Sherlock 4x03 - Crítica

Sherlock despide su cuarta temporada con un episodio muy por debajo del nivel del anterior, a pesar de sus grandes actuaciones, sus tensas escenas y su impactante trama.

Después de tanto tiempo esperándola, la cuarta temporada de Sherlock ha llegado a su fin. Y lo ha hecho con un capítulo que me ha dejado una sensacion muy rara. “El problema final” prometía ser épico y apoteósico y nos ha presentado una trama muy loca pero muy por debajo del nivel del anterior episodio.

No creo que malo sea la palabra que busco, ya que no me lo ha parecido para nada. Las actuaciones han sido una vez más de 10 y la trama ha estado bien pensada, pero no tan inteligente a como nos tiene acostumbrados Sherlock. Donde en otros capítulos hemos descubierto emocionantes casos que parecían imposibles de deducir, en este hemos vivido una sucesión de escenas hechas para que muramos de la tensión. Pero tal vez demasiadas, abusando del recurso hasta los últimos minutos. Sherlock no es Saw, pero este capítulo lo ha parecido y mucho.

El drama familiar de los Holmes

Toda la trama ha girado en torno al personaje que conocimos en el anterior episodio, Eurus Holmes. Esto estaba claro y además merecíamos una explicación de quién era, qué hacía y qué quería. En este aspecto no tengo queja y me ha gustado mucho la forma en la que la han relacionado con Moriarty (de este hablaré más en el siguiente apartado). Peeeero, ¿era necesario un capítulo tan lleno de clichés y de tensión forzada para hacerlo pasar mal al espectador?

Hasta cinco veces ha utilizado Eurus el recurso de “resuelve esto en x tiempo o alguien morirá”. La primera vez ha sido tensa, la segunda también, la tercera ya olía un poco, pero es que la cuarta y la quinta era para pensar que para ser una mujer tan inteligente, lo de la originalidad no lo llevaba muy bien. Ojo, creo que Eurus es un personaje interesantísimo y he disfrutado mucho con sus diálogos, pero, en mi opinión, su plan ha dado unas vueltas que no eran para nada necesarias.

Los enemigos de esta serie no suelen ser malos porque sí. Moriarty estaba muy loco, pero dentro de su locura tenía la cabeza muy bien amueblada. E Irene Adler, Magnussen y Culverton Smith han sido todo un reto intelectual para Sherlock. Pero todo el plan de Eurus, matando gente porque sí, ha sido un poco absurdo. Si su objetivo real era que Sherlock conociese la verdad sobre Barba Roja, ¿eran necesarias todas esas pruebas matando gente desconocida? ¿Simplemente querían mostrarnos lo loca que estaba? ¿Por qué le interesaba tanto que le dijese a Molly que la quería? Sí, la respuesta puede ser “es que está loca”. Pero no me vale, no en una serie como Sherlock.

He disfrutado mucho con algunas escenas aisladas, pero no con el conjunto de ellas, porque, como ya he dicho, creo que han abusado de ese “efecto Saw” marcado por decisiones horribles en las que ninguna opción es buena. Y claro, el efecto se ha perdido un poco. La presentación de Eurus a lo “El silencio de los corderos” ha sido muy efectiva, y toda la metáfora del avión cayendo para expresar cómo se sentía es bastante ocurrente (yo he llegado a debatirme entre si el avión existía realmente o no, pero no me imaginaba para nada ese final). Lo malo es que esto queda enterrado entre tanta tensión impostada y tanto fallo de guion (¿Cómo metió una niña a su hermano pequeño en el fondo de un pozo y cómo salió ella de allí? ¿Por qué John está encadenado al pozo pero luego sale con una cuerda? Please, Sherlock, que estos fallos son de principiante).

El casi-regreso de Moriarty

En el apartado de personajes, tengo que destacar a uno: MORIARTY. Si su entrada en helicoptero con “I want to break free” de fondo no ha sido lo mejor del capítulo, que baje Arthur Conan Doyle y lo vea. Qué grande era y cuánto se le echa de menos. Estoy segura de que todos hemos sentido una pizca de emoción en cuanto lo hemos visto, pensando que había regresado (por muy imposible que sea), y se nos ha caído el mundo al leer “cinco años antes”. Aún así, ha sido maravilloso volver a disfrutar de la gran actuación de Andrew Scott, breve pero muy intensa.

Ahora vuelvo a mi indignación, ya que personalmente me parece fatal que no hayan aprovechado el grandísimo personaje que es Irene Adler. Lo tenían a huevo, como se dice. Ya la habían nombrado en el anterior episodio, se sabía que se mensajeaba con Sherlock. Y en el momento del “Te quiero”, justo cuando parecía que la ibamos a volver a ver… zasca, era Molly. Que sí, que la pobre Molly es un encanto y ha sufrido más que nadie con su amor por Sherlock, pero ay, qué genial hubiese sido volver a ver a La Mujer. Aún así lo he pasado bastante mal con Molly, ya que se nota que Sherlock no la quiere y no creo que nunca la llegue a querer (a un nivel romántico, vaya).

Mark Gatiss vuelve a estar sublime como Mycroft, un personaje al que tienes que acabar queriendo sí o sí. Benedict Cumberbatch se merece ya todos los Emmy y Globos de Oro que le puedan echar encima, igual que Martin Freeman. En esta temporada escenas de  drama y tensión han tenido para dar y regalar, y han demostrado al máximo sus dotes interpretativas.

Por otro lado, la nueva adquisición de la serie tampoco ha decepcionado. Sian Brooke interpreta a Eurus de una forma muy inquietante, mostrando su locura de una forma calmada y sin llegar a la expresividad y a la hiperactividad de Moriarty. ¿Y qué me decís de la señora Hudson escuchando “The number of the beast” mientras pasaba la aspiradora? Entre esto y su deportivo, la mujer se ha ganado la temporada.

¡La crítica continúa en la siguiente página!

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