Crítica de Twin Peaks 3x11, Fuego Negro camina conmigo

Es el momento de decirlo. La tercera temporada de Twin Peaks está siendo un hito de la televisión, pero los habitantes del pueblo son idiotas sin remedio.

Twin Peaks se está convirtiendo en historia de le televisión. Una historia para todos los que admiramos a David Lynch. Hace ya varios capítulos que los que esperaban ver una serie tradicional se han bajado del carro. Si llegaron al episodio 8 con dudas, no han pasado de él. Sin embargo, en la crítica de Twin Peaks 3×11, ha llegado el momento de decirlo: los habitantes del pueblo son idiotas. O están idiotizados.

Los personajes clásicos de la serie tenían serios problemas. De eso no hay duda. Hacían el ridículo constantemente y lo del buen comportamiento se lo pasaban por el forro de sus deseos. Sin embargo, del primero al último, nadie podía decir que no tenían cierto carisma. Precisamente de lo que carecen los nuevos vecinos de Twin Peaks.

Incluso los originales parece que se han contagiado. Las dos chicas de la cafetería Doble R, con minutos en este último capítulo, son un fiel reflejo. Poco queda de la Shelly de la serie original, pero Norma se ha convertido en una señora mayor que está todo el día haciendo cuentas sentada en el mismo lugar. Bobby parecía más inteligente, pero en este capítulo también se ha idiotizado al máximo. Se confirma, por cierto, que la pareja Shelly y Bobby tienen una hija en común.

Crítica de Twin Peaks 3x11

Crítica de Twin Peaks 3×11, idiota maximus

Debe ser que la situación de idiota maximus del agente especial Cooper se ha contagiado por los alrededores. Ya he tirado la toalla y no creo que vaya a despertar hasta el último capítulo. Si es que lo hace. Aunque la trama, poquito a poquito, avanza hacia esa dirección. Por el momento, el personaje se libra de todos los problemas de Dougie Jones con grotescas soluciones procedentes de la siempre presente Logia Negra.

El capítulo de nuevo muestra también a los mendigos barbudos (que yo llamo bobitos) que tan mal rollo llevan allá donde aparecen. Lynch juego consigo mismo en una escena surrealista de su estilo y apunta una dirección en el mapa donde el mal permanece intacto.

En Twin Peaks el único que parece medio alerta es el ayudante Hawk. Parece haber localizado el punto exacto donde ayudar al agente Cooper (o eso se da a entender). Un peligroso paraje donde se concentra el Fuego Negro. Nuevo elemento terrorífico introducido en la serie. Todo apunta que será el nexo de unión de todos los personajes. Los dos Coopers por un lado, la autoridad de Twin Peaks, por otro, y, finalmente, Gordon, Albert y compañía.

Mientras tanto, el pueblo (y la serie original) sigue mostrando una ristra de personajes que cada vez da la impresión de estar de relleno. No parece que vayan a jugar ningún papel en la trama principal. Solo acuden para crear alboroto. Para que Lynch se luzca y se divierta con su peculiar forma de contar historias. Si no, que alguien me diga para qué vale la historia de los dueños del casino de Las Vegas.

Crítica de Twin Peaks 3×11, conclusiones

No confundáis esta crítica con hartazgo. Twin Peaks sigue su brillante recorrido semanal. Aunque es entendible que existan personas que la serie no sea para ellos. Estoy seguro que esas personas no buscan historias tradicionales, pero también tengo claro que Lynch se ha pasado girando la tuerca en esta ocasión. Eso sí: los fans del cineasta nos lo estamos pasando en grande.

En el capítulo número 11 Twin Peaks tiene más protagonismo. Van a ser ellos, los vecinos, los que solucionen el problema de Cooper. En cuanto este llegue, veremos de qué manera, al pueblo. O a la nueva localización cercana a sus frondosos bosques. Los que siempre han conseguido aterrorizarnos. Eso no ha cambiado.

Conoce más de la tercera temporada de Twin Peaks en la siguiente página.

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