El Ministerio del Tiempo 1x08 -Season Finale-

Afrontémoslo. La primera temporada de la serie del momento (ehem ehem, chúpate esa JdT) ha terminado. Sí, culpables: el Ministerio del Tiempo cierra sus puertas hasta próximo aviso, cual ventanilla de Administración en agosto. Quizá te levantaras el martes con un vacío existencial desconocido, pero es normal, será que no desayunaste bien, copón la adicción a la ministerina tiene unos efectos secundarios difíciles de sobrellevar. Aquí en GuiltyBit somos expertos en solidarizarnos con cualquier causa ficticia o fanatismo discutible en su defecto, y por ello también nos sentimos un poco huérfanos después de tanto humor a quemarropa, excursiones inter-temporales y traiciones de oficina, pero también habrá que darle un respiro a Twitter de vez en cuando, ¿no? Repasamos la season finale de MdT “La Leyenda del Tiempo”. ¡Dentro análisis!

El episodio arranca con cierto ritmo onírico, reforzado por un slow motion acorde a las circunstancias. Nuestro SAMUR emparrado favorito se encuentra en un banco, mirando los fundamentales quehaceres de las vidas anónimas que se desarrollan ante él en las calles, en su salsa. Pero no está solo. Su banco está okupado. Y no por un cualquiera, sino por un señor andaluz con pajarita. De pronto, Maite aparece haciendo footing, y al rato es arrollada por un coche. Esta escena que nos es tan familiar, resulta ser un sueño. Julián, muchacho, deberías hacer ejercicio. Visitar a un psicoanalista. Algo.

La Patrulla es convocada en el Ministerio. Se les encomienda una nueva misión, que consiste en viajar a 1924, a la Residencia de Estudiantes, la época dorada de los Dalí, Lorca, Buñuel…y tantos otros genios inolvidables. Director Salvador informa de que Irene se reincorpora al equipo y que coordinará la misión, algo que no termina de convencer a Papi Torqui. Resulta que en un cuadro de Dalí hay una Tablet (o una Retablet, como diría el buen Rabino Levi), y eso resulta extraño, sobre todo para un artista que dibujaba relojes desfigurados, cuerpos humanos irreconocibles o velas de barco transfiguradas en alas de mariposa; en fin, quién soy yo para debatir sobre el arte surrealista.

Continuemos. En el curradísimo ppt de Director Salvador (plantéate no hacer ctrl+c y ctrl+v de la Wikipedia para los elevator pitch de la próxima temporada, por favor) aparece Lorca, que resulta ser el simpático okupa que abordó oníricamente a Julián, lo que le provoca un sofoco así incómodo. De pronto la cámara se fija en el escritorio del propio Director, dónde habitaba desde el inicio de temporada de forma ultrasecreta e invisible para el ojo del espectador medio un marco con una foto de su mujer.

La Patrulla se dirige al pasado, ya adecentados para la ocasión y se topa con Trollázquez, quién acostumbra a hacer paseos libremente por todas partes, yendo en esta ocasión a visitar a Goya.

“Don´t feed the Troll…”

 

Los tres agentes cruzan la puerta y aparecen a las puertas de la Residencia en 1924, donde se reúnen con el funcionario Ortigosa, que aprovecha la tesitura para sacarse unos euros haciendo de jardinero. Les facilita los carnets para entrar al edificio y sigue recortando la vegetación con la que intuimos es la misma destreza que aplicaría el mismísimo Felipe González a sus amados bonsáis.

Buñuel hace aparición estelar para lucir pechamen y guiñar el ojo a Julián. Cinematográfico e intelectual, el Robert Pattinson de su época. Cinéfilos, no me matéis.

Amelia, Alonso y Julián llegan a las butacas del salón de espectáculos, dónde Dalí y Lorca están actuando para la adaptación teatral de Don Juan Tenorio, con el director de escena fuera de sí ante tanta vulgaridad. Todo va bien hasta que Alonso abre la boca y el frenético director repara en ellos. En ese momento cae desmayado ante la presión, para mayor lucimiento de Julián, que gracias a su conocimiento médico y completo desconocimiento sobre las artes amatorias, enamora a Silvia, una zagala también médica, que andaba por ahí residenciando con los célebres y ya mencionados Estudiantes.

Lorca entra en la estancia, y declara haber visto a Julián antes. Mientras tanto, Amelia y Alonso se hallan investigando en el backstage, donde encuentran una foto con sello del Ministerio. En la misma, Julián y Amelia aparecen recién casados, algo tan preocupante que provoca el raudo regreso al presente en busca de respuestas. Intuimos que todo se debía la eterna pregunta “¿qué filtro fue utilizado en esa foto?” pero bueno. Ante el interrogatorio de Director Salvador, Julián explica que decidieron prometerse para satisfacer a los papis Folch (os acordáis de los calçots, ¿verdad?) y que así dejaran a la pequeña tranquila, argumento que parece más propio de “Casados a primera vista”, pero ya sabéis, corren tiempos (je) difíciles para la televisión pública.

Que Amelia y Julián pueden tener dudas de que eso pudiera haber pasado, es algo que no termino de entender, pero así sucede. Entonces Julián, en pleno arrebato de honestidad difícilmente improvisada, revela a Amelia que en algún momento le siguió al cementerio, y que es imposible que él pueda ser marido ni padre de nadie. Insiste en que la quiere, pero como amiga. Una frase que aprendió de sus tiempos de Al Salir de Clase, sin duda.

Julián vuelve a soñar, y esta vez Lorca comparte el sueño, dándose cuenta de que tal y como intuía, el Capitán Carabanchel proviene del futuro. Al día siguiente, Julián no termina de fiarse de las apariencias, algo que termina de confirmar cuando se topan con el único e inigualable Jordi Hurtado, descubriendo que el secreto de su inmortalidad estriba en sus viajes por el tiempo, y no en beber sangre de vírgenes, lo que nos deja muy tranquilos a todos los presentes, creo yo. Hurtado es un funcionario más, y está en misión de grabar el concurso que tanta popularidad le ha proporcionado. Gran guiño, la verdad.

“¿Os he contado alguna vez el chiste de la dierna?”

 

En el pasado, la obra de teatro sigue puliéndose, pese a Rosita, una actriz algo torpe que se niega a ser manoseada por un marido que aún no conoce. Tan típico del 1924. El director de escena aprovecha la tesitura y convierte a Alonso en apuntador, mientras Julián y Lorca van a por Dalí. El genial poeta fuenterino pregunta a bocajarro a nuestro protagonista si es cierto que viene del futuro, pero no, tan solo viene de Carabanchel. Por supuesto. Aparece Dalí y rompe el encanto del momento.

En paralelo, Cayetana aprovecha la larga espera que tendrá que sufrir Rosita para encontrar a su marido y se acuesta con ella, para alborozo cayetaner. Amelia, por otro lado, utiliza su tiempo para conocer mejor a Silvia, que resulta ser su mismísima nieta. Lo de cautivar a Julián se le pone cuesta arriba, parece.

Julián descubre que en la habitación de Dalí hay un cuadro en el que aparece retratada Lola Mendieta, a quién todos empiezan a valorar como principal sospechosa de la manipulación de las fotos. Así pues, la Patrulla regresa una vez más al Ministerio para recibir más órdenes. La clave está en Dalí, que acude al encuentro de su misteriosa mecenas. Al final, el genio más grande de la pintura surrealista tan solo creía en el dinero tal y como averigua Julián.

En el libreto del apuntador hay una foto para el tercio Entrerríos, que termina pagándolo con el rostro de Buñuel, quién había decidido reaparecer para retomar su papel. Segundos más tarde, Alonso ha perdido todo interés por vengarse del autor de ese mensaje maquiavélico y sigue con embeleso la interpretación del Don Juan Tenorio. Parece que a Julián le traen una foto con doloroso mensaje también, pues se larga de forma abrupta, con Lorca siguiéndole los pasos.

En la foto, Lola Mendieta luciendo gorro medieval de Loewe.

Amelia y Cayetana habían seguido a Dalí esperando encontrarse a Lola, pero esta es más avispada y se zafa de ellas. Qué importante es no saltarse 1º de espías, culpables. El Girl Team vuelve a la Residencia, cosa que Amelia aprovecha para ir a consolar a su nieta, que ha visto a Julián abrazado a Lorca, pensando que es gay, lo que ha terminado haciéndole pensar que cualquier intento de conquistarlo sería en balde. Amelia, por supuesto, tampoco lo niega tajantemente.

La Patrulla regresa al futuro (una vez más y van…), donde estalla la tensión, con Julián renegando de todo y culpando a la cúpula del MdT de disponer de un álbum fotográfico de sus vidas. Los tres agentes se reúnen fuera: dudan de que sea Lola la que les está dando las dichosas fotografías. Aun así, Amelia se reúne con ella en 1924. La tienden una emboscada, y la atrapan, por mucho que Carmen Sandiego parezca inocente a todas luces.

Una vez entregada Lola en el presente, con todos reunidos en el despacho de Director Salvador, salta la liebre: se revela que la autora de enviar esas fotos era en verdad Irene, cuyo repentino desequilibrio mental resulta un tanto forzado. Al parecer, no estaba del todo contenta con lo sucedido con Leiva y su ruptura sentimental, aunque ello no la impidiera zumbarse a una aspirante a actriz de tercera en 1924. El morbo, claro. Se despide de ellos antes de ser encarcelada, no sin antes lanzar una advertencia a la Patrulla sobre el uso que el Ministerio les da a sus agentes.

Julián y Amelia vuelven a 1924 para despedirse. El Capitán Carabanchel se ha leído un libro de Federico García Lorca y no solo eso, sino que ha extraído de él DATOS IMPORTANTES. Se ve que Lorca tenía sueños premonitorios y que no solo pudo haber predicho su muerte, sino que se insinúa en cierta manera que podría seguir vivo, participando en Sálvame en contadas ocasiones. Bueno, esto último no.

Ya en la Residencia de Estudiantes, Dalí entrega un sobre a Amelia mientras que Julián se despide de Lorca, demostrando por un momento cierta vocación poética.

En el Ministerio, se muestra que fue Director Salvador quién drogó a Leiva pues no creía que se mereciera pudrirse en un penal. El por qué se considera decente que un exfuncionario vengativo y deseoso de reventar la institución reciba un anestésico, es un misterio para mí, pero no hemos acabado. Irene es enviada a un centro de readaptación, y no al penal del siglo XI, ya que con tanto escote cogería frío. Director Salvador le confía a Ernesto que “la verdad será contada pero a su debido tiempo”.

En el pasado, Julián ha terminado por decidirse: hay que salvar a Maite. Amelia lo acompaña (que la Folch te acompañe) porque quiere ayudarle, aunque en verdad lo hace porque se ha enamorado de él sin remedio, como todo el mundo sabe ya a estas alturas de la película (menos ella, evidentemente).

“Bailemos el bimbó, bimbó, bimbó….”

Mientras tanto, Alonso reclama su protagonismo en la que para mí es la escena del episodio, homenajeando a Don Juan librando a su mujer de un truhán y reencontrándose con ella poco después, asegurando que la protegerá pase lo que pase, decidido a cambiar su destino.

En el clímax asistimos a la verdad sobre el accidente de Maite: Julián y Amelia son los causantes de su muerte, pues se golpean con otro coche y Maite, presa del típico frenesí  del runner, gira el cuello lo suficiente como para distraerse y ser atropellada.

¡Y esto ha sido todo! El viaje ha sido corto, pero intenso. Nos encontramos con una serie de gran potencial, que ha gustado a crítica y público, (y puede que incluso también a Trollbit), de la que incluso se rumorea una posible adaptación americana a cargo de la FOX. La realización ha cumplido con creces. Las interpretaciones han sido buenas, los guiones lo suficientemente ingeniosos, y las situaciones agradablemente rocambolescas. “La leyenda del tiempo” cierra con holgura una tanda de episodios de lo más entretenido y transgresor que se recuerda en la televisión pública de los últimos tiempos (descontando a Arguiñano, claro).

Ahora solo falta que la segunda temporada logre estar a la altura. ¿Qué opinión te ha merecido esta primera temporada del Ministerio del Tiempo, culpable?

I want you

¡Nos vemos tras la próxima puerta! (o no, que hay elecciones…) ¡Hasta pronto!