Videojuegos e internet, agua y aceite

Tengo la firme convicción de que los videojuegos y ese mundo paralelo a la realidad llamado internet no hacen buenas migas. Y no me refiero al aspecto técnico, que de eso podríamos llenar tranquilamente otro artículo, sino del componente social que acompaña al sector desde hace unos años. Y es que cada día tengo más claro que mi manera de jugar o de moverme en este mundillo es en solitario. Soy consciente de que suena bastante incoherente con el hecho de dedicarme a escribir sobre videojuegos en una web, pero digamos que toda esta parte de la socialización me pilla a contrapié y a desgana.

También sé que esto puede verse como un “en mis tiempos…” o una rabieta de abuelo cebolleta, pero soy un usuario asiduo y convencido de internet. Me encantan los vídeos de gatitos y de gente que se cae. Me informo, me entretengo y hago todo lo que puedo a través del ordenador en vez de usar los medios tradicionales. Así que el problema no es que la red de redes me haya pillado mayor, sino que los comportamientos que se reproducen en ella me suponen más un problema que un valor añadido al sector de los videojuegos.

La teoría de compartir tu afición con los amigos o incluso conocer algunos nuevos era muy buena, pero el ser humano siempre suele encontrar la manera de joderlo todo.


“Internet ha traído a cuestas un cambio en la posición del tonto del pueblo: de estar escondido a alardear de su ignorancia”

Si nos centramos en el que sería el primer contacto entre videojuegos e internet, que no es otro que el juego online, vamos a encontrar en un momento u otro un buen número de tramposos y otro tanto de gente con mala educación y peor perder.

No sólo ahora, que tan de moda se ha puesto el catalogar a todo ser despreciable como niño-rata, sino que ya pasaba por allá el año 2000 en los servidores del Diablo II, por decir alguno. El motivo suele ser siempre el mismo: querer ser mejor que el resto pero no tener la habilidad necesaria para destacar por méritos propios.

Usar hacks, cheats, trainers o cualquier otro tipo de ayuda externa para ganar sin esfuerzo siempre ha estado a la orden del día. Y si no existe esa posibilidad, pues liarse a insultar, menospreciar y dar la nota para que nadie juegue a gusto y camuflar así su incapacidad.

videojuegos internet agua aceite

Y la base, la raíz del problema, es la misma siempre: llamar la atención. Y es que internet, además de muchas otras cosas, ha traído a cuestas un cambio en la posición del tonto del pueblo. De estar escondido en casa o trabajando lejos de la gente a alardear de su ignorancia y mala educación en primera línea. No es algo exclusivo de los videojuegos, podemos verlo en cualquier foro o blog, da igual la temática, pero no es ningún consuelo para los que queremos disfrutar de esta afición en paz.

Tampoco pretendo demonizar a la red, no deja de ser una herencia de la televisión y la sociedad en la que vivimos, pero es más fácil acceder a internet para decir tonterías que conseguir tener un hueco en la programación. Los dos tweets siguientes son un ejemplo perfecto: cuando alguien comparte algo interesante, automáticamente recibe una respuesta negativa con ánimo de invalidar tanto el contenido como la ilusión puesta en el mensaje.

Aquella famosa afirmación sobre la piratería que dice que “no se pueden poner puertas al campo” es igual de aplicable al comportamiento humano en una herramienta tan extendida como internet. Si quieres tranquilidad, tienes que hacer las cosas de forma privada: partidas con contraseña, streams por invitación, redes sociales con candado, vamos, todo lo contrario a la idea de compartir con los demás tu afición.

Eso o llenarte de paciencia, de infusiones para relajarte y alcanzar una paz espiritual similar a la del Dalai Lama. Y aún así, te plantearás a menudo si vale la pena mezclar los videojuegos con internet. Yo sigo pensando que no y no sólo por lo que se refiere a la interacción con otros usuarios, sino también por su utilización por parte de los medios y las compañías.

Porque de la misma manera que las peluquerías están deseando que los futbolistas cambien de peinado por la influencia que tienen sobre los jóvenes (y no tan jóvenes), la industria del videojuego también tiene sus propios modelos a seguir: los youtubers. No dudo de que haya algunos realmente profesionales y apasionados por jugar, pero muchos otros se venden por un par de billetes, una entrada para el cine y una caja de bebidas energéticas.


“El problema es que darle ese poder de manejar a la masas a su antojo a gente con pocos escrúpulos”


El problema es que darle ese poder de manejar a la masas a su antojo a gente con pocos escrúpulos puede terminar mal. Tan mal como que tres amigas estén compartiendo un stream con sus amigos y chorrocientos energúmenos les llenen el chat de “pollas, penas, nabos y rabos” por orden del youtuber de turno. De buen rollo. Era una broma. Y todo lo que haga falta para justificar una cagada del tamaño de las lunas de Jupiter.

Dejando las connotaciones sexistas a un lado, que las tiene, cualquiera en su sano juicio entenderá que una actitud así no es ni normal ni buena. Se dirá por activa y por pasiva que el instigador de ese ataque no es ni machista ni violento, pero nuestros actos nos definen y no todo el mundo está mentalmente preparado para tener una audiencia. La publicidad, los clicks, los clientes potenciales han convertido internet en un “todo vale” para ganar dinero y, por desgracia, los videojuegos no son ajenos a esta carrera por el céntimo de más. Llamar la atención a costa de la dignidad de otros o utilizando el morbo como reclamo es el pan de cada día en redes sociales y en supuestos portales de noticias.

videojuegos internet agua aceiteNo soy ingenuo. Todo esto es un negocio que, además de dar trabajo a mucha gente, tiene que dar beneficios a los de arriba. Y la mejor manera de vender su producto es bombardearnos con todo tipo de información que cree la necesidad de no quedarse atrás. Hemos pasado de enterarnos de los lanzamientos prácticamente el mismo día que salían al mercado a tener un teaser del trailer que servirá como anuncio de la fecha en la que veremos el primer avance oficial de un juego, en el que, con un poco de suerte, sabremos cuándo se lanzará el título en cuestión. Y ni siquiera pestañeamos. Y si se cumplen esos plazos aplaudimos, por la falta de costumbre. El juego no funcionará como es debido, pero gracias a internet, podremos descargar un parche que lo solucione en un par de días.

También es verdad que cuando no teníamos esa posibilidad, si un juego salía a la luz con un fallo, así se quedaba por los siglos de los siglos. Y si algún puzzle o pantalla se te atravesaba y no tenías manera de pasarlo, pues no había ningún tutorial en Youtube o Gamefaqs que te ayudara a seguir adelante. Si tenías suerte, podías encontrar la solución en alguna revista, pero si no, no te quedaba más remedio que echarle horas hasta encontrar la solución o la mejor estrategia posible para superar el obstáculo en cuestión. Hoy en día puedes ir de la mano de alguien de principio a fin de casi cualquier juego.


“¿Qué gracia tiene empezar un juego y estar durante media hora o más repitiendo algo que ya he visto?

Y no es hipocresía, que yo también me he ayudado en alguna ocasión de internet para avanzar, pero a veces desearía no tener esa opción y tener que depender más de mi mismo. A ver, que nadie te pone una pistola en el pecho para que uses esa alternativa, buscar un walkthrough es una decisión propia.

En cambio, cada vez es más difícil que un nuevo título nos sorprenda. Además de los trescientos vídeos de avance que destripan la mitad del juego, están muy de moda los “30 primeros minutos de…” ¿Para qué quiero ver a alguien jugar? ¿Qué gracia tendrá cuando por fin pueda empezar mi juego y tenga que estar durante media hora o más repitiendo algo que ya he visto? Personalmente, huyo de este tipo de contenido como de la peste, aunque sea de juegos que no tenga previsto comprar.

videojuegos internet agua aceiteEl tema de los contenidos que te gusten más o menos es cuestión personal y tiene fácil solución: elegir mejor nuestras fuentes. Sean las páginas que visitamos o la gente que seguimos en las redes, siempre nos queda la opción de no acudir a ellas o probar con otras diferentes. Pero volviendo un poco al principio, el verdadero problema que veo yo de la mezcla entre internet y los videojuegos es el usuario medio. Puede ser culpa de la educación, de la sociedad, de la falta de “policia” en la red o de cualquier otro motivo por descubrir, pero lo evidente es que cada vez es más difícil establecer debates civilizados. El insulto, el desprecio por el trabajo de otros, el llevar la contraria sin argumento alguno, son actitudes más que comunes por los foros y rincones de internet.

Uno de los causantes es la polarización que se hace de todo: Sony – Microsoft, PC – consola, casualhardcore, machista – “feminazi”… Siempre posicionados, todo blanco y negro sin margen para alcanzar un término medio. Y, sobre todo, negando toda posibilidad al “rival” de explicarse e intentar entender su punto de vista. No hay lugar al debate, sólo cabe tener razón y anular por completo a la otra parte. Es totalmente normal que te guste más el FIFA que el PES, o viceversa, pero ¿qué más da si a otro le pasa al revés? ¿Por qué duele tanto que otro disfrute de algo diferente a lo nuestro? Seguramente alguien con conocimientos de psicología podría explicarlo mejor, pero me juego el CTRL derecho de mi teclado a que todo tiene que ver con la autoestima. Una necesidad de reafirmación personal, de sentir que estás en lo correcto.


“Si los “verdaderos jugadores” decidieran qué tipos de juegos salen a la luz, sólo tendríamos shooters clónicos y un juego de fútbol”

De ahí viene también el reparto de carnets que tan habitual es hoy en día. True gamers, posers, hardcores, casuals, todos bien catalogados según un baremo que no acabo de entender (tampoco lo he intentado). Lo fácil que es aceptar que todos tenemos una misma afición y podemos aprender los unos de los otros a disfrutar aún más de los videojuegos y ayudar a que sean un sector maduro, serio y con mejores posibilidades para ofrecernos mejores juegos.

Pero no, es más importante mantener “puro” el sector, negando el acceso a las mujeres, a jugadores ocasionales, a los que quieren juegos más artísticos o más profundos, a los que disfrutan de la tranquilidad de jugar solo, a los que quieren jugar con otros pero sin el factor competitivo, etc…

Si los “verdaderos jugadores” (normalmente chicos que tendrán entre 15 y 25 años) decidieran qué tipos de juegos salen a la luz, sólo tendríamos shooters clónicos y un juego de fútbol. Está claro que hay excepciones, pero los aspirantes a “señores en la puerta del bar” sólo quieren juegos para hombres. ¿Qué es eso de dar protagonismo a las mujeres? ¿Para qué queremos una historia que transmita emociones? ¿Juegos educativos? ¿Diálogos que te hagan pensar o que denuncien los problemas de la sociedad actual? Nada, tonterías. Queremos balas, espadas, sangre, hombres musculosos y chicas pechugonas. Y si los protagonistas tienen que decir algo, que sean frases lapidarias que demuestren lo masculinos que son. Puede parecer exagerado, pero es la realidad que nos encontramos día a día.

Ese sector de la población es el target principal de los videojuegos triple A. Los anuncios, las ferias, los youtubers, el diseño de personajes, los reclamos, casi todo está orientado a llamar la atención de ese grupo. Nos guste o no, son la base del negocio, la carnaza con la que los estudios y las distribuidoras financian el resto de proyectos que nos atraen a los demás. Internet es su hábitat natural y se han convertido en depredadores, porque les han dado el protagonismo que no tienen en otros aspectos de la vida. Eso les da alas para hacerse fuertes tras el anonimato, pero aunque sean molestos, ignorarles y dejarles luchar por su trono virtual es la mejor opción para el resto. Al menos para mí, que yo prefiero disfrutar de una historia en solitario que de una partida cooperativa sin argumento alguno.