Nerve: Un juego sin reglas - Crítica

Nerve: Un juego sin reglas (Henry Joost y Ariel Schulman) es un nuevo intento de devolver a las aventuras adolescentes la gloria perdida después del final de sagas tan representativas como ‘Los Juegos del Hambre‘, el desastre que ha supuesto ‘Divergente‘ o producciones como ‘La Quinta Ola’.

La historia está basada en el libro homónimo escrito por Jeanne Ryan y selecciona el conocido “verdad o atrevimiento” (sin la parte de la verdad) para construir sobre él la base de la historia. Nerve es un juego online en el que los jugadores realizan atrevidas pruebas con recompensa económica si se superan. Los retos son propuestos por los observadores, jugadores no activos que se dedican a presenciar en directo a través de internet los movimientos de los participantes; unos retos que van subiendo su nivel de dificultad a medida que van siendo superados.

Nerve: juegas o miras

El protagonismo de la cinta recae en Vee, una chica tímida e insegura que vive a la sombra de sus atrevidas amigas y que no es capaz de declararse al chico que le gusta. Para hacer ver que sus amigas están equivocados, Vee se envuelve la manta a la cabeza y decide apuntarse a Nerve para comenzar de inmediato las peligrosas pruebas. La joven por supuesto no va a emprender el camino en solitario y pronto será acompañada por el enigmático Ian (Dave Franco), relación que irá pasando por los trillados estados vistos en tantos filmes (complicidad, amor, desamor,…).

La cinta no descubre la pólvora, aunque su premisa inicial llega a ser de algún modo llamativa. Además, coincidencia o no, resulta que el mundo que representan en pantalla, lleno de brillantes luces de neón, motos tuneadas y modernidad, sin salir de la época actual, tiene un gran valedor fuera del propio filme: el videojuego de móviles Pokémon Go, aunque sin toda la parafernalia colorida. Nadie puede negar la oportunidad del estreno de la película en estas fechas y el cierto parecido existente entre el juego online de la historia con el famoso título japonés que propone cazar monstruos en la ciudad. Nerve es una especie de Pokémon Go morboso y algo repulsivo.

Emma Roberts en Nerve

A pesar de este entretenido comienzo, la película comienza a decaer por su propio peso hasta llega a un acto final previsible; mientras que no quedan nada claras las reacciones de algunos de los protagonistas a lo que va ocurriendo. Roberts no actúa convencida ni se cree en ningún momento lo que está haciendo y Franco parece estar buscando en todo momento a sus tres compañeros de ‘Ahora me ves’, calcando sus gesticulaciones e interpretación. La cinta al menos muestra a una convincente Emily Meade, actriz que hemos podido ver en la serie de televisión ‘The Leftovers’ o en un breve y genial papel en ‘Money Monster’. Meade interpreta a la amiga alocada de Vee (Sydney) y se convierte en lo mejor de la obra. Juliette Lewis también se deja ver, pero sus apariciones son a todas luces insustanciales e incomprensibles.

En el lado de la dirección, el tándem de realizadores pierde la oportunidad de mostrar un producto bien definido. El montaje se pierde en momentos videocliperos con temas musicales acordes a ello y no destacan las buenas elecciones: los acertados planos en los que los protagonistas interactúan con sus ordenadores o teléfonos móviles y los momentos que simulan ser grabados con las cámaras de los smartphones.

‘Nerve: Un juego sin reglas’ termina siendo una película de adolescentes más buscando una noche de rebeldía con un mensaje totalmente vacío. Juega a proponer al espectador los peligros existentes en la red: una vez que aceptas participar en el juego todos tus datos publicados en las redes sociales son absorbidos por los organizadores (fotos, hobbies, mensajes,…). Sin embargo, no profundiza en su propio mensaje y tan solo pasa de soslayo por el problema real de tener toda tu vida en internet, como otras películas recientes. Me vienen a la mente ‘Jason Bourne‘ o la ya mencionada ‘Money Monster’. Si intenta concienciar a alguien sobre el peligro de publicar su vida personal en la red, desde luego no lo consigue.

Fallo de Rácord