the Mandalorian recupera la esencia de Star Wars

The Mandalorian recupera la esencia de Star Wars

No es sólo por las naves o los aliens, hay mucho más, pero sin duda The Mandalorian recupera la esencia de Star Wars.

Tengo que reconocer que, en lo que se refiere a Star Wars, no soy la mayor fan. A ver, sí, veo las películas, muchas las disfruto… pero tampoco me moriría si no voy a ver la última película al cine o si me pierdo capítulos de The Clone Wars o similares. Pero… la cosa es que con The Mandalorian, mi forma de ver la serie en la actualidad ha cambiado un poquito. Y es que creo que The Mandalorian recupera la esencia de Star Wars. Ojito que habrá spoilers de la serie.

Voy a explicarme, que si no esto queda muy raro. Soy de las que ha visto los seis capítulos originales de la saga con bastante interés. Me parecen unas buenas películas de ciencia ficción, y el modo en el que trataban las cosas me parece bastante acertado. Incluso tenía mis favoritos: Darth Vader queráis que no es un clásico, Qui-Gon Jinn me parecía un auténtico héroe… en definitiva, todas se me hacían entretenidas por algún que otro motivo, teniendo a sus personajes entrañables y momentos a recordar.

Con la nueva hornada de películas… bueno. Muchos dicen que estaban estrangulando a la gallina de los huevos de oro, y en parte, lo comprendo. Curiosamente, fui de las pocas que disfrutó del episodio VII. Lo vi, a fin de cuentas, como un homenaje al capítulo IV, pero con nuevas caras. Seré de pensamiento simple, pero eso al menos, a mí, me bastó para disfrutar en el cine. Pero a partir de ahí… Rogue One me pareció bastante normalita, sin llegar a emocionarme realmente. Creedme, da igual que sepas cómo va a terminar una cosa para que algo funcione, y es que, al fin y al cabo, salvo la escena final de la película, no consiguió emocionarme en absoluto. Sería cosa de los tempos de la película, supongo, aunque yo tampoco soy crítica de cine.

Tras ello, vino una debacle bastante curiosa. El capítulo VIII me entretuvo, pero menos que la anterior. Algo había ahí que no terminó de cuajarme, pero bueno, no fue para tanto, pensé. Luego llegó Solo. Ay Solo. Literalmente me dormí en el cine. Palabra. No vi cosa más soporífera y carente de interés en mi vida. Y, tras ello, llegó el capítulo IX. El gran cierre. Que, sin embargo, me hizo cabrearme. Como digo no soy una gran fan, pero la película tuvo muchísimas cosas que no me gustaron, muchísimos deus ex, y una falta de darte tiempo para asimilar las cosas demasiado grande, que hizo que me fuera con mal sabor de boca de la sala de cine. No llegué a conectar con estas películas.

¿Y a qué viene todo esto, si lo que quiero es hablar de The Mandalorian y ya  ha cerrado la segunda temporada? Pues es que no me queda otra, culpables, a fin de cuentas, el cierre de esta segunda temporada me ha parecido, cuanto menos, digno de mencionar. Durante la primera temporada ya se veían buenos mimbres, sin embargo, en lo personal, no llegaba a conectar con Mando del todo. A pesar de que se esforzasen, el personaje seguía siendo demasiado poco orgánico, demasiado «encorsetado», pero es normal. A fin de cuentas, son unos inicios, y el personaje tiene que tener tiempo para evolucionar.

Sinceramente, creo que esta evolución se ha hecho bastante más palpable en esta segunda temporada, en especial en los últimos dos capítulos de la misma. En ellos queda doblemente patente la evolución del mandaloriano, aún con reticencias por su parte. Pero es la gravedad de las cosas la que le lleva a eso. A eso y, por supuesto, el aflore de los sentimientos por el pequeño Grogu. Este ya no era simplemente aquello que el Camino te instaba a proteger. Era alguien con quien ya había establecido una conexión, una relación, y se palpa la ternura y el entendimiento (o la falta de él) durante toda la segunda temporada.

the Mandalorian recupera la esencia de Star Wars

Pero, como digo, es en los últimos dos capítulos donde esto queda más a la vista. Y es que vemos el resultado de todo el cambio de Mando. Cambiar tus creencias, tu forma de pensar, nunca es sencillo, y vemos su reticencia a ello. En lo referente a no mostrar la cara, a tener que dejar (más aún) de hacer las cosas solo… quizás sea de manera muy sutil, pero se ve cómo las ideas que le dan el resto de personas van calando en él poco a poco hasta llegar al momento álgido: el quitarse el casco.

Con ese simple acto, los productores no sólo nos quieren decir lo evidente. Es una forma de decirnos que se «desnuda» dejando ver su auténtico ser. Que se está dando cuenta de que, por aquellos con los que ha formado un vínculo, merece la pena salir del cascarón, abrirse, aunque eso te deje vulnerable. ¿Merece la pena? Pues para Mando parece que sí al menos, y lo cierto es que yo lo veo como una metáfora preciosa.

Y este simple hecho me hace ver la esencia de Star Wars ahí. Para mí, Star Wars no es simplemente una saga de ciencia ficción en la que hay naves espaciales, aliens raros y poderes especiales gracias a la Fuerza. Aunque debo reconocer que esto último tiene bastante que ver con mi forma de entender la saga. A fin de cuentas, una energía que permea a todos en el universo en mayor o menor medida sin lugar a dudas habla de unidad, de relaciones.

Y es que sí, culpables. Para mí Star Wars habla mucho de eso. De relación padre e hijo, truncada por los acontecimientos, pero que hace tomar mejores decisiones. De relación maestro y alumno, y lo compleja que es esta. Incluso de relaciones de amor que se vuelven tóxicas. Esa es la esencia a la que me refiero. Es la que se siente durante el camino de Din Djarin.