondrá un increíble chute de su medicina favorita para todos los maníacos de la acción.

Si decimos que no es una mezcla original es porque Vanquish cae en todos los típicos clichés de los juegos de acción: argumento sencillo y predecible, protagonista más chulo que un ocho (tanto, que es capaz de fumarse un cigarrillo como si tal cosa mientras alrededor se desata el infierno), regeneración automática de salud, campaña corta… ¿Significa esto que estamos ante otro pastiche clónico de Gears of War? ¡¡Para nada!! El equipo de Vanquish, con el conocido Shinji Mikami a la cabeza, supo encontrar la fórmula perfecta para encajar los elementos más tópicos con otros “marca de la casa” para conseguir un producto redondo que eleva el género hasta cotas nunca vistas. 

Con Vanquish, los conceptos de acción y espectacularidad cobran un nuevo sentido. Las posibilidades del traje especial ARS (Armadura de Reacción Aumentada) que lleva el protagonista, Sam Gideon, nos permiten desplazarnos a la velocidad del rayo gracias a los propulsores que lleva incorporados en las piernas así como ralentizar el tiempo durante unos instantes para escapar de los ataques o disparar con precisión al punto débil de los enemigos. La ejecución de estas habilidades está perfectamente implementada y el control resulta muy sencillo de manera que incluso los jugadores menos experimentados podrán estar haciendo virguerías en poco tiempo.

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La sensación de “guerra total” que ofrece Vanquish es una de las mejores que he visto en ningún videojuego. Las balas silban por todas partes y las explosiones de misiles y lásers llenan el escenario. Un ritmo endiablado que hará que mejor os olvidéis de aguantar cómodamente escondidos mientras vais acabando uno a uno con los enemigos. Aunque en Vanquish las coberturas existen, éstas sólo ofrecen una seguridad momentánea ya que si nos quedamos quietos más de lo justo no tardaremos en caer víctima de un bombardeo o de un ataque cuerpo a cuerpo. Y es que Vanquish es como una desenfrenada montaña rusa de 5-6 horas de duración cuyo tempo no decae más que los segundos necesarios para recuperar un poco el aliento y que tiene como puntos álgidos las increíbles luchas contra los jefes finales. Estos bosses no sólo destacan por su magnífico diseño sino también por su aparentemente inagotable catálogo de recursos ofensivos.

La acción sin descanso y el ritmo frenético, aparte de ser la columna vertebral sobre la que se sostiene el juego, cumplen la doble función disimular los escasos defectos técnicos que podemos achacarle. Todo transcurre tan rápido que es difícil darse cuenta de la reutilización de algunos escenarios o de la escasa variedad e Inteligencia Artificial de los enemigos –aunque compensan estas carencias con su elevadísimo número-.

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No obstante, las críticas más fuertes le vinieron a Vanquish por el tema de su duración. Como hemos apuntado antes, la campaña principal puede terminarse en 5-6 horas y el juego no cuenta con ningún modo online que permita alargar un poco más la experiencia. Sin embargo, aunque reconozco que en el momento de su salida resultaba un poco descabellado gastarse 60€ en un juego que te dura una tarde, pienso que esta cuestión de la duración no es algo que se le pueda criticar ya que Vanquish es, en esencia, un arcade y por tanto no se debería valorar su longevidad en función de las horas que tardas en terminártelo, sino que deberían entrar en juego otros factores como la rejugabilidad (bastante alta por cierto) o la superación de las puntaciones.

Resumiendo, Vanquish es una sobredosis de adrenalina que hará las delicias de los más hardcore. No estamos hablando de un “tapado”, sino que Vanquish es EL TAPADO. Toda una apoteosis técnica y jugable que lamentablemente quedó lastrada por su escasa duración, falta de modo online y por la pesadísima losa que suponen otros títulos con mucho mayor tirón mediático.

De todas maneras, por muy largo que fuera este reportaje, no podríamos explicar con precisión el cúmulo de sensaciones que produce jugar a Vanquish. El tiempo y el olvido han hecho que ahora pueda conseguirse a precio de risa (incluso los suscriptores de PlayStation Plus pudieron descargarlo gratuitamente en diciembre del año pasado) por lo que el hándicap de la duración ya no es excusa para disfrutar de esta obra maestra.

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