Crítica de Twin Peaks 3x08, la grotesca televisión de David Lynch

David Lynch se ha superado a sí mismo. Es imposible saber si el último capítulo emitido es lo mejor que se ha visto en la televisión o si, por el contrario, es una tomadura de pelo. Así es Twin Peaks.

No os voy a engañar. Intenté hacer este texto tras finalizar el capítulo en su emisión en directo, pero me fue imposible. La crítica de Twin Peaks 3×08 me ha quitado varios meses de vida al intentar entenderla. Lo que no tengo todavía nada claro es si el episodio es lo mejor que se ha hecho en toda la historia de la televisión o si en realidad es una tomadura de pelo considerable.

Decir que David Lynch es grotesco a estas alturas no es descubrir nada. Los primeros episodios de esta temporada extra de Twin Peaks nos los dejaron bien claro. Así como su total filmografía. Sin embargo, el último capítulo me ha cogido con el pie cambiado. No recuerdo haber presenciado algo similar en muchos años.

Visualmente es un prodigio. Lynch mezcla técnicas de todo tipo e imágenes realmente potentes. La mayoría de ellas en un espectacular blanco y negro. El motivo de esta elección es que, si la memoria no me falla, por primera vez asistimos a un flashback en la serie. El capítulo comienza en el presente, pero muy pronto la “acción” nos traslada a los años 40 y 50.

Crítica de Twin Peaks 3x08

La trama parece no avanzar, pero a falta de saber lo que ocurre realmente en los primeros minutos, en realidad puede que haya dado un paso gigante en comparación con los episodios anteriores.

Sin embargo, tras un inicio en el que parecía que iba a pasar de todo e íbamos a tener muchas respuestas, Lynch se pierde en una maravilla visual en la que intenta explicar, supongo, el nacimiento de Bob, el mal que asola la población.

Crítica de Twin Peaks 3×08, Bob camina por primera vez

Porque Bob es realmente el protagonista absoluto de este relato sin apenas diálogo. Durante muchos minutos nos perdemos en fascinantes y en muchos momentos abstractas imágenes en el que podemos ver desde la primera explosión nuclear en 1945 hasta un castillo de la nada en el que reaparece nuevamente el misterioso gigante (incluso un instante de Laura Palmer).

También asistimos a un grotesco final, durante 1956, en un pueblo a lo Twin Peaks, pero que no es Twin Peaks, y que no tenemos ni idea de lo que nos están contando. Vemos lo que ocurre, pero no podemos hilarlo con nada a simple vista.

Personajes extraños, situaciones estrafalarias. Lo normal es que durante los próximos episodios hubiera un atisbo de explicación. Pero sabiendo cómo es Lynch, sería mucho pedir. Por lo que nos quedaremos con la interpretación que quiera darle cada uno.

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