Paperboy – BitBack

Cada vez que me pongo a pensar en juegos retro me es inevitable pensar en Atari y en la época dorada que vivió esta compañía en los 80. Y de entre todos los clásicos que podemos disfrutar hoy en día gracias a su trabajo, esta semana he decidido traeros al chico de los periódicos, PaperBoy.

Para los que nunca hayáis oído hablar de este juego (o sois muy jóvenes o habéis vivido en una cueva durante los últimos 30 años) os diré que nos ofrece lo que precisamente su nombre nos indica, tomar el control de un repartidor de periódicos. Este “trabajo” no es que fuese (ni sea) muy habitual por nuestros lares, pero oye, si algo he aprendido de las películas de sobremesa del fin de semana es que en EEUU no has tenido infancia si no has trabajado algún verano como repartidor de periódicos.
El hecho de que la actividad que se desarrolla el juego no sea de carácter general en todo el mundo podría hacernos pensar que este juego pasó desapercibido más allá de las fronteras de los EEUU, pero no sólo no es el caso si no más bien todo lo contrario, porque Paperboy se convirtió en un éxito a nivel mundial.

Como la mayoría de los juegos desarrollados por Atari, Paperboy vio la luz en los salones recreativos para no tardar mucho en dar el salto a las consolas domésticas. Una de las primeras conversiones en ser publicada fue la de Atari 2600, pero las más importantes sin duda alguna fueron las de NES y Master System, ya que el éxito alcanzado por el juego fue gracias a todo el público que lograron alcanzar con estas dos versiones.

A pesar de que publicarlo en las consolas del momento era una garantía de éxito, de nada hubiese servido si el juego fuese malo, algo que no fue el caso. Los gráficos eran los que eran y aprovechaban los recursos técnicos del momento, así que seguro que a más de uno le parecen malos o simplones. Pero qué queréis, estamos hablando de principios de los 80 y tanto las recreativas como las consolas que hacían gala de este tipo de gráficos eran lo más en ese momento. Eso sí, con el salto a las 8 bits de Nintendo y SEGA los gráficos se vieron notablemente mejorados.

El juego en sí mismo se desarrollaba bajo una perspectiva isométrica y representaba la típica calle de barrio residencial de cualquier ciudad de EEUU. Nuestro chico de los periódicos debía dedicarse a recorrer dicha calle con su bicicleta para, lógicamente, repartir los periódicos, y es aquí donde entra la “dificultad” de la jugabilidad. No valía que tirásemos el periódico en cualquier lugar, si no que debíamos hacerlo en el punto concreto, y cuanto más cerca cayese más puntos obteníamos.
El tema de tener buena puntería no sólo nos sirve para ganar más puntos, ya que no es cuestión de lanzar los periódicos al tún-tún y romper las ventanas de todo el vecindario.

¿Qué simple, no? ¿Sólo teníamos que avanzar y “disparar”? Pues no, porque debíamos avanzar, “disparar” y esquivar. Al representar una calle de un barrio residencial, en ella nos encontraremos con la típica actividad que se desarrollaría en una de verdad. Animales domésticos, transeúntes, coches entrando o saliendo de sus garajes, vallados, skaters, gente que está quieta en la acera porque sí, obras, o cruces de calles (con tráfico incluido), eran algunos de los elementos que se interponían en nuestro camino y que hacían las veces de obstáculos.

El avance de pantallas (las cuales finalizan en una especie de “ronda de bonus” en un descampado al final de la calle) nos muestra el día a día de nuestro trabajo, así que comenzaremos el juego en lunes y deberemos atender las entregas de nuestros suscriptores. Y como si se tratasen de los suscriptores de un canal de Youtube, dependiendo de cómo lo hayamos hecho ese día nos encontraremos que en la fase/día siguiente estos habrán podido aumentar o disminuir. En caso de que hayamos sido muy chapuceros, nos hayamos saltado alguna casa o hayamos roto muchas ventanas nos encontraremos con una drástica reducción de suscriptores, lo que se traduce en menores probabilidades de conseguir puntos.

Puede que con este juego no os saquéis un dinerillo extra como si repartieses periódicos de verdad, pero sí que os podéis asegurar unas cuantas horas de diversión. O de hacer el gamberro rompiendo ventanas virtuales por el vecindario, esto ya a gusto de cada uno.