El legado de Wii U en nuestra memoria
El legado de Wii U en nuestra memoria

El legado de Wii U en nuestra memoria

Un camino a trompicones…

La Wii U nació en 2012 tambaleándose, con ese aura ya desde un principio de intento a medio gas de emular lo conseguido por la ya mencionada Wii. Con una nueva utilidad, la de poder jugar con dos pantallas o en su defecto sin usar la tele, que no causaba el mismo furor que el detector de movimientos del Wiimote. Recuerdo con un gran contraste de sensaciones la espera de la llegada de este mando con el de la tableta. Si el primero despertó expectación, la segunda despertaba incertidumbre. El concepto de la consola asimétrica no terminaba de cuajar.

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El mando-tableta no era un incentivo suficiente

Con el tiempo se confirmó que finalmente no todos los juegos aprovecharían estas funciones y su ya de por sí cuestionado atractivo empezó a menguar. La propia Nintendo acabó haciendo menos hincapié en esta característica y se centró en lo que mejor sabía hacer: videojuegos. Pero la máquina no se podía mantener solo con eso.

Las compañías, que ya se habían mostrado poco atraídas por la protagonista de este artículo, abandonaron el barco. Esta historia se convirtió en una lucha en solitario y a contracorriente, en un panorama en el que ya se daba a Sony por «vencedora» de la generación debido a la incomparecencia de sus rivales, en el caso de Nintendo reconocida. Terminaba 2013 y en solo un par de meses la PlayStation 4 ya prácticamente la había alcanzado en ventas a pesar de su año de ventaja.

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La fuente, por si queda duda, es Vgchartz

2014 solo confirmó definitivamente esta tendencia. Sus competidoras se impusieron a lo largo del año y lo hicieron con un catálogo todavía en ciernes. No necesitaron innovar: PlayStation 4 y Xbox One eran prácticamente un calco de sus antecesoras en cuanto a diseño, mando e intenciones. Los únicos cambios eran un mayor parecido al multitarea del PC y el sustancial avance en potencia.

Desde entonces hasta ahora los datos no han hecho más que reafirmar el golpe que se llevaba Nintendo, el mayor de lo que llevamos de siglo por encima incluso de los pobres resultados de la Gamecube, al menos en cuanto a ventas de consolas. La filosofía de la gran N de apostar por algo distinto y despreocuparse por el poderío interno se llevó el primer rapapolvo del público en mucho tiempo. Se acercaban tiempos de cambios, y con la Wii U en teoría todavía a mitad de ciclo la compañía miraba ya en otra dirección facilitando por primera vez la entrada al mercado móvil y anunciando con mucho tiempo de antelación la Nintendo Switch. Una que, por cierto, demuestra que no han renunciado a su estrategia única. Pero eso es ya otro tema.

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La más nueva de la familia
… sembrado de buenos títulos

La comunidad «gamer» no es precisamente de las más unidas que existen, pero creo que hay algo en lo que todos estaremos de acuerdo: en una plataforma lo importante, al final, son los juegos que tiene. Esto es lo que realmente cuenta a lo mejor no para las empresas, pero sí para nosotros, jugadores. Y en este terreno Wii U es una consola con un buen pro y un gran contra.

Nació de la mano de tres juegos que eran la guía del camino a seguir. Nintendo Land para sentar las bases de su control asimétrico y representando a la Wii (nosotros) de su nombre. ZombiU como símbolo de la -finalmente fallida- reconciliación con las third parties y aclararnos el nuevo sentido que indicaba la U (tú, búsqueda del jugador más tradicional). Y finalmente New Super Mario Bros. U para recordarnos que esta es una máquina de Nintendo.

Esta triada no estaba formada por obras maestras, pero sí eran productos notables que suponían un buen primer paso. Seguramente mejor que el de sus rivales, al menos comparando los primeros compases, más allá de las ventas. Tras ellos llegaron en 2013 otros títulos como LEGO City UndercoverPikmin 3The Wonderful 101 Super Mario 3D World.

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Nintendo ponía desde ya toda la carne en el asador, pero todos sus esfuerzos se veían descompensados por la fuga masiva de posibles desarrolladores externos. Hasta Ubisoft, que era la que más apoyo había mostrado en un principio, parecía perder interés y sacaba más tarde Assassin’s Creed IV: Black Flag en Wii U. Mientras, sus rivales no necesitaban un catálogo de exclusivos tan fuerte por la presencia de los GTA, Battlefield y demás.

Avanzamos hasta 2014. Un año mágico. A la consola le llegaban varios de los títulos más esperados por los fans. Donkey Kong Country: Tropical Freeze,  Mario Kart 8Hyrule Warriors, Super Smash Bros para Wii UCaptain Toad y Bayonetta 2. Un gran plataformas, la conducción por excelencia de Nintendo, el único juego en el que pueden pegarse piñas Link y Mario y el que puede que sea el mejor Hack and Slash de la generación, entre otros. Solo con este año debería bastar para refutar a aquellos que le niegan cualquier virtud.

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El paso del tiempo continúa y entrados en 2015 el nivel se mantuvo. Principalmente por el que seguramente sea el título más reconocible y emblemático de esta máquina: Splatoon. El juego de disparos al más puro estilo Nintendo que convenció hasta a muchos escépticos y despertó la ilusión por la capacidad de los nipones para sacar nuevas sagas. Lo acompañaron Xenoblade Chronicles X (para no pocos, el mejor juego de Wii U), Yoshi’s Woolly World, Mario Party 10 y  Super Mario Maker, que también suponía una apuesta por algo nuevo, aunque sin duda mucho menos atrevido que niñas-calamares disparando tinta por el suelo.

Pero el ya mencionado bajo éxito producido por esta oleada de exclusivos desvió a la compañía su atención de la poco rentable consola y 2016 estuvo bastante desierto. Un Star Fox: Zero que no terminó de contentar a los que esperaban su regreso y Paper Mario: Color Splash son de lo poco destacable de este último estertor.

A lo largo de todos estos años, tanto o más protagonismo como los juegos que salían a la luz lo tenía una sombra permanente sobre la plataforma, aquella que estaba destinada a salvarla del pozo en el que estaba cayendo. El famoso Zelda para Wii U, que aparecía como una constante en las especulaciones de los fans mientras su lanzamiento se retrasaba una y otra vez. The Legend of Zelda: Breath of the Wild sobrevoló toda la vida de la consola y todavía no ha aterrizado, ni lo hará hasta -y junto a- la llegada de su hija y asesina, la Switch. De su destreza para estar a la altura de las expectativas dependerá la valoración que tendremos de sus momentos finales.

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¿El gran pero de todo esto? Su catálogo está lleno de obras brillantes… pero se siente escaso en cuanto a cantidad de contenido. La falta de muchas de las grandes sagas multiplataformas le pesa en ese sentido y es, junto con la pérdida de fuelle del final, lo único que lastra el conjunto. A juicio de cada uno queda hasta qué punto valorar las comparaciones entre calidad y cantidad de lo que ofrece frente a Xbox One PlayStation 4.