También fue el primero para muchos en dejar de tratarnos como niños que juegan y nos empezó a tratar como personas que crecen y aprenden. Muchos lloramos (muchos, muchísimos) cuando, al jugar de pequeños a Final Fantasy VII, llega “esa escena”.

Final Fantasy VII transmitía unos valores y unas experiencias tan profundas como imperecederas que allanaría un posterior proceso de maduración personal para muchos. Consiguió que “hiciéramos clic”. La pérdida, la naturaleza, la manipulación, el terror, los recuerdos, el desengaño, la tristeza, el desconocimiento, la incredulidad, el sentimiento de culpabilidad, de querer obrar bien… Final Fantasy VII fue valiente al transmitir todo eso a “un público infantil” hace ya 20 años.

final fantasy 7 aniversario

De hecho, precisamente creo que “valiente” es una palabra que puede definir muy bien a este juego. Tuvo la valentía de dejar en silla de ruedas y con la baba colgando a su héroe o de travestirlo en contra de su voluntad (y de la de muchos jugadores y padres retrógrados de aquel entonces). Tuvo la valentía de contar las cosas que muchos no querían oír y que otros tantos no querían que se dijesen. Tuvo la valentía de hacerte perder y de reírse de ti si no cumplías el reto.

¿Acaso soy el único que recuerda cómo conseguir a los Caballeros de la Mesa Redonda, cómo matar a Arma Rubí o Esmeralda, o que hay dos personajes (con su historia, misiones, equipamiento, habilidades, desarrollo…) que, literalmente, puede que no veamos en toda la partida? Ojalá hoy en día “los grandes juegos” y “los grandes estudios” tuvieran un ápice de la valentía que tenía Final Fantasy VII por aquel entonces.

Pero los tiempos han cambiado y la nostalgia es un arma que, con ese tiempo, puede quebrarse. Pero ahí sigue Final Fantasy VII, de celebración, con sus 20 años y un remake a la vista que hizo que muchos, inclusos los más críticos, diésemos saltos de alegría. Tan imperecedero como los valores y el mensaje que nos transmitió a muchísimos en su momento, inquebrantable en la memoria colectiva y sacando las sonrisas de los críticos. Además es uno de los pocos Final Fantasy cuyo universo ha sido expandido (vale, es cierto que esto podría ser casi un demérito teniendo en cuenta el poco tacto que tiene la Square-Enix como desarrolladora y el alto grado de Square-Enix como empresa en estos asuntos), algo querrá decir, ¿no?

Quizá y después de todo, puede que no tengamos que buscarle explicación. Hay obras que pasan a la Historia por motivos que desconocemos. Dijo Yu Miyake, productor de Dragon Quest XI, que la saga Final Fantasy ha sido más famosa fuera de Japón porque salió “en un momento clave” con la Playstation, al igual que hizo Dragon Quest en Japón con la NES. Pero después de 20 años, tantas historias, recuerdos y momentos a lo mejor solo queda rendirse a lo obvio y reconocer que Final Fantasy VII es un buen juego. Ya no solo como obra en sí misma, sino por todo lo que ha conseguido con el tiempo que se lo ha ganado a pulso.

Hoy, 20 años después de su lanzamiento, sigue habiendo debate. Unos se rinden a la evidencia popularmente aceptada “es un buen RPG y con una buena historia detrás”, dicen unos no tan fans de la saga. Y otros dicen “sí, es un buen juego y un buen Final Fantasy, pero eso de ‘mejor de la Historia’ es sobrevalorarlo”, dicen otros fans más acérrimos. No soy quién, ni yo ni nadie, para ver quién tiene o no razón porque los gustos son subjetivos por definición, y los sentimientos que te provoque un videojuego son únicos e intransferibles.

Y tampoco soy nadie para decir a qué debe jugar un jugador o qué recomendaría jugar a alguien que se quiera meter de lleno en este apasionante mundo. Pero creo que Final Fantasy VII, solo por ser recordado, y tan bien recordado, con sus más y sus menos tras 20 años, merece que se juegue. No voy a dar una conclusión a la pregunta de por qué, porque creo que esta saga merece que alguien mejor que yo dé la respuesta. No voy a a hablar porque, a buen seguro, no soy el más indicado para hacerlo. Hoy, simplemente, quiero volver a Midgar.

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