Llega Wolfenstein 2, te contamos el nazimiento de la historia

El primer Wolfenstein ha sentado las bases de la trilogía que MachineGames tiene previsto explotar. ¿Qué fue de The New Order y The Old Blood?

Mi experiencia con Wolfenstein es atípica; adquirí tanto The New Order (el primer Wolfenstein de esta hormada) como The Old Blood gracias a un amigo, que me los cedió. Pregunté a mis compañeros de GuiltyBit por cuál comenzar. Algunos me dijeron que por The New Order, que es el que salió primero; otros, por The Old Blood, ya que cronológicamente es anterior al título original. (The New Order es un videojuego, mientras que The Old Blood, una expansión).

Análisis de The New Order, aquí mismo

Así que decidí aventurarme a The Old Blood primero. Bien hecho, desde mi punto de vista; la expansión sitúa a B.J Blazkowicz en el año 1946 mientras viaja hacia el Castillo de Wolfenstein con el objetivo de hurtar unos documentos a Helga Von Schabbs, la némesis de este título. The Old Blood presenta una palpable escisión en su estructura narrativa; la primera parte se sitúa en el castillo, y no es otra cosa que una huida definible como suicida para aprender mecánicas, mejorar al protagonista y disfrutar de la muerte de los bastardos nazis; la segunda, en Wulfburg, es una búsqueda de Helga y un exterminio nazi masivo. Mentiría si negase que matar zombis nazis es una de las experiencias más gratificantes que he tenido.

El título no deja de ser lo que es porque, al contrario que The New Order, The Old Blood “no cuenta nada”. Si en el primer juego MachineGames deja claro que su fuerte es la jugabilidad, aquí deciden pegarle una patada a tomar por culo a la historia. Aquí estamos para matar zombis nazis, sin mucha más tesitura que esa. Las innovaciones son puramente jugables con respecto al primero; presionar apresuradamente el cuadrado cuando no hay balas en la recámara sustituirá el cargador más rápido; forzar una puerta cuando nos persiguen los enemigos será diferente a cuando no haya rivales cerca. Es una evolución leve y natural con el mando en la mano, pero cuando hay que dejarlo (casi nunca), todo sigue igual.

primer Wolfenstein

The Old Blood conecta de manera muy natural con The New Order

La… ¿Cuarta Venida?

The New Order llegó en 2014 con una mochila llena de expectación. El nombre de Wolfenstein pesa demasiado para muchos de los fans del género shooter; en el año 1992, Wolfenstein 3D sentó las bases de un género que, posteriormente, iba a ser exprimido hasta la saciedad. Siempre se ha dicho que DOOM es el instructor del género, pero Id Software ya lo había hecho antes. También es cierto que sucedió en menor medida, dicho sea todo.

Lo cierto es que los vaivenes de la franquicia se sintieron como un manoseo innecesario en ciertos puntos de su vida. En el año 2003 Return to Castle Wolfenstein: Operation Resurrection tuvo que combatir en Playstation 2 con cocos como Red Faction 2 o Medal of Honor: Frontline; siete años después, en 2009, el Wolfenstein de Raven Software no ayudó demasiado a restaurar el honor de la dinastía. Era un título con buenas ideas pero que no acabó de cuajar del todo por, quizá, querer abarcar demasiado con un presupuesto limitado.

Con todo y con eso la Cuarta Venida de Wolfenstein en el año 2014 se sintió como una nueva esperanza para los fans. Yo soy sincero: por aquella época sudaba bastante fuerte de la franquicia. No le hice el más mínimo caso y mi Playstation 3 continuaba quemando títulos mainstream (The Last of Us, FIFA, algún Call of Duty…). Pero cuando lo he jugado en la cuarta máquina sobremesa de Sony he encontrado una gratísima sorpresa.

primer Wolfenstein

Conexión

The New Order conecta muy orgánicamente con The Old Blood; quizá por eso decidí jugarlos en orden inverso. Tras los sucesos de la expansión con Helga y el Rey Otón, Blazkowicz vuelve a la cruenta guerra contra los nazis. Las armas son iguales que antaño; estamos en 1946, y el conflicto está en pleno apogeo. En un momento inesperado el protagonista queda en estado vegetativo 14 años; cuando despierta la guerra ha terminado, y para su desgracia, a favor del bando teutón.

Las armas han cambiado y la misiva, también. Ya no luchamos con nuestro ejército en contra de los nazis, sino con un pequeño reducto de personas a modo de resistencia. La destrucción del imperio es paulatina y las misiones pasan por ir resquebrajando al rival poco a poco; en una misión habrá que infiltrarse en una instalación rival para acabar con equipos y hacerlos inservibles; en otra, habrá que marchar a la luna y sabotear la base espacial lunar rival. No dejan de ser “pequeñas” incursiones para ir mermando a los nazis desde dentro y de manera progresiva; así y sólo así puede caer un opulento imperio alemán.

Mirando al futuro

El favor que le ha hecho MachineGames al nombre de Wolfenstein es grande. El beneficio es bidireccional; trabajar en un título de tal renombre ha impulsado a la desarrolladora a hacerse un hueco en la industria; a Wolfenstein bien le hacía falta un lavado de cara como el comer. Se logró con ambición y con solidez, creando un título que está ahí para disfrutar. Un shooter de antaño, vaya. Esos en los que las balas van por delante de las palabras.

El epílogo del título deja demasiado poco a la imaginación, pero el protagonista es un tipo duro de esos que nunca cae. El inicio de esta secuela va a ser enigmático y, probablemente, poco verosímil. Aún así, Wolfenstein siempre ha destacado por su faceta jugable y no tanto por la argumental; me aventuro a afirmar que, en ese sentido, el título de MachineGames dará el todo por el todo.