IndieBit - Gigantic Army

Ahora que los mechas vuelven a estar de moda gracias a Titanfall, Nyu Media -especializada en la localización y distribución digital de juegos indie japoneses- nos propone una visión mucho más clásica de estos colosos mecánicos con Gigantic Army; título desarrollado por Astro Port  (pequeño estudio de sólo tres componentes especializado en shoot’em ups) y que en tan sólo dos semanas ha obtenido la ‘luz verde’ de la comunidad en Steam Greenlight. Pero si no queréis esperar a que el juego esté disponible en la plataforma de Valve, podéis descargarlo ya por unos 5€ desde GIGANTICARMY.com, GamersGate, Rice Digital, Desura y la propia web de Nyu Media.

IndieBit gigantic army

Gigantic Army es un arcade de acción y disparos 2D con jugabilidad y estética retro en que nos convertimos en el piloto del GMR-34 SALADIN (Saladino para los amigos), un robot de combate de última generación creado por los humanos para combatir a la raza alienígena de los Ramulons, con la que la Tierra lleva muchos años en guerra.

Dejando de lado este argumento más trillado que los episodios de Los Simpson en Neox, lo primero que nos llama poderosamente la atención de Gigantic Army es su gran parecido, incluso en los pequeños detalles, con el pelotazo de Super Nintendo Cybernator (conocido en Japón como Assault Suits Valken). Este hecho no es casual puesto que sus propios creadores confiesan sin rubor que Gigantic Army se concibió como homenaje a los shooters de mechas de la era de 16 Bits tales como el citado Cybernator o Metal Warriors.

El título toma de estos clásicos, de forma simplificada, el diseño en altura de los escenarios. De esta manera, tendremos que utilizar el jet pack que incorpora Saladino para salvar los desniveles del terreno. Pero cuidado porque estos propulsores sólo nos mantendrán en el aire por unos pocos segundos, lo que añade un pequeño componente de habilidad a las maniobras. Eso sí, si estos juegos de mechas de los 90 presentaban un ritmo de la acción relativamente pausado, Gigantic Army imprime en este aspecto un desarrollo bastante más dinámico, aunque alejado en cualquier caso del frenetismo de otros run & gun como la saga Contra o los Metal Slug.

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Una vez a los mandos, comprobamos enseguida que Saladino es una máquina de combate cargada de recursos y además personalizables. Al comenzar tendremos que escoger un arma principal y otra especial de entre tres opciones en ambos casos. No podremos hacer cambios, así que con la combinación seleccionada nos quedamos toda la partida. Las armas principales son: rifle de asalto (calcado al Heavy Machinegun del Metal Slug), Riot Gun (con más cobertura pero menor cadencia de tiro) y lanzagranadas (potente pero lento). En cuanto a las armas especiales tenemos bombas de racimo, misiles teledirigidos y, como no, el mega rayazo láser. Además, nuestro metálico amigo incorpora de serie un escudo (de uso limitado), unos propulsores para deslizarse rápidamente y el pile bunker, un increíble estilete metálico retráctil con el que atacar en distancias cortas. Tantas posibilidades se traducen en ligeros problemas iniciales para hacernos con los controles, pero vamos, nada que no se solucione tras unos minutos de práctica.

A pesar de ser un juego bastante divertido y muy correcto técnicamente -dentro de una estética retro, claro-, tengo que reconocer que Gigantic Army no me ha impresionado finalmente tanto como en un principio pensaba,  debido sobre todo a un cúmulo de pequeños detalles que acaban por pasar factura en el veredicto final. Para empezar, el tema recién comentado de no poder cambiar de armas no me parece acertado. También considero que la duración del juego se queda un poco corta. Que sí, que esto es un arcade y la gracia está en la rejugabilidad ya lo sé. Aún así, sus seis niveles (cada uno con sus típicos y mastodónticos jefes de mitad y fin de nivel) pueden terminarse en unos 25 minutos, lo cual me parece un pelín escaso.

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Otro punto bastante peliagudo es el de la dificultad, que, a su vez, es en cierto modo la responsable de que el juego resulte tan corto. Me explico. Aunque contamos con cuatro niveles de dificultad, ni siquiera el más alto de todos (insane) supondrá un gran reto para los jugones experimentados. Buena culpa de esto está en que el poder destructivo de las armas especiales no está bien ajustado, con lo que cualquier Boss quedará convertido en chatarra en cuestión de segundos, privándonos de todo reto o desafío jugable. No obstante, en desagravio de sus programadores, hay que decir que la dificultad de esta adaptación para el mercado occidental se ha visto reducida respecto a la versión japonesa, por lo que puede ser un problema que quizá no existiera en la obra original. Manda huevos que hasta el los juegos indie tenga que hacer de las suyas el temita de la “accesibilidad”…

En conclusión, puede que Gigantic Army no sea lo mejor de la escena doujin (así se conoce a los indie japoneses) y que tampoco sea la obra más destacada de Astro Port, pero se trata de un arcade a la ‘antigua usanza’ bastante sólido al que sólo se le pueden achacar defectos menores. Si perteneces a esa especie en extinción que prefiere los sprites a los polígonos y que se emociona más con un buen scroll parallax que con gráficos HD a 1080p, en Gigantic Army, y no en Titan-estoy-hasta-en-la-sopa-Fall, encontrarás al auténtico juego de mechas de la temporada.