Crítica de Boruto 16, Denki e Iwabe a prueba

Tal y como esperábamos, el capítulo de Boruto 16 es un mero relleno de paso para la próxima saga. Podríamos vivir sin él, sobre todo por la animación que ha tenido.

Llega un momento en todo anime en el que el relleno se apodera de ella. A veces es un relleno real, que ni aparece en el manga ni en ningún sitio. Otras veces esa mini historia simplona y divertida (a veces) también está escrita en el original. A Boruto 16 le daría igual cualquiera de las dos opciones. Lo que nos ha traído es un episodio con muy mala calidad, tanto argumental como artística.

Pongámonos en situación. Tras los incidentes del robo de chakra y todo el rollo este de Raíz, la cosa se queda tranquila. Y toca hacer exámenes. Pero no, no son los exámenes a genin interesantes que vimos en su momento en Naruto. No. Son exámenes como los tuyos y los míos.. pero inexplicablemente de electricidad. Todo el mundo sabe que es algo fundamental para un ninja… pero bueno. Además de este escrito, también está el práctico, que es el de escalar por la pared.

Los protagonistas de esta historia son los que van mal en esas materias. Por un lado Denki, que es bueno en la parte teórica pero bueno en la escrita, e Iwabe, que es todo lo contrario.

Pues os podéis imaginar qué es lo que va a suceder en el capítulo. No tengo ni que hacer una insinuación al respecto.

Denki e Iwabe, dos personajes sin trasfondo

Parece que el argumento del capítulo de hoy quería profundizar en la relación de estos dos individuos. Denki, un cerebrito, e Iwabe, el repetidor.

Es evidente que los dos se compenetran muy bien. De la misma forma, ya habíamos visto que se llevaban bien en episodios pasados, cuando hacían equipo para cubrir sus carencias.

boruto 16 ROCK LEE

Sin embargo, Boruto 16 no ha logrado hacer que empatice con ellos en ningún momento. No aportan nada sobre ninguno más de lo que ya hemos visto en el anime. Y su relación llega a ser un poco insulsa incluso.

No esperaba un Óscar al mejor guión original, pero desde luego, la historia del examen y el incendio estaba más que cantada desde el minuto uno del capítulo. E incluso, la resolución de este incidente es… cuanto menos absurda. Por no decir que deja en un poco de mal lugar a Denki.

De los peores en animación

Es normal que, llegados a un punto, haya que cortar la tensión para retomar una nueva saga más adelante. Eso no lo niego. El problema llega cuando lo que nos traen no engancha ni argumentalmente, ni artísticamente. Eso es lo que ha pasado aquí.

Más allá de confirmar a Rock Lee como padre de Metal Lee, el capítulo no ofrece nada. Apenas profundiza en Denki o Iwabe, y si lo hace, el único que sale ganando es este segundo. Es que incluso el papel de Metal Lee es absurdo a más no poder.

Pero para más inri, el capítulo tiene una animación pésima. Normalmente siempre tenemos planos estáticos en un anime de estas características, pero es que hoy clama al cielo. Hay una escena, cuando comen hamburguesas picantes, que se mantiene sin moverse durante todo el diálogo de Boruto. Son muchos segundos en los que los amigos del ninja están “achicharrados”, pero peor es la cara de Mitsuki, que parece embobado mirando al infinito.

boruto 16 animación

Pues esto es solo un ejemplo de la animación de hoy. Es que ni la escena final, con algo de más acción, consigue arreglar el desaguisado.

Un capítulo que no aporta nada

Boruto 16 es, en definitiva, un capítulo que no aporta nada a la serie. Se trata de un episodio de relleno, pero del de los malos.

Aún recuerdo el capítulo de “la cara de Kakashi”, en el que me reí muchísimo cuando veía Naruto. O por ejemplo, en One Piece, el relleno de “Condorriano”, cuando acaban de caer de Skypiea. Incluso hay episodios de Dragon Ball Super de este estilo que, al menos, introducen o profundizan en personajes secundarios. Pero este… es que ni eso.

Quizás estemos ante el peor de los 16 capítulos que ha tenido Boruto: Naruto Next Generation. Yo casi que no lo dudo. Y mira que hemos tenido alguno que otro flojillo.

Veremos a ver cómo continúa la serie porque, en estos momentos, la veo por inercia más que porque me haya enganchado en algún momento algo de ella.