Episodio 1: el Ministerio del Tiempo

Ni los más viejos habitantes de la caverna culpable (también denominada GuiltyBit) recuerdan una serie española tan esperada y alabada unánimemente tanto por expertos como por críticos especializados. Hablamos del fenómeno televisivo del momento: se llama el “Ministerio del Tiempo” y efectivamente, es tan española como lo es Manolo el del Bombo. Si te perdiste entre tanta puerta temporal, el escote de Cayetana Guillén Cuervo y la aparición meteórica de los heavys de la Gran Vía, no pasa nada, toma asiento y ponte cómodo: ¡analizamos el primer episodio de MdT! (porque si Juego de Tronos –JdT- puede tener sus propias siglas, ¡nosotros también podemos!).

Año 2015. Estados Unidos utiliza su supremacía económica para bombardear al resto del mundo con sus productos culturales y conquistarlo sin condiciones. La televisión es el medio elegido, las series, el arma definitiva. HBO, Showtime, Netflix, FX, Fox, NBC y un largo etcétera…son los emisarios. Poco a poco los países van claudicando en la producción propia y se van sucediendo dolorosas derrotas en las audiencias que provocan la desaparición de obras originales y quién sabe, quizá valiosas, puede que incluso entretenidas. ¿Se rinden todos? ¡No! Desde la vieja Europa aún resistimos, pues quedan grupos de irreductibles creativos y productores que se atreven a plantar cara y ofrecer contenidos novedosos. “¿Y quiénes son?” te preguntarás, querido culpable…pues los británicos y los finlandeses. Los franceses, los daneses. Un poquito los italianos. Y desde hace relativamente poco, ¡también los españoles! ¿Para qué ser los primeros cuando podemos ser los últimos?

Conquista cultural: una representación gráfica. ¿Roma=EEUU? ¿Aldea gala=televisiones europeas?

Aquí es donde entran en juego los hermanos Olivares, las mentes pensantes tras “El Ministerio del Tiempo”, que se han encargado estos últimos años de amenizar nuestras veladas con series 100% originales made in Spain tan exitosas como “El Doctor Mateo”, “Pelotas”, “Los Serrano” o “Isabel”, esta última también bajo el auspicio de TVE. Y entonces ¿qué diantres es MdT?

Para empezar está el género. Nos encontramos ante una serie de ciencia ficción que habla de viajes en el tiempo, lo que supone levantar un cartel del tamaño aproximado de Godzilla para decir “estoy aquí, Twitter” en nuestro país. Y por otro lado, está la apuesta decidida que está haciendo Televisión Española por el talento nacional, algo verdaderamente complicado si tenemos en cuenta lo que he mencionado antes. Se puede decir que el “Ministerio del Tiempo” ha salido indemne de ambas batallas. Pero vayamos a la chicha.

El primer episodio nos presenta a los personajes principales y a la institución que da nombre a la serie, que viene a ser una agencia secreta responsable de velar por la cohesión temporal. Y como esto es España, de ello se encarga un Ministerio: por funcionarios que no sea.

Como protagonistas tenemos a Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda) un curtido soldado de los tercios de Flandes, perteneciente al siglo XVI, a Julián Martínez, miembro del Samur en la actualidad (Rodolfo Sancho en un paradójico deja vu que le lleva a ser un médico en la ficción una vez más) y a Amelia Folch (Aura Garrido), una universitaria en la Barcelona de inicios del XIX. Cada uno ha de lidiar con sus propios problemas y conflictos (Alonso con una autoridad decadente, Julián con una vida que le resulta insulsa y desprovista de motivación tras la pérdida de su mujer y Amelia contra el machismo imperante de la época), pero entonces todas sus disquisiciones se van al garete cuando aparecen Irene Larra (Cayetana Guillén) y Ernesto (Juan Gea) para reclutarles y que pasen a formar parte del Ministerio del Tiempo.

Amelia Folch acompañada por Curro Jiménez y el Capitán Alatriste.

En sus compases iniciales, la serie se muestra ágil, sólida, y no cae en el tedio ni la superficialidad. Julián se convierte en los ojos del espectador al ser partícipe de la primera ruptura del espacio-tiempo, y al ser introducido al cuartel general del Ministerio, decorado que no está exento de cierto encanto y que muestra un mimo especial al que no estamos acostumbrados en la televisión nacional.

Aquí se nos presenta a Salvador Martí (Jaime Blanch), el director en funciones de este peculiar departamento, y ya se lanza el primer órdago al espectador: Diego Velázquez, el primer retratista robot de la historia. “No va a ser bueno el jodío, si es Velázquez” dice Salvador ante la mirada atónita de Julián. Desternillante.

Tras un paseo por las puertas conectoras con las distintas épocas (construcción del acueducto de Segovia incluído), Salvador presenta al personaje de Rodolfo Sancho el resto del equipo (la referencia de Alatriste muy acertada) y les encarga la que será su primera misión: perseguir a unos malhechores provenientes de la época de la guerra por la Independencia española contra Francia. Para no destripar mucho más de la trama a quién no lo haya visto (ya estáis tardando), diré que aquí es donde comienza la odisea de este peculiar trío, no sin antes recibir el genial consejo de Martí: “somos españoles ¿no? ¡Pues improvisen!”

Hay cabida para la acción, para la intriga, y hasta para Natalia Millán. ¡Sorpresa! Han pasado 70 minutos y no te sientes culpable (bueno, eso siempre) por querer ver un segundo episodio. Todo ello gracias a un diálogo brillante, ágil y lleno de guiños para el espectador y la propia cadena (“Curro Jiménez”), que incluye referencias pop (“¡como en la primera de Terminator!”), y que hace gala de un humor inteligente, cosa que funciona a las mil maravillas. Es cierto que en conjunto puede no parecer algo demasiado original, pero tampoco es menos verdad que se aleja al máximo de todos los tópicos habidos y por haber en la ficción nacional. ¿Qué la lógica detrás de los viajes en el tiempo no tiene ningún sentido? Tampoco la tenía el sueño de Resines en “Los Serrano” y mira cuantas temporadas tuvo.

Se ha hablado mucho de sus parecidos. Que si Doctor Who, que si Torchwood…pero lo cierto es que MdT consigue una identidad propia, que hunde sus raíces en el cinismo como defensa ante una realidad muy mejorable (la falta de pagas extras también afectan a los campesinos del siglo XIX) y en la necesidad de sacar adelante proyectos nuevos, por muy inverosímiles y problemáticos que estos pudieran parecer en un primer momento. Y eso ya es mucho decir en el panorama de la caja catódica nacional.

Este primer capítulo ha cosechado un más que apreciable 14,8% de share, un poco por detrás del resto de sus rivales en antena, aunque en redes sociales lo ha petado (sres. de TVE hagan el favor de poner un hashtag único durante la emisión).

Ya era hora, “El Ministerio del Tiempo”. Ya era hora.