Super Mario Bros. - BitBack | GuiltyBit

Comenzamos a celebrar el trigésimo aniversario de Super Mario Bros. repasando el mítico juego que revolucionó el género de los juegos de plataformas para siempre.

Aunque todavía faltan unos meses para que sea oficialmente el 30º Aniversario de Mario, me ha sido imposible resistirme a escribir sobre el primer Super Mario Bros., responsable de que fuese NES la primera consola en aterrizar en los salones de muchas de nuestras casas. Un juego que estableció los estándares del género de las plataformas.

Este primer capítulo de la saga “Bros.” es uno de los mejores ejemplos de cómo pueden hacerse bien las cosas a pesar de la simplicidad de los gráficos o del planteamiento del propio juego, y es que Nintendo tuvo que estrujarse mucho la cabeza para hacer frente a las limitaciones técnicas de su 8 bits.

Como digo, los gráficos son muy simples, tanto que durante muchísimos años la gente pensaba que Mario rompía o golpeaba los bloques con la cabeza cuando en realidad lo hace con el puño. Esto se debe precisamente al tosco diseño de Mario que en más de una ocasión parecerá más un borrón que cualquier otra cosa, sobre todo cuando está en su tamaño más pequeño, en el que es casi imposible diferenciar qué parte de su cabeza es gorra, nariz o bigote.

Super Mario Bros.

Para suplir estas carencias gráficas y así poder explotar correctamente el factor de la jugabilidad, nos encontraremos con que el juego está hecho a base de patrones. Os explico mejor, que con esto parece que quiera decir que las pantallas son una continua repetición del mismo diseño y no es así. Los patrones que se repiten son los de los diseños de los distintos elementos que nos encontraremos por el juego.

Los bloques de ladrillo que se pueden destruir o los que forman el suelo son todos iguales entre sí respectivamente, la diferencia que nos encontraremos en cada uno de los mundos que podremos jugar es que cambiarán su patrón de colores junto con algún otro elemento que pueda ser más o menos típico de ese escenario específico. A tanto llega este aprovechamiento de patrones que, por si hay alguien que todavía no se había enterado, el diseño de los arbustos más habituales en este juego y el de las nubes es exactamente el mismo, siendo verde o blanco para cada elemento.

Pero esto no es lo importante, o al menos no lo más importante, porque lo verdaderamente divertido de este juego es la creciente dificultad con la que nos iremos topando según vayamos avanzando. El primer mundo hay que reconocer que es bastante sencillo, aunque no podamos catalogarlo como un tutorial, sí que es cierto que sus cuatro pantallas nos sirven para hacernos una idea de lo que nos viene por delante.

A pesar de que la curva de dificultad es bastante correcta y va creciendo de una manera bastante ajustada, habrá momentos en los que nos encontraremos con saltos cuasi-imposibles, cantidades inhumanas de enemigos en pantalla que vienen por todos los sitios y alturas y plataformas traicioneras, que pondrán a prueba nuestra pericia y paciencia por igual y se convertirán en una constante a cada paso que demos.

Super Mario Bros.

En este título todavía no nos encontramos con muchos de los elementos (como las enredaderas que nos daban acceso a zonas secretas) y personajes que se han ido convirtiendo en indispensables de la saga, pero todos lo que aparecen en este juego nos dejarán claro que estamos ante un Super Mario Bros.: koopas, goombas, Lakitu y sus huevos (no seais mal pensados que sabéis a qué me refiero), koopas voladores, balas Bill y alguno que otro más.

A pesar de que ciertas cosas ya estaban presentes en otros juegos, fue en este donde se estandarizaron dos características básicas en cualquier juego de plataformas: la recolección de objetos y la presencia de power-ups. Como ya sabéis, los objetos que podemos ir recolectando en este juego son las monedas, las cuales no están ni de lejos tan presentes como en títulos más recientes pudiendo llegar a afirmar que son algo casi anecdótico. Respecto de los power-ups, este es el título con el listado más limitado, ya que con cada nueva entrega se van añadiendo más y más objetos que ayudan a Mario a obtener disfraces que le otorgan habilidades especiales. En este juego nos encontraremos con las típicas setas verdes y rojas que nos darán una vida extra o aumentarán nuestro tamaño respectivamente, la flor de fuego que nos permitirá lanzar bolas de fuego a nuestros enemigos y la estrella que nos brinda unos segundos de invencibilidad.

El sistema de juego está tan simplificado que a más de uno puede resultar complejo porque no tenemos un mapa desde el que seguir nuestro avance (las pantallas se suceden una detrás de otra), no se puede guardar la partida y las zonas secretas son mucho más ambiguas que en títulos posteriores. Porque a pesar de toda esta simpleza en este primer juego también nos encontraremos con suculentos secretos, siendo la mayoría de ellos bloques ocultos que al golpearlos dejarán caer una vida extra y, en menor medida, otros que nos permitirán acceder a zonas más elevadas desde las que activar o descubrir otros bloques de los que sale la enredadera que os he mencionado antes y así llegar a zonas secretas cuyo premio es una cantidad extra de monedas que podemos recoger.

Otro de los grandes secretos de este juego es el que nos ayuda a adelantarnos en nuestro avance. Como he dicho antes no se podía guardar la partida, así que pasarse el juego del tirón puede llegar a ser bastante tedioso, aunque se puede conseguir. Para ello tenemos la posibilidad de coger una serie de atajos que nos permitirán avanzar varios mundos de golpe. Este truco está presente principalmente en pantallas subterráneas, en las que debemos conseguir llegar a la parte superior de la pantalla, pero superior del todo, hasta el punto que deberemos quedarnos a la misma altura de los marcadores de puntos, monedas y tiempo. De ese tiempo seguiremos viendo a Mario, podremos seguir avanzando por la pantalla pero técnicamente estaremos fuera de la zona de acción. Al avanzar, en lugar de meternos en la tubería que nos devuelve a la superficie seguiremos avanzando por esa zona superior hasta que lleguemos a una sala en la que nos encontraremos con una o varias tuberías, siendo cada una de ellas la entrada a un mundo más adelantado. La primera vez que podemos hacer uso de este truco es en la segunda pantalla del primer mundo, desde la que podremos saltar al mundo 2, 3 ó 4, en este caso se nos da elección.

Super Mario Bros.

Los castillos tampoco podían faltar en este juego y desde entonces se convirtieron en una constante. Custodiados por los esbirros de Bowser, habrá uno por cada mundo (cuarta pantalla de cada uno) y al final del mismo nos encontraremos con nuestro archienemigo, con el que no llegaremos a enfrentarnos en ningún momento. La forma de derrotar a Bowser es la de esquivar el fuego que escupe y superar su posición (cuidado porque en algunas fases incluso salta) para hacernos con el soporte (nunca me ha quedado muy claro qué era pero a mí siempre me ha parecido un hacha) que sujeta el puente y que así se caiga y provoque que el Bowser de ese castillo se caiga a la lava.

Y como no, tras hacer todo esto y a excepción del último castillo del último mundo, nos encontraremos con el Toad de turno diciéndonos la frase más odiada de todos los juegos de Mario: “Thank you Mario! But our princess is in another castle!”