El analizar un videojuego se ha convertido en estos últimos años en un choque de ideales constante. Por un lado tenemos a los que aprecian los juegos como arte. Por otro lado, a los que hablan de ellos por lo que son sin más. Y yo me pregunto: ¿a quién debemos creer?

Voy a empezar diciendo una cosa bien clara: cada vez soporto menos a la industria del videojuego. Sinceramente, es algo que nunca logrará madurar correctamente. Si bien tenemos a los indies ofreciendo contenido interesante y sorprendente, los grandes nombres cada vez defraudan más. Y no hablo solo de las compañías que basan sus juegos en meterte contenido a mansalva, para nada. Me refiero también a las webs que se encargan de analizar los títulos de dichas compañías. Y no solo ellos, sino también los fans de dichos juegos que leen esos análisis o críticas. Tenemos en la actualidad ahora dos claros bandos a la hora de hablar sobre un juego. Por un lado, aquellos que buscan la experiencia sentimental y artística de un videojuego. Por otra parte, los que analizan los juegos en función de los gráficos y su jugabilidad por encima de lo demás. Y mi pregunta ahora es la siguiente: ¿quién de los dos tiene más razón?

Evaluando la ciudad, por la noche con su coche, evalúa la ciudad

Al principio, Dios creó el universo. Llenó los cielos de estrellas y de planetas, de constelaciones y de galaxias. Pero cuando llegó a la Tierra le dió un 7 sobre 10 por tener mucha agua. En esta esquina del cuadrilátero tenemos al grupo de la vieja escuela. Ya sabéis, gente como un servidor que sigue poniéndole valores numéricos subjetivos a productos de diferente estilo y calidad. Y esto tiene sus aspectos positivos y sus aspectos estúpidos. Vamos con lo bueno para luego descargar la bilis a gusto.

“Mi trabajo consiste en poner notas en función de lo que me salga de las pelotas”. Aplicable a profesor de instituto o a periodista de videojuegos.

En primer lugar, tenemos que pararnos a pensar una cosa: un juego al final del día es y será siempre un producto. Y como tal, debe cumplir unas condiciones para que sea beneficioso económicamente. Debe publicitarse, ofrecer contenido decente que nos haga querer comprarlo, ser atractivo en su jugabilidad… En fin, entendéis por dónde van los tiros. Es por esto que muchas webs de juegovídeos buscan el dar puntuaciones con números para que la gente comprenda mejor el valor del juego. ¿Es algo que funcionaba antes? Más o menos, pero cumplía su función. ¿Funciona hoy en día? Pues sinceramente, no tanto.

Si echamos un vistazo a sitios como Metacritic, vemos sin duda la disparidad de opiniones entre críticos y jugadores. Un caso en concreto que me mata de risa es el del Metal Gear Solid V. Y no solo aquí en casa se le dió unas notas casi inmaculadas, en muchas otras webs se catalogó de obra maestra. Es curioso esto, ya que 9 de cada 10 fans te dirán que de Metal Gear Solid este juego tiene poco, pero que jugablemente es fantástico. Y esto es lo que ha llevado a la creación de un nuevo estilo de análisis: el basado en la ‘experiencia personal del escritor’.

No me llames Dolores, llámame softófilo

“Pero Margaret, ¿cómo se te ocurre debatir sobre la presencia religiosa de Far Cry 5 y la clara alegoría a la proyección astral en los cuadros de Dalí sobre la Inquisición Española?”

Ya hice este comentario sobre la pedantería en la primera opinión, pero tengo que volver a mencionarla. A raíz de querer un cambio más enfocado en la experiencia del crítico con el juego, la prensa ‘seria’ del videojuego quiso meter mejoras en el análisis. Ah bueno, perdón, que ya no se les puede llamar análisis. Ni críticas. Al parecer son ‘experiencias narradas’. Como se puede apreciar ligeramente no soy muy partidario de este lado del muro, y en parte se debe casos como el de US Gamer. Lo más divertido es que a la hora de tratar otros juegos de la franquicia, este mismo autor no menciona nunca esto de que matar polígonos está mal. Pero me salgo del tema, vuelvo al tema de los redactores de lino.

No quiero que penséis que lo odio todo por el simple hecho de odiar, ojo. Aunque me meta mucho con Fransuá y la banda del club de los poetas muertos, cuando hacen algo bien lo digo. Y ojo, no me molesta tampoco leer análisis que se salen del camino trazado. Siempre y cuando me hablen del juego o de un tema importante relacionado con el mismo como en estos casos. Y de nuevo, está muy bien experimentar nuevas formas de hablar de juegos, eso es algo que nunca pienso discutir.

Rojos contra azules, Guerra Civil Parchís

Si tuviera que ponerle una conclusión y una reflexión general a esta opinión, sería sin duda explicar este subtítulo final. Al igual que en una batalla dentro de un país, da igual pelear por querer imponer una ideología sobre otra. ¿Que os gustan los análisis de la vieja escuela? Pues adelante, seguid leyendo ese tipo de reseñas sin problema. ¿Que os gusta una visión más personal y diferente a la establecida? Pues explora sin miedo, que no hay nada malo en ello. Pero recordad siempre algo muy importante que la gente suele olvidar en el mundo de Internet: tened gusto propio.

Representación gráfica de una conversación sobre cualquier tema en una red social.

Dejad de seguir el cauce de “ah pues si le pone un 7 es un mojonaco” o el de “es que si no es pro vegano yo no juego a eso”. Si os gusta un juego, ¡disfrutad del juego coño! Las opiniones van a ser siempre dispares, y las maneras de mostrarlas más de lo mismo. Pero es cuando rompemos la línea entre el gusto personal y el decir que tienes la sabiduría eterna en tus palabras cuando todo se va a la mierda.

Los análisis, las críticas, las reseñas, hablar de vuestro padre desnudo en el jardín o como queráis llamarlo son opiniones basadas en dos cosas. Si es un análisis de los de antes, va a tirar siempre a describirte un producto por lo que es. Si en cambio es de los de la nueva generación, se centra más en la experiencia que en el control y la jugabilidad. Es ahí donde decidís vosotros qué dirección tomar.