Pokémon GO no es un juego, es el culpable de todos tus males

Hablar de Pokémon GO se ha convertido en algo recurrente desde mediados del verano. Sin embargo, el juego de Niantic Labs ha conseguido colocarse no solamente en el número uno de aplicaciones descargadas, sino también en el elemento ideal sobre el que librarse de toda culpa en referencia al problema que se tercie.

La viralidad que ha conseguido el jueguecito de los monstruos de bolsillo ha jugando tanto en su favor como en su contra, sin embargo, los cauces que han alentado esas dos caras de la misma moneda han sido completamente distintas. Y esto da mucho que pensar, y mucho miedo, también a la vez.

Por un lado hemos tenido lo innegable: que mucha gente que no tocaba un móvil para jugar se enganchase, aunque fuese por días, a eso de capturar pokémon. Y eso que Pokémon GO no partía precisamente de una buena casilla de salida ya que todo lo que sabíamos del juego (que era poco), nos estaba pareciendo más una hostia de dos pares de narices que un éxito como finalmente ha sido.

Demostraciones retrasadas, betas con fallos más que clamorosos, elementos muy repetitivos, pocas funcionalidades y accesorios demasiado caros para un casual pero a la vez demasiado simplificadores para un pro. Estas, y otras cuantas, eran las críticas que le llovían a The Pokémon Company y a Niantic Labs sobre el Pokémon GO que nos estaban enseñando.

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Sin embargo, un buen día, el juego se lanza y, a través del boca a boca más que de otro medio, la gente consigue lo que era impensable: tirar abajo los servidores por la brutal demanda de hacerse con los pokémon desde el día uno.

Esto provocó leves retrasos en el lanzamiento del juego a nivel mundial y severos problemas en la gestión de los servidores las primeras semanas. Pokémon que no aparecían, bloqueos del juego, localizaciones impensables…

La cosa es que la gente estaba contenta y los pokémon estaban en nuestra vida de nuevo ¡y de qué manera! Tal fue el éxito del lanzamiento, que Pokémon GO consiguió desbancar del número uno las búsquedas de porno en internet y salir en los medios de comunicación no especializados, como los telediarios, las tertulias y, por mucho que me duela admitirlo, hasta en revistas del corazón.

Por desgracia, estos medios no trataron tan bien al juego como los usuarios. Mientras los últimos se dedicaban a jugar, cazar pokémon, hacer quedadas (lo de disfrazarse nunca fue necesario), ir con amigos a dar paseos o destrozarle las siestas a sus perros, los mass media tiraron más bien por el camino opuesto: el morbo.

Si bien es cierto que hablar de Pokémon GO garantizaba (y a día de hoy lo sigue haciendo, aunque en menor medida) un buen puñado de visitas, comentarios o impresiones, con este contenido “habitual”, por llamarlo así, parecía que no era suficiente. Los buenos números de la app, las frikezas de los jugadores, ese chico que consiguió atraparlos a todos en poco tiempo… todo eso estaba bien, pero sin más adjetivos. Y entonces comenzó a salir mierda, y perdón por la expresión.

Las curiosidades, como el huevo de pascua del nombre de Eevee para evolucionar, dieron paso a algunas de las bizarradas más absurdas, como la denuncia de una chica por la violación de un Pokémon. Decid lo que queráis, pero esto es morbo puro y duro y sin ningún tipo de información relevante y, mucho menos, interesante.

Por desgracia, una vez la rueda comienza a girar, no hay quien la pare. Día sí, día también, Pokémon GO pasó de ser portada por los números que tenía y lo original de sacar a la gente a la calle, a serlo por los peligros que representaba para la sociedad.

Pederastas acechando en zonas clave, ladrones esperando en una poképarada para robarte tu móvil de alta gama o conductores ávidos de Pokémon que van atropellando a la gente son algunos de los ejemplos de cómo Pokémon GO dejó de ser algo interesante y se convirtió en un generador de morbo y un receptor de culpas perfecto para los medios de comunicación, sobre todo los no especializados. Porque, sí, queridos culpables, Pokémon GO tiene la culpa de todo.

Y es que el hecho de que alguien te pegue un tiro por entrar en su jardín para cazar pokémon porque te ha confundido con un ladrón es, por supuesto, culpa de Pokémon GO y no de unas leyes más que discutibles sobre la tenencia y el uso de armas.

O el hecho de tener accidentes por la calle (desde chocarse contra una farola hasta que seas atropellado por un coche), es porque estaban jugando a Pokémon GO, pero no mirando Facebook, el GPS, llamando o escribiendo un mensaje por Whatsapp.

pokemon go genera 160 millones

Pero es que llegamos al hecho de que es más fácil echarle la culpa a Pokémon GO de la falta de seguridad de las escuelas, que asumir que hay un problema por otro lado. No, no me lo estoy inventando. Esto es lo que está haciendo Francia en estos momentos, ya que su ministra de educación quiere eliminar Pokémon GO de las escuelas porque es un peligro para los niños, ya que, ojo al dato, atrae a gente no deseada a sus alrededores.

Sinceramente, si alguien jugando a la aplicación se puede colar en una escuela y poner en peligro a los estudiantes o a los profesores, la última de las causas es Pokémon GO.

Entiendo que todos estos problemas tienen un denominador común, y ese es el título de Niantic Labs y de The Pokémon Company. No estoy ciego y soy capaz de asumir que jugar a la aplicación sin responsabilidad puede acarrear problemas muy serios. Pero, ¿de verdad esto es problema de la aplicación o es problema de los usuarios? Y pongo un ejemplo para intentar aclararlo.

Pokémon GO fue diseñado para que tú, como persona, salgas a la calle y, mientras andas, captures pokémon en determinados puntos y combatas en gimnasios pokémon. Hasta aquí todo bien. El problema llega cuando alguien decide jugar al juego mientras conduce, o entrar en zonas restringidas para conseguir algunos monstruos, o incluso atravesar la calle sin mirar a los lados. En este punto, comparemos con otras aplicaciones, por ejemplo, Whatsapp, Facebook, Twitter, Instagram o cualquiera que se os venga a la cabeza.

pokemon go atraco

Si Pokémon GO es el culpable de estos “accidentes y problemas”, ¿por qué estas aplicaciones no lo son igualmente? Nadie diseñó Whatsapp para mandar mensajes mientras se conduce, o para hacerse fotos y subirlas mientras decides estar en el borde e un precipicio. Es que incluso las redes sociales partieron de la idea de la honestidad de sus integrantes y muy pocas veces esto se cumple.

¿Es entonces un fallo de la aplicación o un fallo de la gente en sí? ¿Quién tiene la culpa, el desarrollador que hace una herramienta o el usuario que decide usarla como no es? Aquí está el dilema y aquí podríamos hablar largo y tendido (y lo haremos si queréis). Sin embargo, parece que los mass media han decidido hacer de Pokémon GO una alerta social más que un juego para disfrutar y, qué narices, capturar más pokémon que tu vecino.

Es evidente que el juego debe de evolucionar también con respecto a las exigencias y a los problemas que se van ocasionando con su uso. Muchas poképaradas y gimnasios han ido desapareciendo de lugares sensibles para evitar problemas de convivencia. Niantic ha ido eliminando a los tramposos del juego y ha puesto una barrera de velocidad a aquellos que quieran jugarlo. Y seguramente, iremos viendo más mejoras, no solo en lo jugable, sino en la seguridad de Pokémon GO, que harán que la aplicación sea mucho mejor que cuando se lanzó.

Pero ¿por casualidad habéis visto a muchos medios no especializados hablar de estas mejoras de seguridad en Pokémon GO? Mucho me temo que no, ya que han preferido centrarse en la (y no me invento la palabra ni el contexto) zombificación de los jugadores para conseguir tanto información como control sobre sus acciones, o en que el juego puede (y vuelvo a no inventarme la noticia) atraer a gente no deseada a los centros escolares, en este caso de Francia, y poner en peligro a la comunidad educativa.

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No sé qué concepto de aplicación tienen algunas personas pero, por el momento y que yo sepa, no conceden poderes sobrenaturales, como atravesar paredes, o no sirven de acreditación para saltarse los controles de seguridad de cualquier lugar. Y, por supuesto, jugar a Pokémon GO no te convierte en delincuente. Como mucho, y depende de cómo vayas por la vida, en un intento de ser humano con menos madurez que una cría de chinche.

Por desgracia, no es la primera vez que algo como esto ocurre. Los juegos que han ido teniendo éxito, sea cuando sea, han sido también diabolizados por la prensa. Si no, recordad que todo lo que tenga que ver con katanas es culpa de Final Fantasy VII o de los juegos de rol (aún recuerdo cómo mi madre me prohibía ir a jugar a rol con mis amigos y tenía que irme a escondidas para echar una partida de Dragones y Mazmorras), o que en cuanto un loco al volante tiene alguna relación con GTA o Carmageddon, se convierte automáticamente en un problema de videojuegos.

Por ello, y por el bien de los propios medios de comunicación, creo que es necesario que se planteen realmente qué narices están haciendo, en este caso con Pokémon GO, que es el juego del momento, porque usar el morbo para conseguir más visitas, más espectadores o más oyentes puede estar bien hasta determinado punto (sobre todo si eres Telecinco, que ya sabemos de qué va). Pero llevar las cosas hasta los extremos a los que se está llegando con Pokémon GO solo va a conseguir generar más problemas que soluciones.

Por el amor de algún dios, que solo es un juego.