Stranger Things - Crítica

Netflix vuelve a lucirse una vez más con una serie propia, la que todos vais a recordar como Stranger Things, que se estrenó el pasado 15 de julio y que con su historia y su ambientación ha conseguido cautivar a miles de espectadores de todo el mundo.

Es lo que tiene hacer una historia más que interesante, con una ambientación ochentera cuidadno hasta el último detalle, y creando personajes tan carismáticos como una de sus protagonistas, Joyce Byers (Winona Ryder) o a un enemigo a batir que con muy pocas palabras es capaz de conseguir nuestro odio más profundo y visceral.

La verdad es que me cuesta un poco definir con pocas palabras a Stranger Things ya que, pese a ser un clarísimo homenaje a esas míticas películas e historias de los años 80, no encuentro algo con lo que destacar su estilo. De hecho, lo más recurrente en mi cabeza es que la serie es una mezcla entre los Goonies, E.T., Super 8 y Silent Hills. Sí, y no por lo obvio, sino por la trama y por cómo la cuentan.

Y es que Stranger Things comienza de una forma algo bastante tipicona. Un accidente en un laboratorio militar escondido en un pequeño pueblecito de Estados Unidos acaba con dos sucesos paralelos bien distintos. Por un lado, un ser (llamémosle así por el momento) se escapa de las instalaciones y no tarda en buscar comida por los alrededores. Por desgracia, una de sus presas es el joven Will Byers (Noah Schnapp) que desaparece del pueblo e inicia el efecto dominó que nos explica toda la serie.

Por otro lado, aparece una extraña chica (Millie Bobby Brown) a la que conoceremos por Ce (u Once) y que parece que tiene poderes telequinéticos sobrenaturales.

Con estos dos escenarios, la historia se va entremezclando para contarnos los misterios que rodean a la desaparición del joven Will y la búsqueda por parte de dos grupos bien diferenciados.

Por una parte, sus inseparables compañeros de clase, aventuras y vida en general, Mike (Finn Wolfhard), Dustin (Gaten Matarazzo) y Lucas (Caleb McLaughlin) de la mano de Once, que parece tener muchas de las respuestas que buscan.

Por otra, su madre Joyce y su hermano Jonathan (Charlie Heaton), que tendrán que convencer al jefe de la policía del pueblo (David Harbour como Jim Hopper) de que hay algo mucho más allá de lo que todos ven y que otros personajes, que al principio parecen triviales, irán descubriendo con mucha mala suerte.

stranger things criticaCon todos estos elementos, los hermanos Duffer en siete de los ocho capítulos y Shawn Levy, en el restante, se encargan de darle cuerpo a una historia que engancha y que consigue mantener un ritmo muy alto en todos y cada uno de los episodios, siendo casi ningunos los momentos en los que decae nuestra atención hacia los acontecimientos.

Y es que todo está perfectamente hilado en la historia. Cada mínimo detalle, cada frase, cada encuentro, cada personaje. Todo está encajado en el puzle que es Stranger Things para que nos vayamos dando cuenta poco a poco de lo que ha pasado en realidad y que, para alegría de muchos, no es lo que en un principio parecía.

El elenco de actores, en su mayoría, consiguen transmitir bastante bien sus papeles, sin embargo, y para mi gusto, los más pequeños, quitando en varias ocasiones al joven Mike, no brillan en ningún momento. A esto hay que añadirle que su doblaje es particularmente malo en la mayoría de los casos, cosa que no ocurre en absoluto con los personajes adultos.

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Quizás sea otro guiño más a las series y películas a las que hace referencia u homenaje, quizás sea que simplemente, los chavales no daban más de sí, pero ni con el doblaje original, algunas escenas conseguían mejorar.

Sin embargo, no es ni mucho menos una mala actuación por parte de los chicos, pero contrasta bastante con el papelón que hace Winona Ryder como madre desquiciada, loca y “pa pegarle tres patás en la cabeza”.

Otro de los grandes puntos fuertes de la serie, sino el que más, es por supuesto su ambientación. Stranger Things está ambientada en noviembre de 1983 y todo, pero absolutamente todo lo que veamos y escuchemos, nos va a recordar una y otra vez a esa época y a esas películas.

Desde la banda sonora hasta los looks, pasando por cualquier mínimo detalle en los escenarios, como los pósters en las habitaciones de los niños, la insufribles moquetas de las casas americanas, esas bicis de antaño que eran “tan molonas” o una banda sonora con sonidos electrónicos que no van a conseguir más que trasladarnos aún más a esos momentos.

Además, las referencias de los personajes también están medidas para que nos den ese toque de ambientación que, quizás, aún nos queda por completar. Sus personalidades, las películas, sus gustos, sus aficiones. Todo vuelve a estar especialmente atado y cerrado con un mimo que ya querrían muchas series y películas de hoy día imitar.

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En definitiva, os he hablado de una historia que engancha, de unos personajes carismáticos (incluso cuando sobreactúan), una ambientación de diez y un ritmo que hace que los 50 minutos de cada capítulo se pasen en un suspiro.

Esto solo puede significar una cosa, y es que la serie rezuma bondades por todas partes, y no me queda otra que recomendárosla una y otra vez hasta que me hagáis caso y la veáis.

Culpables, Stranger Things es la serie del verano y si no me creéis, tendréis que verla para luego darme la razón.