live action de anime

Larga muerte a los live action de anime

Malos ejemplos


Son, creo yo, aquellos animes más «occidentales» los que más facilidades tienen para ser adaptados. Precisamente porque el cambio de lenguaje no es tan brusco. Pero, curiosamente, los más destacables suelen ser más tradicionales. Quizá porque son más puros en esa llamada al espíritu clásico japonés (y porque son también japoneses). Rurouni Kenshin, Ichi the Killer o Gantz son algunos ejemplos de nombres que se pasean por mi cabeza. De Dragon Ball o de Shingeki no Kyojin, a priori más queridos por el público occidental, prefiero no hablar.

Aunque, y sin querer ser abogado del diablo, tengo cierta esperanza en esa Death Note de Netflix, por mucho que se vea venir que va a acabar mal. No he visto aún Ghost in the Shell, pero los tráileres mostrados no me desagradan. Tampoco he disfrutado de Full Metal Alchemist, pero gran parte de su comunidad está expectante por su adaptación.

No obstante, sigo siendo incapaz de “querer” un live action. Puedo sentir curiosidad, aunque sea para reírme de un pobre resultado, pero no sale de mí el pensar “ojalá ver esto en imagen real”. Y un escalofrío me recorre todo el cuerpo cuando pienso en una versión en la vida real de La Tumba de las Luciérnagas, Mi vecino Totoro o Cinco centímetros por segundo.

live action de anime
Las obras de Miyazaki y Shinkai perderían todo el sentido en un live action

Una obra no se puede repetir fuera de su medio


Las películas anime son el mayor ejemplo de todo lo que quiero decir. Cualquier cinta de Makoto Shinkai en un live action perdería el núcleo de su forma de comunicación y por ende una parte importante del estilo del autor. Y que me parta un rayo si la animación de Ghibli no es la más genuina y única del mundo (lo siento, fans de Pixar). ¿Por qué no el cine se centra en contar buenas y nuevas historias por su lado y el anime trata de salir de ese tugurio de mala muerte en el que se encuentra por el suyo?

Quiero que Evangelion me vuelva a hacer pensar hasta que me explote la cabeza. Que One siga haciendo su deconstrucción de géneros y de arquetipos de la animación sin dejar de sacarme lágrimas de risa. También quiero seguir emocionándome como un renacuajo con One Piece. Y también quiero ese espacio para series más llevaderas y que cumplan el cupo de “entretenimiento puro”, aquello que podría tragarme sin comerme mucho el coco.

Y, paradojas de la vida, ese mismo deseo de querer seguir manteniendo la inocencia es lo que no me permite querer un live action de anime. Me gusta demasiado este medio como para que se sigan quebrantando sus puntos principales y sus líneas de reflexión. Quiero que se salga de ese pozo estancado de ideas y quiero que me cuenten algo nuevo, pero en un anime. Como ya lo habían hecho antes.

Uno de los niños perdidos


Ahora no puedo evitar pensar en una conversación que tuvo Hayao Miyazaki con unos programadores hace algún tiempo. Habían ideado una inteligencia artificial que animaba movimientos de zombis. Miyazaki se sintió muy molesto y dijo que eso “no refleja el dolor”. Que, dicho en otras palabras, carece de “alma” que un autor plasma en su obra.

Y ese punto es precisamente en el que creo que cojean los live action de anime: buscan transmitir lo mismo que las historias originales fuera del medio, y eso hace que la esencia se desmaterialice. Y si se adapta al lenguaje del cine puede ser estupendo, pero ese no es, normalmente, el objetivo.

(El vídeo, de la mano de este canal de YouTube, no tiene desperdicio)

Paradojas de la vida, decía. De pequeño veía y reía a carcajadas con BoboBo o Shin Chan e incluso llegué a pensar lo gracioso que podría ser aquello con actores. Pero hoy, solo con imaginarlo, se me estremece el cuerpo. Seguiré siendo un imbécil muy pasional. Pero esas mismas historias, recicladas y despojadas del alma de la animación en el mundo real no son para mí. Ojalá que sean buenas y maravillosas adaptaciones y que todos los fans la disfruten, de corazón.

Pero yo, como seguro que otros tantos, no puedo. Quizá porque aún no ha llegado la adecuada que me haga cambiar de opinión. Quizá porque soy un fanático acomplejado del anime. O quizá porque, aún con esa inocencia que el anime me acerca, ya he dejado de ser un crío que ve cualquier cosa condescendientemente.

O porque Dragon Ball Evolution es una basura y realmente mala. Eso también puede ser.