El legado de Wii U en nuestra memoria
El legado de Wii U en nuestra memoria

El legado de Wii U en nuestra memoria

El legado de Wii U

Procurando llegar a la clave de las sensaciones que me transmite Wii U para construir mi discurso, me venían una y otra vez de nuevo los recuerdos de mi familia utilizando la Wii. Como ya he dicho antes, mis padres hasta ella prácticamente habían mostrado cero interés por este mundillo. Sin embargo, cuando la probaron encontraron un interés genuino en ella. Se divertían con lo que les ofrecía como no lo hacían con lo que les daba la PlayStation 3 o la Xbox 360.

¿Por qué? ¿Qué tenía de especial para llegar con tanta facilidad hasta a los menos asiduos? Quizás ahí estaba la clave. Facilidad. Sencillez. Meter el disco, coger un mando intuitivo como pocos y empezar a jugar inmediatamente. A juegos como Mario Kart, New Super Mario Bros. o Wii Party, rápidos de disfrutar y que se aprenden a usar al par de minutos de probarlos.

A su vez, esta especie de memoria nostálgica me llevó a recordar qué me hacía a mí interesarme por los juegos. Las posibilidades que ofrecen, los mundos que explorar, las formas de contar historias únicas del medio. La diversión y el entretenimiento junto con la concepción del medio como un arte.

Mucho se ha hablado sobre el fracaso de Wii U, pero lo irónico es que lo consiguió. Su nombre dio en el clavo. Nintendo nos trajo una consola que tenía el potencial de atender a los dos grandes públicos del medio. Los que suelen ser condescendientemente separados entre casualshardcores. Mario Kart 8 y Xenoblade Chronicles XNew Super Mario Bros. U y Bayonetta 2. Había espacio y contenido para todos.

El legado de Wii U en nuestra memoria

Y eso es lo que creo que se va a percibir de ella con el tiempo. Un fracaso absoluto en marketing que tapó que verdaderamente estaban haciendo lo que habían prometido, el objetivo que se habían marcado. La consola no llegó a mucha gente por la mala labor de Nintendo haciendo ver sus virtudes, pero aquellos a los que sí alcanzó recordarán con cariño a una consola con un catálogo de exclusivos que debía haber estado destinado a comerse el mundo.

Puede que Wii U no vaya a ser recordada como la nueva Nintendo 64 (perdóname por esto, Manu), pero rememorando su trayectoria y juegos no puedo evitar sentir que en ella reside el espíritu de dos genios creativos. Uno que la concibió en vida, Iwata, y otro que marcó la filosofía de la compañía y cuyas reminiscencias todavía se hacen notar, Yokoi. Una consola única y propia, como todo lo que hace la gran N. Su fracaso en ventas ya es inevitable, pero puede que el paso del tiempo la coloque en un lugar mucho mejor del que su falta de éxito comercial plantea. Y quizás, quién sabe, dentro de unos años cuando en teoría ya esté olvidada acabe desempolvándola para jugar con mis padres… o conmigo mismo.