Watch Dogs - Análisis PlayStation 4

Watch Dogs ha estado rodeado de controversia desde el principio. Desde que fue anunciado, era considerado uno de los grandes abanderados de la nueva generación, siendo incluso la estrella del catálogo de lanzamiento de PlayStation 4 y Xbox One. Como todos sabemos, no fue así, siendo retrasado al pasado 27 de mayo, cuando finalmente vio la luz, pero de una manera que no a todo el mundo gustó: el abrumador nivel gráfico visto en el E3 2012 no se parecía a lo visto en el resultado final.

Y como es habitual, quienes primero dicen que los gráficos no son importantes para disfrutar un videojuego, luego son los primeros que se quejan en estos casos. Graphic whores, que se llaman… Olvidémonos de lo que pudo ser Watch Dogs, eso es historia. Centrémonos mejor en lo que nos ha terminado llegando a las tiendas, que al final es lo importante, y del cual os voy a dar una gran noticia: es muy buen juego.

ARTÍCULO ANÁLISIS watch dogsSobre el papel, la forma simple de definir Watch Dogs es como “un GTA con un móvil”, pero en la práctica es mucho más que eso (lo que no quiere decir mejor, simplemente distinto). Para empezar, se olvida de todo ese rollo de drogas, macarras pasados de rosca y golfas para presentarnos una historia madura ambientada en un futuro próximo en el que la ciudad de Chicago está controlada por un sistema llamado ctOS, una enorme red que recaba información de todos y cada uno de sus habitantes. Bajo esta estampa conocemos a Aiden Pearce, un tipo con pasado delictivo a causa del cual sufrió un “accidente” de tráfico que dio como resultado la muerte de su sobrina Lena. Es una historia de venganza, evidentemente.

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Esa red ctOS es la base de todo el juego, ya que no solo supone el sistema que al fin y al cabo controla la ciudad, con todo lo que eso conlleva, sino que jugablemente dará innumerables posibilidades a Aiden a la hora de manipular el entorno para su beneficio, y aquí hay que hablar de Chicago, una ciudad diseñada de manera brillante, con escenarios bien diferenciados, notable ciclo día-noche y sobre todo, creada para que pensemos mil y una maneras de intervenir y resolver las distintas situaciones a la hora de llevar a cabo cada misión, principal o secundaria.

Y es que esa es una de las principales demandas que debemos exigir que cumpla la nueva generación: que no nos lleve de la mano a través del juego, sino que nos dé varios caminos para resolver una misma situación y que cada jugador elija la suya propia. En eso, Watch Dogs cumple sobradamente. Y en otra cosa no menos importante: obligarnos a pensar un plan de actuación, y es que a la hora de infiltrarnos en un centro de la ctOS, por ejemplo, habrá que elegir si lo hacemos por las bravas, de manera sigilosa, o incluso ayudándonos de las cámaras de seguridad.

Paso a paso: como shooter, Watch Dogs funciona de manera solvente, con una buena cantidad de armas desbloqueables, un comportamiento realista y un gunplay que bebe claramente del visto en Max Payne 3, con “concentración” incluída (lo que viene a ser el tiempo bala). Sin embargo, donde sorprende muy gratamente es en el apartado del sigilo, con unas mecánicas influenciadas por lo desarrollado en Splinter Cell: Blacklist, a saber: tras cubrirnos con X, elegimos la siguiente cobertura y con solo pulsar X de nuevo, Aiden se escabullirá hasta ese punto. A este sistema tan sencillo a la par que eficaz, hay que sumar la posibilidad de eliminaciones sigilosas y lo mejor de todo, la creación de gagdets como cebos electrónicos que nos faciliten la labor de pasar desapercibidos. Esto es algo que Ubisoft siempre ha hecho muy bien: aplicar mecánicas que han funcionado en anteriores juegos a desarrollos actuales.

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Pero lo que de verdad da el toque de distinción a Watch Dogs es el uso que podemos hacer de un simple smartphone. Hackear cámaras de seguridad nos servirá para situar enemigos en el minimapa y descubrir cuáles de ellos son los más importantes, ya que algunos poseen códigos imprescindibles para garantizarnos el acceso a determinadas zonas. También podemos conocer datos curiosos sobre peatones, que no servirán más que para eso, hackear sus cuentas corrientes para aumentar la nuestra previa visita a un cajero automático, o lo que es más importante, descubrir sus malas intenciones con el fin de evitar cualquier delito que estén a punto de cometer.

Todo esto, lejos de parecer repetitivo, resulta de lo más variado gracias a un árbol de habilidades que nos irá añadiendo posibilidades a las ya aprendidas, con lo que no jugaremos igual a las tres horas de haber comenzado el juego que a las siete u ocho, y eso, no nos engañemos, en un sanbox es básico. Si por algo se caracteriza el género es por una casi inevitable sensación de repetición conforme avanzamos, algo que no está en presente en Watch Dogs y es digno de alabar.

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A esto contribuyen las misiones secundarias, que son de varios tipos: de conducción (homenajazo a Driver por parte de Ubisoft Reflections), las mencionadas de evitar delitos, detener convoyes, y las clásicas que Ubisoft esta tomando como costumbre y son esas en las que para desbloquear información del mapa habrá que hackear antes una torre del ctOS, al estilo de las atalayas de Assassin’s Creed o las torres de radio de Far Cry 3. Si algo funciona, está bien explotarlo, pero cuidado con pasarse…

Lamentablemente, estas misiones secundarias tienen un pero, y es que en ocasiones resultan demasiado incordiantes, anunciándose permanentemente como info emergente al lado derecho de la pantalla, que sin ser algo cargante, llega a ser molesto. Algo parecido se puede decir del modo online, y es que si bien Ubisoft nos prometió que este “nuevo” sistema de invasión de partidas no sería excesivamente intrusivo, y no lo es, pero si hay momentos poco oportunos en los que nos encontramos con un invitado inesperado en nuestra partida.

No tengo muy claro a qué tipo de público puede haber decepcionado Watch Dogs. Tal vez al que esperara un benchmark gráfico siete meses después de la salida de las nuevas consolas, pero muchas de las críticas que se han vertido sobre este producto son en su mayoría injustificadas. Si se va a juzgar Watch Dogs como el juego que es, es indudable que estamos hablando de uno de los mejores de lo que llevamos de generación, y visto el catálogo de ambas consolas, casi un imprescindible. Si entramos en el salseo y la polémica de que no es lo mismo que se vio en 2012, entonces no estaríamos criticando este juego como tal, sino una política de empresa como es Ubisoft, y que haya hecho “publicidad engañosa”, si se quiere llamar así.

Sabiendo todo esto, admito que alguien pudiera sentirse engañado en un mundo en el que no existiera Youtube o Twitter, pero en este en el que vivimos, el que haya ido (o vaya a ir) a la tienda a comprar Watch Dogs, lo hace (o hará) sabiendo perfectamente por lo que va a pagar casi 70 euros.

En resumen, encuentro ilógico que se hable mal de un juego pensando solo en que “no es lo que nos enseñaron hace dos años”, por no decir que me parece simplemente una tontería. Watch Dogs es lo que es: un sandbox que no inventa la rueda, pero intenta implementar mecánicas novedosas junto con otras ya vistas en otros títulos y además, de forma acertada. Con lo cual, si bien no me parece un juego de sobresaliente, no veo porque alguien que estuviera pensando hacerse con él hace año y medio, no querría hacerlo ahora.

 

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