Elliot Quest - Análisis Wii U
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Amantes de lo retro, bienvenidos al que, seguramente, es la mayor oda que se le puede hacer a los juegos de NES y, más en concreto, a los de Zelda de por aquel entonces. Hablamos de Elliot Quest, un título que nos llega a Wii U después de tener sus pinitos en PC y otros lares.

Seguramente, a estas alturas de la vida, habréis visto muchos juegos de aspecto retro, pixelados, o con estética retro. ¿Por qué Elliot Quest merece nuestra atención? Pues porque, sencillamente, no se trata de un juego que aparente ser retro, sino que, además de ello, está completamente imbuido (qué palabra más bonita) de toda la esencia de los juegos de NES. No hablamos solo de un aspecto gráfico que nos recuerdan a los 8bits. Hablamos de toda una jugabilidad que hará que nos enamoremos y odiemos el juego a partes iguales.

Elliot Quest comienza. Y comienza como antaño, sin tutoriales ni leches en vinagres que valgan. Es un tú contra el juego, y espero que, por tu bien, ganes el primer round. Cuando te hayas hecho con los controles, te va a tocar lidiar con el mundo, que es igual de puñetero y encantador a partes iguales.

Elliot se moverá por un pequeño mapa en el que habrá distintas zonas a las que acceder. Pero no te pienses que es como en cualquier juego de Super Mario, donde cada fase tiene un punto enorme señalando dónde comienza y dónde acaba. Para nada. Te tocará irte a explorarlo todo a ver dónde te sale una exclamación que anuncie que eso que hay ahí escondido es una fase. Puede ser un bosque, una ciudad, un templo, un saliente, un pixel de color distinto, un puente, un río, una catarata, un enemigo… o lo que quiera que sea porque estoy seguro que aún no las he encontrado todas.

Vale, ya tenemos los controles y ya sabemos cómo buscar las fases. Ahora ¿cómo se juega? Pues muy simple, y de verdad es así. Elliot Quest es un juego de plataformas y acción en dos dimensiones, al más puro estilo Zelda II, donde tendremos que ir superando las distintas pruebas que nos irán poniendo los Guardianes de los Templos para conseguir nuevas habilidades que nos permitan acceder a nuevas zonas y nuevos retos. SI a esto le añadimos un sistema de subida de niveles que nos permitirán personalizar un poco al personaje, tenemos un resultado sobresaliente.

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La verdad es que he quedado muy sorprendido con el diseño de las diferentes fases y escenarios en los que tenemos que movernos porque son realmente diferentes entre ellos y con mucho carisma. Tanto es así que han conseguido que me sepa de memoria muchos de los tramos y muchas de las fases, simple y llanamente por el hecho de tener que hacerlas varias veces para acceder a los sitios o para buscar y resolver esos puzles que se me resisten.

Y es que en Elliot Quest no hay atajos. Ni uno. Bueno, alguno que otro sí, pero está escondido. Y si queremos acceder a una parte del mapa, aunque ya la hayamos visitado, que está detrás de un bosque, tendremos que atravesar el bosque entero. Y si está detrás de una montaña, ídem de ídem. Y si te gusta bien y si no, también.

Otro de los grandes aciertos del juego es su grandísima banda sonora, con un total de 17 temas compuestos por Michael Chait, que nos van a terminar de meter en el juego. El compositor consigue transmitir la esencia de las fases a las que acompaña perfectamente y les otorga ese toque de carisma que les pudiese faltar de por sí. Si con esto aún no te conoces las fases de memoria, es que no eres tan retro como te pensabas.

Es evidente que el juego toma muchos elementos de la saga Zelda, tal y como los propios Ansimuz Games declaran. Los corazones, el sistema de vida, las vasijas, la magia, los items, las armas, las mejoras, el sistema de mapas y de puzles e incluso algunos toques en la música nos van a dar ese toque de nostalgia y de momento remember que muchos echamos de menos. Pero esto no significa que Elliot no tenga personalidad propia. Su arco, la subida de niveles, sus decisiones, sus distintos finales y sus enemigos tienen mucha fuerza y seguro que, aunque es muy clara la influencia de la saga de Nintendo en el título, las diferencias entre ambos son lo suficientemente grandes como para ser considerado un juego independiente y no una mera copia, como pasa con otros.

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Tenemos entre manos pues a un juego de aspecto retro, de jugabilidad retro y de sensaciones retro, que no es fácil, que nos hará querer tirar el mando por la ventana en muchas ocasiones y que tiene un grandísimo apartado técnico. Pero no todo es tan bonito, ya que Elliot Quest tiene sus fallos.

Sí es cierto que no estamos ante un juego que nos guíe por un camino, sino que nos permite perdernos, y mucho. Pero una mínima descripción de lo que estamos haciendo o de lo que tenemos entre manos, no vendría mal. Los objetos no se explican para nada. Vale que no hace falta un tutorial, pero el dichoso colgante de fuerza tardé media hora en descifrarlo, o por ejemplo, la llave de los cofres azules.

Tampoco la versión de Wii U se libra de los bugs, que nos dejarán bloqueados en determinados puntos (aunque algunos se han solucionado) o que harán que haya caídas de frames en situaciones con muchos enemigos o efectos en pantalla, incluso que la imagen se congele durante una fracción de segundo en momentos puntuales. No es que sea muchas veces ni que sea injugable, pero cuando ocurre fastidia y mucho.

Por desgracia, tampoco se le saca partido al GamePad de la consola, que solo sirve de guía para cambiar de armas o ver el mapa, pero no ofrece nada más. De hecho, para subir de nivel hay que acceder al menú desde la pantalla de la televisión, no desde el GamePad. Podrían haberse currado un poco el tema de descripciones y demás, pero se ha quedado igual que su versión de PC, que sí que es un bug con patas.