I Want To Be Human - Análisis PC

I Want To Be Human es uno de esos juegos que ningún análisis le hará nunca justicia. No porque la obra de Sinclair Strange sea extremadamente buena o exageradamente mala, sino porque queda tan en medio de cualquier parte que es difícil valorar sus puntos positivos y negativos. Soy de los que cree que ningún trabajo se debe menospreciar, sobre todo los que muestran una dedicación y un esfuerzo como este juego, pero tampoco debemos dejar pasarlo todo por el simple hecho de que una persona haya creado algo desde cero con “sangre, sudor y lágrimas”.

I Want To Be Human nos cuenta la huída de una chica vampiro y un chico gorro (sí, a ver si vosotros no habéis tenido nunca una idea rara) de la prisión en la que han experimentado con ellos y les han convertido en lo que ahora son. Como historia ya os avanzo que no es lo más de lo más, pero bueno, al fin y al cabo hablamos de un juego de plataformas y disparos en el que los enemigos explotan en mil pedazos cuando les disparamos con nuestra escopeta. Un festival de sangre y vísceras como éste tampoco necesita un pretexto demasiado elaborado para salir a la luz.

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El problema más grave que le veo yo al juego es que su creador tuvo muy buenas ideas mientras lo diseñaba, pero luego las tiró todas contra la pantalla a la vez y la mezcla no le ha salido nada bien. Vamos, que una pizza es una base con cosas, pero no por meter unos cuantos ingredientes buenos en el horno va a salir buena. Hay que saber dosificar cada elemento para que el resultado final sea un conjunto comestible o, en este caso, jugable. Si tuviera que elegir algo que no parezca exagerado o apresurado sería la banda sonora. Por lo demás, excesos, falta de ambientación, mala gestión de recursos, etc…

Un ejemplo claro son los gráficos. Ese aspecto a medio camino entre el pixel y el dibujo hecho a mano es muy llamativo y algunos estudios han conseguido auténticas obras de arte, pero no en esta ocasión. El exceso de trazos, de detalles, de cosas que se mueven, hace casi imposible diferenciar un elemento decorativo de tu propio personaje o de los enemigos y sus disparos. Por si eso no fuera suficiente, los globos de texto que intentan darle un aire de cómic tapan parte de la pantalla sin ningún tipo de contemplación y un falso efecto 3D nos pone partes del decorado en primer plano, por lo que perdemos de vista los que está pasando. Bastante desastroso.

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No es mucho mejor el control del personaje y su respuesta a nuestras órdenes. Sólo tenemos a nuestra disposición tres movimientos, disparar, saltar y desplazarnos a través del aire de forma horizontal brevemente. No parece que sea posible que tengamos demasiados problemas a la hora de aprender a jugar, pero otra cosa muy diferente es disfrutar jugando. La escopeta, único arma disponible, es lenta y poco eficaz, sin posibilidad de mejora, por lo que matar enemigos es más una molestia que una motivación. La mecánica de doble salto y la opción de agarrarnos a las superficies verticales se vuelve más veces en tu contra que las ventajas que te da, así que como juego de plataformas tampoco es que sea muy divertido.

Pero lo verdaderamente horroroso del control es el movimiento del personaje en si. Cuando los enemigos se mueven en diferentes alturas a la nuestra, es buena idea permitir apuntar en diagonal, pero deja de ser útil cuando es imposible hacerlo sin movernos. La precisión con el mando de Xbox 360 ha brillado por su ausencia cada vez que he intentado llevar a cabo dos movimientos a la vez y suerte que los malos no son especialmente peligrosos. Lo más desesperante es el salto incontrolable que da el protagonista cuando le hieren que muchas veces te catapulta al vacío o sobre trampas que te matan sin poderlo evitar.

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Por si el sufrimiento de jugarlo de manera normal no fuera suficiente, el juego también tiene un modo desafío en que deberemos superar una serie de retos como llegar al final de un nivel en el que todas las paredes nos pueden matar con sólo tocarlas o en el que deberemos matar a todos los enemigos para superarlo. Que a ver, si lo tuyo es pasarlo mal y no sabes como conseguirlo, I Want To Be Human tampoco es excesivamente caro y te da para unas cuantas horas de tortura. Porque aunque se anuncie como un juego frenético lleno de gore pixelado, no es ni rápido ni tan violento, por muchas cosas de color rojo que salten aquí y allá. De hecho, el propio diseño de los escenarios disimula todo lo que pasa en pantalla y acaba siendo un baño de sinsentidos, más que de sangre.

Como he dicho al principio, es difícil explicar con palabras cómo es I Want To Be Human y que no parezca que estoy siendo demasiado exigente o demasiado benevolente con el juego por ser el trabajo de una sola persona. Quiero pensar que el juego empezó bien su desarrollo porque la mayoría de las imágenes estáticas lo hacen parecer interesante, pero a medida que las ideas de su creador se iban sumando, en vez de mejorar el conjunto lo hacían más y más cargante. Lo que confirma aquello que siempre solemos decir, los gráficos, el sonido o la historia no salvan a un título si su jugabilidad no está a la altura.

I Want To Be Human - Análisis PC
La música está bienGráficos originales
Control desastrosoDecisiones de diseño bastante cuestionablesNo es frenético, es desesperante
5.3CARGANTE
GRÁFICOS6
SONIDO7
JUGABILIDAD3
HISTORIA5
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