Disgaea 4: A Promise Revisited - Análisis PS Vita

Si a un novato como yo en el género de los tactics le ponen por delante un juego como Disgaea 4: A Promise Revisited lo más probable es que se le crucen el cable azul y el cable rojo y se colapse. Pero cuando detrás de esta franquicia está el nombre de Nippon Ichi Software, como mínimo hay que darle una oportunidad, y es que este peculiar equipo se caracteriza por darle un gran sentido del humor a todos sus trabajos, lo que al menos en ese sentido, siempre garantizan diversión. Pero claro, estamos hablando de videojuegos, no de películas, así que hace falta algo más. ¿Lo tiene Disgaea 4?

ARTÍCULO ANÁLISIS disgaea 4

Soul Sacrifice, Demon Gaze, Persona 4 Golden, Danganronpa, el reciente Sword Art Online… Está claro que a pesar del parco catálogo de PS Vita en cuanto a AAA occidentales, la cantidad de juegos de gusto nipón para la portátil de Sony es, como poco, extenso y variado, porque la aceptación que tiene la consola en el país del Sol Naciente no tiene nada que ver con lo que vemos por estos lares. Sin embargo, hay un género que no ha tenido tantos representantes, o al menos de peso, y es el de los SRPG. Hasta ahora, amigos, porque nos llega un port del Disgaea 4: A Promise Unforgotten que vio la luz en PlayStation 3 hace ya tres años. Pero ojo, nada de un port tal cual, sino uno con un montón de mejoras y nuevo contenido.

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El protagonista de Disgaea 4: A Promise Revisited es Valvatorez, un vampiro antaño tiránico que tras una promesa, toma la decisión de quitarse de la sangre humana y basar su alimentación en… sardinas, cuyas propiedades nutritivas nos explica recién comenzado el juego. Omega 3 y esas cosas… Así que ya desde el principio se nos deja claro el humor alocado marca de la casa del que hace gala este título. Por si esto fuera poco, Valvatorez ahora se dedica a amaestrar a los Prinnies, almas perdidas del mundo de los humanos que al llegar al Inframundo (NetherWorld) toman la forma de un pingüino de color azul. Junto a nuestro protagonista estará Fenrich, un licántropo que hace labores de mayordomo o ayudante, y el cual oculta sangre humana entre los pescados para que Valvatorez vuelva a ser el malvado que fue una vez. Todo muy loco.

Un montón más de personajes secundarios totalmente disparatados completan una historia en la que el Gobierno del mundo exterior inicia una política de exterminación de Prinnies ante la superpoblación de estos, a lo que Valvatorez y su grupo, evidentemente, se oponen. A partir de aquí se nos presenta una trama contada de manera brillante y muy divertida, con escenas y diálogos descacharrantes que se intercalan entre la verdadera miga del juego: las batallas tácticas. Además, esta versión incluye la trama secundaria Desco & Fuuka Show, que cuenta como ambos personajes principales viajan al pasado, y un capítulo exclusivo, Nagi Clockwork Time Leap, en el cual tendremos como objetivo prevenir una guerra. Como queda claro, la cantidad de horas de juego no es el punto flojo de este título, precisamente…

Disgaea 1

Bueno, esto es un tactics, y como tal, ya sabemos como funcionan las batallas, y para los neófitos del género, que sepan que principalmente se trata de combates sobre escenarios cuadriculados con una buena cantidad de personajes en pantalla con sus armas, niveles, habilidades, etc… Suena sencillo, ¿verdad? Ojalá lo fuera tanto… O no, porque si de algo puede presumir este Disgaea 4: A Promise Revisited es de una gran complejidad en su sistema de batalla, pero también de una excelente curva de dificultad, gracias a la cual no notaremos cambios bruscos en el nivel de exigencia de los encuentros. Eso sí, conviene estar más que atento a los tutoriales (en inglés), porque si no, nos encontraremos más perdidos que un pulpo en un garaje. O una sardina…

Y no es sencillo porque dentro de cada combate entran en juego un montón de variantes, como los Geo-Blocks (que cambian las propiedades de las cuadrículas donde nos situemos), las fusiones entre monstruos, los Magic-Change entre monstruo y humano, los diferentes niveles de altura, y un largo etcétera, que hace que este juego no sea especialmente recomendado para novatos, a no ser que tengan una gran capacidad de concentración durante los mencionados tutoriales. Esto tiene algo bueno, o muy bueno, y es conseguir que a pesar de lo aparentemente limitado del género (no dejan de ser combates tácticos), se nos incite a seguir jugando a base de hacernos querer ver qué desafíos se nos presentan a continuación.

Y digo aparentemente porque no solo de batallas vive Disgaea 4: A Promise Revisited. A lo largo de la historia de esta franquicia, se han incluído mecánicas distintas para hacer de cada entrega algo más variado que la anterior, y esta no es la excepción, implementando en este caso el tema político. Esto consiste en convocar senados a costa de un gasto de maná para conseguir ventajas como aumentar valor de objetos o características de personajes, cambiar algunas reglas a nuestro favor o, si la cosa sale bien, incluso añadir miembros a nuestro grupo en forma de nuevos personajes o monstruos. Como es habitual en todo el juego, este tema es realmente complicado de dominar de veras, tal vez demasiado. Además entran en juego los sobornos, si los miembros del Senado no están muy a nuestro favor…

Disgaea 8

Y aunque parezca mentira, todavía hay más. Tenemos la Cam-Pain, otro escenario cuadriculado en el que situar a nuestros personajes y que según avancemos irá aumentando en tamaño. Este Cam-Pain consiste en ir colocando objetos conocidos como Evil-Symbols para aumentar la afinidad entre nuestro grupo, haciendo que si varios de ellos están bajo la influencia del mismo Evil-Symbol, sus ataques en forma de combo sean más poderosos, o se añadan puntos extra a algunos de sus parámetros. Una locura. ¡Y ahí no termina la cosa! Además tenemos el Item-World y el Chara-World, ambos mundos con retos específicos en los que mejorar nuestros objetos o personajes respectivamente hasta límites insospechados. Mucha tela.

En definitiva, con Disgaea 4: A Promise Revisited tenemos un tactics enorme en contenido y posibilidades (mucho, mucho más que el original) y diversión, metido en el frasco de Nippon Ichi, con todo lo que eso conlleva: un gran sentido del humor y una historia que engancha. La complejidad y originalidad de sus mecánicas hacen que además jugablemente sea no solo un reto, sino un título en el que contínuamente se prenden nuevos trucos o recursos para salir victorioso de sus numerosos combates, con lo cual, nos queda un juego desde luego imprescindible para fans del género, pero un pelín áspero para quienes se quieran iniciar en él. Eso sí, con un poco de paciencia y concentración (y cierto nivel de inglés), este juego se convierte en vicio en estado puro.

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