Los videojuegos (no) son arte

Hay un fenómeno moderno que inspira y perturba por igual. “¿Es esto posible?” te preguntarás intranquilo, querido culpable. No caigas aún en el desánimo pero: sí. De hecho, probablemente ya te haya tocado sufrirlo en tus propias carnes durante alguno de los paseos virtuales que acostumbras a dar por el ciberespacio.  Vamos al lío.

Es cierto, vivimos en una era veloz. Gracias a Twitter, Facebook, y demás parafernalia, no son pocos los que, olvidándose de cualquier temor o prejuicio, se lanzan a la arena pública a batirse el cobre con su opinión como única defensa frente a los ataques de los demás. Como testigos de excepción que somos, tú y yo, seguro que recuerdas haber asistido al nacimiento de repentinos corresponsables de las ideas más peregrinas, genuinos representantes autoproclamados de una minoría a la que nadie consultó, portavoces de los argumentos más hilarantes y pregoneros de anuncios lapidarios que nunca se cumplieron. Ingenuos que se pensaron que alcanzarían notoriedad o reconocimiento a sus ideas, que fueron tan rápidamente promulgadas como derribadas y olvidadas.

El último grito en este nuestro mundillo del videojuego, consiste en debatir acerca de si procede o no hablar del mismo como arte. Y es que hay muchos analistas, expertos y medios especializados que en un alarde de gran sabiduría y sapiencia dialéctica, pretenden no sólo negar al videojuego la condición artística que ya de por sí le corresponde, si no que van un paso más allá y tratan de servirse de cada post, conferencia o simple tweet, para defenestrarlo y cargarlo de responsabilidades de lo más sorprendentes.

Algunos como Roger Ebert, famoso crítico de cine, llegaron a afirmar que “los videojuegos nunca podrán ser arte”, mientras que otros prefieren culparles abiertamente de los grandes males de la sociedad, como la violencia o el aislamiento. La gran mayoría aboga simplemente por tildarlos de “juguetes para niños”.

Se equivocan.

arte videojuegos

Explicarles a todos ellos que este es un nuevo lenguaje, un nuevo medio de expresión nacido al calor de los avances tecnológicos, sería en balde, como lo ha sido con cada nueva manifestación artística que se ha ido generando desde que el hombre es hombre.

Parece un fenómeno abocado a la repetición: sucedió en su momento con el cine o con el cómic y no fue hasta que se superaron estos momentos críticos que se reconocieron como artes. La resistencia de lo viejo frente a lo nuevo se remonta a la noche de los tiempos…pero si esto es así, ¿por qué la vanguardia intelectual continúa afanándose en atacar aquello que supuestamente debe salvaguardar?

Por la incomprensión.

Desmontar que los videojuegos no son un arte no debería ser muy difícil. Vamos a probar suerte.

arte videojuegos 2

Argumento número 1: que el gran Ebert (perfecto ejemplo de la vanguardia de la que hablaba pues ha sido considerado el crítico de cine más influyente) me perdone, pero su afirmación, sostenida por muchos, es de maestro “cuñao”. Tan pretenciosa y tan carente de hipótesis que difícilmente resiste la crítica, como él mismo terminó reconociendo tiempo después. Apenas había jugado a los videojuegos, con lo que no podía dictaminar nada sobre ellos con fundamento, ni para bien ni para mal.

Me atrevería a decir que lo mismo sucede con la gran mayoría de los críticos, que disparan con bala sin saber por qué. Siguen pensando que los videojuegos son juguetes, meros entretenimientos, algo más propio de niños y adolescentes que de adultos, cuando hace tiempo que maduraron y evolucionaron hacia las obras de narrativa multimedia que son hoy en día y cuyo futuro está aún por dibujarse.

Argumento número 2: que el consumo de los videojuegos se haya disparado en el mercado, o que cada vez se demande un mayor número de perfiles profesionales en una industria de crecimiento exponencial, parece una auténtica ofensa para estos paladines de la sublimación y del conocimiento.

Que algunas instituciones prestigiosas como el MoMa o el Smithsonian hayan reconocido la importancia del videojuego dedicándole exposiciones, o que se esté reconociendo la labor de estos profesionales con premios de magnitud internacional como el Príncipe de Asturias (hay que barrer para casa) o los BAFTA, también es algo que merece reprobación por parte de este particular hater del ocio electrónico.

arte duke nukem

Argumento número 3: en la confección del videojuego participan diferentes talentos, adscritos a prácticamente la totalidad de las disciplinas artísticas: pintura, fotografía, escultura, música, cine, literatura…una convergencia total que respira por sí misma. Si el resto de los argumentos fallan, siempre se puede recurrir a la matemática ¿no es el todo la suma de las partes?

Argumento número 4: Ya si nos vemos muy apurados, ¡golpéalos con la RAE! (wtf). Su definición de arte dice lo siguiente: “manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.” No seré yo quien se salte el noble precepto de meter una definición en un artículo de opinión, aunque sea de esta manera tan forzada.

En la cosificación del videojuego no hay recompensa. Dónde si la hay es en la posibilidad de la aventura. Que levante la mano quien haya encendido la consola y no se haya emocionado alguna vez, haya reído, llorado, o se haya atemorizado. Que levante la mano quién no haya debatido y reflexionado, se haya visto inspirado o incluso haya aprendido algo, lo que sea. Que levante la mano quién piense que en los videojuegos no hay algo de nosotros mismos, una cultura reconocible, una voluntad por superarse.

Yo ya lo estoy haciendo…¿y tú?

 

“El arte no es una cosa
sino un camino.”
Elbert Hubbard