Timothy vs the Aliens despierta una idea noir pasiona con el comienzo de una nueva partida. Sin embargo, su unión atávica con lo sobrenatural y la fragilidad de sus mecánicas hace que se pase por alto.

Tengo la sensación de que sería fácil empezar este análisis de Timothy vs the Aliens con la idea que el equipo de Wild Sphere me propone nada más comenzar el juego: “Puedes conseguir más con una palabra amable y una pistola que con una sola palabra amable”. La frase de Al Capone, uno de los criminales (no políticos) más famosos de los Estados Unidos, pone de manifiesto la ligera intención del equipo de rendir homenaje al noir y, por otro lado, la acritud de su mensaje final.

Sería fácil, repito, comenzar a divagar a partir de ese eje, de esa piedra de toque que limita la elasticidad artística del título. Pero hay algo que me ha llamado mucho más la atención: en ciertas partes del mapa se puede ver, a lo lejos, casi como parte del decorado del fondo, un barco de vela a la deriva al que ningún personaje presta atención. La curiosidad y la inquietud que despierta ese navío me recuerda, en parte, al miedo atávico de la obra de Lovecraft y su obsesión con los marcianitos del espacio exterior.

¡Aliens!

Supongo que, en el fondo, no voy tan desencaminado: sigo sintiendo esa misma curiosidad y esa misma inquietud cada vez que veo que intentan mezclar a los alienígenas con cualquier otra cosa. El despropósito demencial que es Cowboys & Aliens debería sobrar como ejemplo de que estas asociaciones forzadas no siempre salen bien.

En este caso, me gusta entender que los alienígenas de Timothy vs the Aliens funcionan como un elemento simpático, una especie de cameo, que llega para dar colorido, algo de chispa a la sinopsis inicial y para aderezar lo que sería una simple historia de gángsters. Es la excusa, dicho de otra forma, que el título nos planta en la cara para que podamos coser a balazos a algo.

Sin embargo, aún no termino de comprender esta inusual combinación y menos aún en la ambientación mafiosa que expone el juego desde la primera escena en la que el protagonista extorsiona a un pobre anciano. El juego, pese a que Wild Sphere lo denomina como una combinación de “plataformas, puzles y montones de acción” en un mundo abierto, parece acercarse más a la naturaleza, por su diseño, de ese primer género que nombran.

Salta y luego pregunta

Timothy vs the Aliens recuerda, y mucho, a los plataformas de los 90. El diseño principal, desde la disposición del escenario, pensado como un conjunto de pequeñas zonas de desafío (en la mayoría de ocasiones tendremos que resolver algún puzle simplón o salvar una facilona zona de plataformeo), hasta la aparición flotante de los objetos consumibles y el dinero, parece ideado para cualquier título de pegar brincos del momento.

Se me hace muy difícil, no obstante, comparar a este título con el refinamiento de Super Mario Odyssey o incluso con la complejidad prematura de Super Mario 64. Incluso dejando de lado los contextos y los recursos de unos y otros equipos (a años luz de diferencia ambas cosas). El problema no radica (solo) en la falta de creatividad o en la simpleza de los puzles y las zonas de saltos; el problema radica en las sensaciones.

El caso es que, pese a que el diseño del juego está claramente orientado hacia esa dinámica, no se siente satisfactorio resolver los desafíos que propone o alcanzar, por fin, el punto más alto de un edificio. La kinestética (lo referido a cómo se siente el movimiento de un videojuego) es tosca, ruda, pesada. Se acerca más a lo que podría necesitar un shooter que a lo que requiere un juego de plataformas.

Es en el disparo, precisamente, donde más emoción se genera. Los tiros son contundentes y la explosión sanguinolenta de los cefalomorfos se siente como un triunfo. Pese a que los espacios de pelea (pocos obligatorios, en realidad) están condicionados por la falta de fluidez del movimiento, ese estallido final compensa el gastar cartuchos y cartuchos con las esponjas de balas. Ahí cobra sentido, desde luego, la referencia inicial a Al Capone.

Un mafioso humilde

El problema es que de aquí se deriva el segundo “problema” de Timothy vs the Aliens: la humildad. Si es que, de verdad, se puede considerar un problema teniendo en cuenta la coyuntura de la industria del videojuego en este país. Las ideas detrás del diseño de las mecánicas es muy simple (los puzles, por ejemplo, consisten en activar una palanca para que un tablón de madera o una carretilla nos transporte hasta otra zona de saltos o en ir a una habitación algo más alejada en busca de una llave) y en el juego no hay variedad suficiente que la compense.

Hay, por ejemplo, solo cuatro armas (revólver, ametralladora, escopeta y mágnum), tres tipos de enemigos (cuyas diferencias principales son el tamaño, el color y la cantidad de balas que tragan) y muy pocos incentivos para la exploración (hay tres tipos de coleccionables, uno de ellos obligatorio) y un poder (ralentizar el tiempo). En suma, un conjunto de alicientes pequeño del que tampoco se puede extraer mucho más en un título que dura poco más de tres horas.

La figura del héroe

Pero hay algo que me sigue sorprendiendo, tanto como aquel barco de tela a la deriva. Pese a la tremenda humildad que radica el título (ofrece poco y tampoco busca ofrecer más, que no se entienda mal), destaca su apartado artístico y, especialmente, su música. De la suma de estos elementos se rescata uno de los principales valores que busca transmitir el título: la pasión por el noir. Se ve también en los pequeños detalles, como en el sonido del chasqueo de dedos que introduce la nueva partida. Aunque, de nuevo, se entiende a medias, pues no hay otro elemento, mucho menos jugable, que apoye esa devoción.

Y, sin embargo, lo que ha conseguido que piense el título no es ni su apartado artístico ni sus mecánicas. La reflexión que hace el título (no sé si de manera consciente o no) sobre la figura del héroe, representado por Timothy es, en realidad, profunda y llena de los grises que adornan la pantalla. Su historia comienza con una parodia de las abducciones de las zonas rurales de Estados Unidos y finaliza salvando al mundo a base de disparar primero y preguntar después.

análisis de timothy vs the aliens

Los alienígenas que se pusieron en contacto con él le ofrecieron el poder del As que, aunque a efectos mecánicos es otra herramienta de combate más (el poder del tiempo), hace que el protagonista esté entre la idea del elegido y la propia del héroe, entre el personaje que tiene un don especial y el que se construye a sí mismo en el trayecto de la aventura.

Conclusiones

Pese a todo, y dada la humildad que envuelve al título de Wild Sphere, no experimenta más con esa curiosa situación que se ha dado con Tim (sí lo hace de una manera transmedia, a través de unos cómics alojados en su página web).

En suma, queda un juego excesivamente simple y perecedero con unas mecánicas contradictorias en diseño y sensaciones que tampoco termina de funcionar como homenaje al noir (más allá del nivel artístico, donde queda patente la pasión al género). La mafia, que no es conocida por su “humildad”, precisamente, queda relegada a un segundo plano por la alocada combinación que recuerda no tanto a Cthulhu y Lovecraft sino al disparate de Cowboys & Aliens.

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La moraleja, recuperando la frase inicial de Al Capone, es que Timothy vs the Aliens no ha sabido encontrar las palabras adecuadas y tampoco ha conseguido disparar a matar.

Análisis de Timothy vs the Aliens para Playstation 4
PUNTOS CLAVECombina de forma tosca acción, plataformas y puzles simplonesMás pensado como título infantil que como reflexión y homenaje sobre la mafia¿Por qué aliens y mafiosos?
ALTERNATIVAS¿Plataformas y "mundo abierto"? Super Mario Odyssey¿Plataformas y acción para niños? Ratchet and Clank¿Obras sobre la mafia? El Padrino y la mayoría de film noir
5.5¡Aliens!
Apartado artístico7.5
Diseño4
Historia3.5
Diversión5
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