El Ministerio del Tiempo 1x02

Esta semana el Ministerio del Tiempo nos lleva de paseo al Lisboa de 1588. Y como aquí en GuiltyBit somos muy fans de las francesinhas y del bacalao güeno, hemos cogido nuestras mejores toallas para tan épica odisea y acompañamos al simpar trío de héroes de la serie de moda en su viaje espacio-temporal a la capital de Portugal. ¿Quieres saber qué ha pasado en el nuevo capítulo de esta semana? ¿Ha aparecido Jordi Hurtado finalmente haciendo de un Mourinho atemporal?, ¿hasta dónde llegará el escote de Cayetana Guillén esta vez? Éstas y otras rocambolescas dudas te quedarán resueltas en nuestra nueva entrega semanal de MdT: ¡dentro análisis!

Todo arranca con un falso vídeo explicativo “Dharma Style” que resume los inicios del Ministerio con cameo de Isabel – Michelle Jenner- incluido, lo que da paso al opening, al que por fin podemos echar el ojo; animación y dinamismo, sin alardes. Bien.

La secuencia inicial se abre con un catalejo y una cubierta de barco, y es así como nos introducen con toda su sal y sus gaviotas digitales en la recreación (un tanto mejorable) del puerto de la capital lisboeta en pleno siglo XVII. La acción sigue los pasos de Gil Pérez (Miguel Rellán), un agente del Ministerio que ha descubierto una anomalía espacio-temporal: Lope de Vega, el Fénix de los Ingenios, escritor inmortal de la literatura española, que debía estar a bordo del San Juan junto a otros compañeros de la Armada Invencible en su camino a invadir Inglaterra, no aparece en los manifiestos de la nave. Gil Pérez corre a sus aposentos a dar parte. ¿Cómo? Pues mediante Skype con el ordenador que guarda en su arcón, por supuesto. Y ríete tú del roaming.

De aquí pasamos al Madrid del 2012, ese pasado al que Julián (Rodolfo Sancho) vuelve una y otra vez, abusando de la operadora telefónica espacio-temporal en su empeño por contactar a su pareja fallecida en el presente. El pasado es difícil de olvidar (las facturas no, pero deben ir a cargo del Ministerio).

El burofax de Gil Pérez llega con precisión milimétrica a nuestro querido Ministerio: se hace saber que Lope de Vega no viaja en el San Juan, lo que contraviene la cohesión temporal. Hay que poner el operativo en marcha, pues Lope no puede morir antes de lo que dicen los libros. Fuenteovejuna tiene que estar sí o sí en bachiller, por mucha LOMCE que se apruebe.

Salvador (Jaime Blanch) reúne a la peculiar patrulla para pasarle revista: cual profesor comienza a realizar preguntas respecto a Lope de Vega y la Armada. Evidentemente, nuestro coetáneo Julián anda más perdido que un pulpo en un garaje, y se encarga de protagonizar el primer gag del episodio, ante el desconcierto de Alonso (Nacho Fresneda). Amelia (Aura Garrido) sí que sabe de qué va el tema, y como por aquel entonces Portugal era territorio ministerial, es hora de ponerse en marcha.

De esta manera y tras el paso por la correspondiente puerta, nuestros chicos se presentan en el camarote de Gil Pérez, no sin cierta suerte, pues pese al miedo de Alonso a los barcos, el funcionario les recuerda que “hay puertas en sitios peores” quién sabe si refiriéndose a una en el confesionario de GH Vip. Por supuesto, el humor vuelve a hacer acto de presencia con el “que sería de los españoles si no fuésemos capaces de hacer el trabajo a última hora”.

“Soy Miguel Rellán…¿no sabes quién soy? ¡A la horca!”

Una vez con los pies bien firmes en la Lisboa del siglo XVII, descubrimos una ambientación de lo más cuidada, con caminos embarrados, agitados mercados, griterío y los suficientes extras como para confirmar lo que ya anticipaba el capítulo piloto: esta es una serie que cuida los detalles.

El grupo decide separarse: como experimentado tercio de Flandes que fue, Alonso se va al bar, a buscar rumores entre los soldados, eso sí, mientras que Amelia, Gil Pérez y Julián rastrean los registros de la Armada a la búsqueda de alguna pista sobre el paradero de Lope. “El siglo de oro necesita un Excel” proclama el médico del Samur, y razón no le falta porque les espera una titánica labor. Sin embargo, tras varios planos recurso y en un tiempo récord que asombraría al mismísimo Grissom, descubren el misterio del Fénix de los Ingenios: se encuentra entre los nombres de otra nave, la San Esteban. Gil Pérez arranca de nuevo el ordenador y esta vez es la patrulla quién hace uso de la red de redes en pleno siglo XVII, así a pelo. Parece ser que El San Esteban encallará durante el desastre de Trafalgar pero todos sus tripulantes acaban aprisionados y muertos. No hay tiempo para la sorpresa porque el documento esconde una segunda revelación: Alonso está en esa lista. ¿Cómo es posible?

En este momento se abre la subtrama de este “Tiempo de Gloria”, con los personajes del Ministerio como protagonistas. Angustias anda excesivamente nostálgica, demasiado para pertenecer a 1900, según constata Ernesto. Así y tras cruzarse con un Marqués de la Ensenada enfurecido por motivos textiles, se reúne con Salvador: “Nunca debimos de contratar aristócratas” afirma enfurruñado el director. Ambos elucubran acerca de los lloros de Angustias y realizan una apuesta sobre el motivo que puede estar abrumándola. Se insinúa que llevan un tiempo jugándose su dinero… ¿cuánto hace que se conocen?, ¿cómo pudo haber sido ese encuentro? Ah, misterio… Aquí el diálogo se torna ciertamente filosofal, con Salvador y Ernesto charlando sobre el azar, la casualidad, la teoría del caos… ¿dónde estás cuando te necesitamos, Jeff Goldblum?

Volvemos a Lisboa: Lope (el también ex “Al Salir de Clase” Víctor Clavijo, acierto absoluto de casting) hace acto de presencia en la taberna en la que se encuentran nuestros protagonistas (se ve que no había tantos bares en la época) y pronto se enzarza en una pelea debido a su ofensiva verborrea poética. Alonso salva al infeliz que se había propuesto pelear con el genio literario y permite que Amelia se acerque al galán. Juntos los tres se retiran a una mesa para hablar de sus cosas: mientras Lope recita y sobetea a Amelia, Julián no quita el ojo de encima y aprovecha la ocasión para cantar a capella una estrofa de Rosendo, a lo que Lope contesta: “¿Góngora?” Muy bueno.

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Rodolfo Sancho en plena acción poética feat. Rosendo

Una vez que Amelia ha hecho lo suficiente la cobra al eterno dramaturgo español, y se libra de sus ataques, traman su secuestro para poder ponerlo a salvo.

Mientras tanto, Alonso se lleva a Julián de vinos, no sin antes llamar a un ciudadano random (quién sabe durante cuantos episodios) “gaznápiro”, desde ya candidata a palabra seriéfila del año. Este Tercio ya debe de tener el hígado de acero, pardiez. “Que manía con escupir, parecen futbolistas” exclama el personaje de Rodolfo Sancho, y razón no le falta, pues parece que los habitantes de esta Lisboa del siglo XVII se han propuesto hidratar al máximo los suelos de la ciudad con sus esputos. Sea por el azar, la casualidad, la teoría del caos, o por Jeff Goldblum, resulta que se encuentran al Alonso de Entrerríos fake, quién se encuentra obsesionado con alcanzar la gloria combatiendo y peleando por su país. Zagalico.

Mientras Julián se retira a tomar el aire y se pierde un poco por ahí, Alonso vuelve a la taberna con su homónimo juvenil, donde sostiene un diálogo acerca de la madre del muchacho y demás pistas obvias que hacen pensar que Alonso Fake es en verdad el hijo de nuestro Alatriste.

Como entre bares anda el juego, de la taberna del puerto pasamos a la del gallego, donde Amelia y Lope continúan con sus mariposeos. Al final tanta poesía tiene su recompensa y ambos se dedican a retozar apasionadamente. Julián entra en [modo dectective on] y descubre el paradero de la joven universitaria catalana. El pobre Lope no sabe la que se le viene encima, pues como está a punto de descubrir, el hombre actual también tiene cuitas por el verso y tiene su don para la poesía:

– ¡Servicio de habitaciones!

– ¿Quién es? (Abajo la puerta).

– ¡Quién me sale a mí de los cojones!

En la habitación de la taberna hay salseo del bueno, pues el Fénix de los Ingenios acaba tumbado en el suelo tras un cabezazo made in Carabanchel. Aquí hay un par de frases que conviene rescatar acerca de la ingenuidad de Amelia “un cabrón es un cabrón en el siglo XXI y en el XVI y una ingenua lo mismo” y “no sé cómo escribió tanto si se pasó el día follando” sobre la promiscuidad de Lope, que resumen perfectamente la personalidad que demuestra el Ministerio del Tiempo a la hora de desarrollar sus diálogos.

#LopeFacts

Después de dejarlo inconsciente lo llevan al barco, donde se encuentran también a Alonso Fake en posición horizontal de descanso, y se revela lo que ya todos intuimos: es el hijo de True Alonso. Anestesian a Lope por si las moscas, “no vaya a ser que se despierte y acabe en el siglo XXI escribiendo musicales”. Que gran creador se han perdido en Gran Vía.

Amelia y Julián acuden al encuentro de True Alonso, que a esas alturas anda algo tibio en el bar (¿dónde si no?). Resulta que su mujer estaba embarazada pero no llegó a decírselo antes de que lo ajusticiaran y claro, tras conocer a su hijo gracias a una anomalía espacio-temporal y reclutado por el organismo público ha hecho lo que todo hijo de vecino haría en su posición: darse al vino. Al pobre Alonso le dejan KO con un sillazo a bocajarro: algunos soldados buscan responder ante tal falta de hombría. Pero previo escupitajo, Julián les tira unas monedas y se corta la tensión de raíz. “Esto es España, mucho honor, pero por unas pocas monedas…”

La subtrama ministerial termina cuando Ernesto pilla infraganti a Angustias y decide cubrir su secreto pagando la apuesta a Salvador. Puede ser por solidaridad funcionarial, pero también sin duda, porque él mismo puede estar ocultando algo…

Mientras tanto en Lisboa, siglo XVII, Lope y Alonso Fake se despiertan para descubrir que sus barcos respectivos han zarpado sin ellos. True Alonso también se despierta y le dan las buenas nuevas junto a un analgésico anti-resaca que promete arreglarle todos los males. Esperemos que no se convierta en fármaco-dependiente vista su adicción al líquido de Baco (lo del Tercio tal vez vaya con segundas, después de todo). Gil Pérez colaborará poniendo a los susodichos en el barco correcto: estos dos prometen como pareja.

Se despiden del agente ministerial no sin antes preguntar dos cosas: de qué época es Ernesto y por qué Di Stefano juega en el Madrid habiendo fichado por el Barça, cuestiones que todo buen amante de MdT se ha hecho en algún momento. Alonso se compromete a ayudar a Gil Pérez en el futuro, algo que a buen seguro sucederá.

De vuelta en 2015, el Tercio de Flandes le pide a Julián el libro de claves que incluye un completo esquema con el número de las puertas, con la relación de adónde y cuándo conducen. Se reúnen con la cúpula directiva y dan el caso por cerrado. Los secretos sobrevuelan la estancia: ¿pero quién no oculta algo en este ministerio?

Para cerrar el círculo, vemos como Julián hace una llamada a su novia. Sin embargo, algo más ha cambiado: Amelia fantasea con Lope antes de irse a dormir y la sorpresa nos la da nuestro particular Alatriste, volviendo a Sevilla a 1579 para ver a su hijo y tener una pequeña conversación, además de darle unas monedas para su madre. Antes de terminar, volvemos al momento en el que el Alonso Fake dice conocer de antes a su padre…

¿”Es el enemigo? Pues dile que se pase a echarme una mano con la ropa…”

En resumen, un capítulo entretenido y bien llevado que promete muchas cosas por venir. Se avecinan nazis y la hipotética entrada de España en la segunda guerra mundial para la próxima semana y yo ya no puedo esperar más…. ¿y tú, querido culpable?