Dragon's Dogma: Dark Arisen - Análisis PC

Ya han pasado 3 años desde que Capcom nos pillara desprevenidos en consolas con Dragon’s Dogma, su nueva IP de rol. A pesar de haber llovido lo suyo desde entonces, los jugadores de PC no habíamos podido catar esta aventura hasta principios de este año, en el que el juego llegó a ordenadores bajo el nombre de Dragon’s Dogma: Dark Arisen, versión que toca analizar en el día de hoy.

Saca tu espada y vámonos de aventuras

La historia en la que nos sumerge Dragon’s Dogma tiene un arranque que a los fans de los mundos de fantasía medieval no debería de parecerles extraño: un dragón ataca nuestra aldea, nos maldice y de paso se lleva nuestro corazón, dejándonos así con la obligación de ir a reclamarle nuestro órgano, y, ya de paso, ganarnos unos cuantos fans en el pueblo dándole fin a la vida de dicha criatura. Si a todo ello le sumamos el ingrediente de que descubrimos que somos un Arisen, o en el idioma de Dragon’s Dogma, un guerrero que parte la pana y al que le une con el dragón los lazos del destino.

Dejado de lado la historia, la cual ya os advertimos que no es el plato principal del juego, nos encontramos con un RPG más que interesante donde el protagonismo recae en los hombros de la acción, algo que se nota con solamente ver el esquema de controles, y es que con variar entre los botones LB y RB del mando de Xbox podemos convertir nuestros ataques fuertes y débiles (Y y X) a otros cuatro habilidades distintas que pueden beneficiarnos contra enemigos aéreos, atraer hordas enemigas hacia nosotros o demás situaciones. A esto hay que añadirle que las peleas son frenéticas y rápidas, por lo que gracias a esta variedad de ataques y la posibilidad de bloquear tenemos como resultado unos combates contundentes y entretenidos.

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Y si esto no os ha llamado la atención esperad a ver a los enemigos de mayor tamaño, quienes nos permitirán agarrarnos a ellos para treparlos y clavarles nuestras armas, algo que si bien no llega a la epicidad de Shadow of the Colossus sí que nos brinda alguna que otra escena digna de recordar, como puede ser la batalla contra la quimera o la hidra.

Como suele ser habitual en los RPG, Dragon’s Dogma no solamente nos permite editar al personaje con el que jugamos, sino que nos da la opción de elegir entre tres vocaciones (o clases para entendernos mejor) diferentes: luchador, centrado en espadas y escudos; strider, que deja su acción en las dagas y el arco y mago. Más adelante en la historia se nos da la oportunidad de mejorar nuestra clase o bien combinarla con una de las otras dos restantes, por lo que la variedad no queda tan corta como al inicio del juego.

Donde caben dos caben tres

No obstante, no todo el peso de la acción cae en nuestras manos, ya que a lo largo del juego nos acompañarán los Peones, unos compañeros de armas que seguirán nuestras acciones y nos ayudarán en nuestro periplo, pudiendo estar nuestro grupo acompañado de hasta tres de ellos. Si bien solamente se les puede dar tres órdenes y tan sencillas como las de seguirnos, que se queden quietos o avancen, su utilidad queda a la hora de su experiencia en combate, ya que de esta manera aprenderán a cómo enfrentarse a cada oponente de la forma más idónea posible. Además, una de las claves es saber combinarlos, ya que cada Peón cuenta con una de las tres clases principales distintas, por lo que a la hora de enfrentarnos a cada situación toca reflexionar sobre qué refuerzos nos vendrán mejor.

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Por lo demás tenemos el resto de ingredientes que suelen dejarnos los juegos del género: misiones a completar en variedad de escenarios, armas y ropajes para equipar a nuestro pelotón, niveles de experiencia… Y por si fuera poco, el sobrenombre de Dark Arisen hace referencia a que el juego incluye todos los DLC publicados y dicha expansión, la cual nos lleva a un nuevo área con el que ampliar todavía más el tiempo de juego.

¿Pegas? Pues alguna tiene, sí

Por desgracia, no todo es bueno en Dragon’s Dogma, ya que técnicamente se ha mejorado respecto a las versiones de consola, sobre todo porque han eliminado las barras negras de los laterales y la velocidad de refresco ha sido elevada a los 60fps, pero en lo que se refiere gráficos se ve que no es un juego potente, algo lógico teniendo en cuenta que se trata de un título de 2013. Además, las transiciones entre parte jugable y escenas no son fluídas, dando paso a una pantalla de carga en negro entre ambas, perdiendo así inmersión en el juego.

¿Y en el apartado sonoro? Pues no hay queja la verdad: buenos temas musicales que encajan con la ambientación y acción del juego, efectos bien logrados y todas las voces dobladas en inglés, algo que se traduce en un problema a la hora de que nos hablen varios personajes a la vez, algo que nos inunda de golpe varios textos en la pantalla y nos puede dejar sin tiempo para leerlos todos y saturados de información visual.

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Ejemplo de lo dicho en los textos

Conclusiones

Dragon’s Dogma: Dark Arisen se trata de un RPG más que completo tanto de contenido como en duración y jugabilidad. Si bien técnicamente se le nota el paso de los años y se le puede echar en cara que los Peones podrían dar más de sí en lo que se refiere a opciones jugables, tenemos un título que puede dejar más que satisfechos a los fans del rol de la vieja escuela.

Dragon's Dogma: Dark Arisen - Análisis PC
LAS CLAVESJugabilidad sencilla pero a la vez profunda y eficazEnemigos de gran tamaño a los que poder agarrarnosLa versión de PC incluye todos los DLC y la expansión Dark Arizen integradas
ALTERNATIVASLa saga Dragon AgeLa saga Baldur's GateLa saga Dark Souls
7.6Sabor clásico
Gráficos7
Sonido7.5
Jugabilidad8
Diversión8
Puntuación de los lectores 3 Votos
8.0