IndieBit - The Last Tinker: City of Colors

The Last Tinker: City of Colors, obra de los alemanes Mimimi Productions y disponible en Steam desde el pasado 12 de mayo, se presenta a sí mismo como una especie de “gran esperanza indie” dispuesto a continuar la estela de clásicos como Jack and Daxter y Banjo-Kazooie, en contraposición a una industria mainstream que se afana por arrastrar a los jugadores hacia territorios jugables acordes a sus intereses.

IndieBit the last tinker

The Last Tinker nos traslada al fantástico mundo de Tinkerworld, en el que todo, desde la más alta de las montañas hasta el más pequeño de los seres, está hecho de tan sólo tres cosas: papel, pegamento y color. Todos los colores que dan vida al mundo se producen en la ciudad de Colortown. Hubo un tiempo en que todos los habitantes de Colortown vivían en paz y armonía, pero ahora la tensión y la desconfianza crecen entre sus tres distritos principales (rojo, verde y azul). Sin embargo, sigue existiendo un pequeño distrito en que los colores coexiste en igualdad y fraternidad. Aquí es donde vive Koru, un muchacho de aspecto un tanto simiesco que se revelará como el último Tinker, es decir, alguien con el don de usar los poderes de los espíritus de los colores. Gracias a estos poderes, Koru se convierte en la última esperanza de salvar a Colortown de la Monocromía, una malvada fuerza desatada accidentalmente por él mismo y que amenaza con teñir de un triste gris todos los colores de la ciudad.

Parece el argumento de un cuento, ¿verdad? Pues esa es la sensación que deja The Last Tinker en todo su conjunto. Es como si cogiéramos uno de esos libros de cuentos infantiles con preciosas ilustraciones y lo trasladáramos a la pantalla de nuestro ordenador. Como todo buen cuento infantil, The Last Tinker es colorido, bello y con moraleja… pero, para desdicha de jugones curtidos como nosotros, también muy sencillo y accesible. Y esta sencillez en The Last Tinker se traduce no sólo en un nivel de dificultad demasiado asequible, sino en unas mecánicas jugables excesivamente simplificadas que difícilmente lo convierten en heredero de los grandes juegos de plataformas 3D del pasado.

Last Tinker 2

En su apartado visual y artístico, el título presenta una estética súper colorida y cartooniana que sí enlaza con la tradición de juegos como Crash Bandicoot o Banjo-Kazooie. No es que sean unos graficazos precisamente, pero no se puede negar que tanta riqueza cromática entra por los ojos. Posiblemente el aspecto más cuidado de todo el juego.

Como ya hemos apuntado, el gran punto negro del título está en su apartado jugable. En la publicidad se nos promete un heredero de los plataformas clásicos pero lo que finalmente nos acabamos encontrando es una aventura de acción y puzzles con muy poco elemento plataformero. Para rematar, las pequeñas partes de plataformas utilizan el sistema de saltos automáticos, auténtico cáncer del género durante los últimos años. Quizá lo único digno de mención en este sentido son las zonas en que nos deslizamos por una larguísimas cuerdas al estilo de juegos como Sonic o Ranchet and Clank, donde sí que los saltos tienen la importancia que se merecen.

Tampoco se le ha dado mucho peso al componente de exploración del que suelen hacer gala este tipo de títulos. Apenas hay rutas alternativas o localizaciones secundarias y, en el hipotético caso de que seamos tan despistados como para desorientarnos en un camino casi lineal, siempre podemos pedirle ayuda a nuestro inseparable compañero Tap (una especie de cerdo-cabra volador) que con sólo pulsar un botón nos marcará el camino a seguir hacia el objetivo mediante una rastro de confeti.

Last Tinker 3

Pero no creáis que el resto de pilares jugables tienen mucha más profundidad que las “pseudo plataformas”. Las secciones de combate utilizan un sistema de combos que recuerda al de la saga Arkham de Batman, aunque mucho más simple: un botón para golpear y otro para esquivar, recibiendo un aviso cuando un enemigo se dispone a atacarnos. Al principio sólo podemos hacer combos sencillos pero, conforme vamos adquiriendo el poder de los espíritus de los colores, iremos desbloqueando nuevos golpes.

Estos poderes nos darán dos posibilidades más. Por un lado, podemos imbuir los puños de Koru de poder cromático con diferentes efectos: el rojo permite romper escudos y otros objetos sólidos, el verde asusta a los enemigos y los pone en fuga, mientras que el azul los inmoviliza. Por otro, cada espíritu de color nos dará una habilidad especial disponible sólo durante unos momentos: con el rojo golpearemos más fuerte, el verde para el tiempo y el azul nos hace invulnerables.

A pesar de que explicado así pueda parecer que el sistema de combate es muy completo, os aseguro que en la práctica acabaremos usando casi siempre el mismo set básico de golpes ya que los enemigos, tan repetitivos como tontorrones, tampoco nos exigirán mucho esfuerzo.

Los puzzles también resultan demasiado elementales y previsibles. La mayoría de estos rompecabezas tienen como protagonista a Biggs, una especie de hombre-seta al que podremos indicar que nos siga a base de silbidos y que puede cambiar entre tamaño grande o pequeño. En cada una de sus dos formas, Biggs puede utilizarse de tres maneras distintas en función de color que usemos sobre él. De esta forma, en cuanto nos familiarizamos con todas las posibilidades de Biggs, sabemos casi al instante como superar cualquier obstáculo que nos encontramos sin necesidad de pensar mucho.

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Sí que me gustaría destacar la banda sonora, compuesta en su mayoría por temas alegres y relajados que encajan muy bien con un apartado artístico tan encantador. Más acertada aún me ha parecido la solución adoptada para las voces de los personajes, que me ha recordado un poco a Pokémon pues cada uno tiene su propio lenguaje incomprensible basado en la repetición continuada de la misma secuencia sonora, alterando el tono para expresar estados de ánimo. Pero tranquilos, porque gracias a unos bocadillos estilo cómic podemos enterarnos de todo lo que dicen.

En conclusión, si tuviera que definir con una palabra mis sensaciones después  de haber probado The Last Tinker: City of City of Colors, el término más aproximado sería decepción. Viendo las capturas y los videos promocionales esperaba rememorar aquellas grandes tardes jugando a los plataformas 3D de la primera PlayStation o de Nintendo 64. Me equivoqué.

Hay que reconocer el cariño y el cuidado que han puesto los programadores para crear un mundo entrañable, que derrocha simpatía y “buen rollo” por todas partes, y una bonita historia sobre el valor de la igualdad y la tolerancia. Desafortunadamente, debajo de ese envoltorio multicolor, The Last Tinker no pasa de ser un juego lineal, facilón y excesivamente simple en lo jugable que queda muy por debajo de los grandes clásicos de los que se declara heredero. Ahora bien, a los proyectos de culpable peques de la casa seguro que les encanta.