Crítica de Boku no Hero Academia 2x24

Boku no Hero Academia 2×24 es un buen cierre a un buen arco. Aunque tiene un ritmo demasiado alto y se pisa a sí mismo, funciona y explora varias facetas de la personalidad de Bakugo.

Boku no Hero Academia 2×24 prometía. Y con razón. Deja una gran pelea y muestra una relación interesante entre Bakugo y Deku. Sin embargo, tengo la sensación de que se ha resuelto de una manera abrupta. Aunque, en realidad, tiene hasta sentido si tenemos en cuenta que Bakugo es el absoluto protagonista del episodio.

boku no hero academia 2x24

Yo pensaba que la pelea entre la parejita y All Might iba a durar dos episodios. Y que era en este en el que íbamos a ver las disputas entre Midoriya y Bakugo mientras se exploraba la personalidad de este último. Mientras se buscaba en su pasado para dar con algo que explique su forma de ser. Quizá un evento traumático, como Todoroki, o algo que le marcara profundamente con Deku.

Pasado

Pero no. Todo se soluciona en estos poco menos de 20 minutos. Sí, hay flashbacks que se centran en el de los explosivos. Y sí, se puede entender, en mayor o menor medida, su forma de ser y de actuar gracias a esos saltos temporales. Pero se hace con sutileza. Y, más importante, muestran que el personaje de Bakugo no se ha construido en base a eventos traumáticos, sino en base a la admiración.

Al igual que en las últimas semanas y a lo largo de la temporada, se podría resumir que lo que pasa con Bakugo es que muestra otra perspectiva del héroe: hay que ganar a toda costa. Y, esta vez, al contrario que en el resto de la temporada, se animan a decir que esta forma no es válida. La fórmula de Maquiavelo es opuesta a lo que significa ser un héroe y este capítulo trabaja para explicar que los medios para lograr el objetivo sí que importan.

¿Héroe?

El primer paso es el conflicto constante entre Bakugo y Midoriya. A pesar de que por un momento deciden lidiar a tortazos, el primero recapacita y ambos elaboran un plan para poder derrotar a All Might. Pero, válgame la obviedad, es el maldito All Might. No es tan fácil derrotarle. Así las cosas, cuando Bakugo está a punto de desmayarse y Midoriya a punto de aprobar el examen por los dos, el capítulo da un golpe sobre la mesa y te da un puñetazo a la cara. Deku se da la vuelta, saca toda la fuerza que tiene para golpear a All Might, y decide salvar a Bakugo para aprobar el examen juntos.

Es la contraposición a la otra idea que lanzaba al principio: sí que importan los medios. De nada vale ganar siempre al villano si, por ejemplo, no eres capaz de salvar a tus compañeros. Así demuestra que la visión egoísta de Bakugo está, en realidad, equivocada. El anime madura y es capaz de juzgar una idea que, en principio, es negativa. Y, a su vez, demuestra que el ser un héroe está íntimamente ligado con ayudar a los demás. ¿Acaso es tan distinto de lo que pensaba Stain?

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Amor, odio y más cosas

Al margen de eso, es bonito ver cómo el capítulo explora la relación entre los dos chavales. Es el propio All Might cuando evalúa la situación de la prueba el que da con la clave: “tienen tantos sentimientos mezclados entre ellos que apenas saben cómo interactuar”. Entre la retahíla de sensaciones que nombra yo me quiero quedar con dos: admiración y odio.

Como dos caras de una misma moneda, los dos chicos han experimentado ambas sensaciones el uno con el otro. En un principio se podría pensar que es Midoriya el que admira a Bakugo y que ese sentimiento no es bidireccional. Por eso le copia los movimientos y por eso le mete un puñetazo para recordarle que su objetivo siempre es ganar. Pero, de nuevo de una manera sutil, se deja ver cómo Bakugo también ha aprendido de Midoriya.

No solo su capacidad para no rendirse, para sorprender o para elaborar planes improvisados y exitosos; también para traspasar límites aunque sea a costa de tu propio cuerpo. Kacchan se machaca los brazos varias veces para lograr su objetivo. Exactamente igual que Deku en el combate contra Todoroki. La relación entre ambos es, sin duda, mucho más compleja que el odio de una parte.

Cierre

A efectos plásticos y más visibles, el combate entre los tres es genial y tiene su buena dosis de épica. No obstante, tal y como decía al principio, creo que el ritmo de las escenas ha sido demasiado acelerado y se han pisado unas a otras sin prestarse el tiempo necesario para que se maduraran. Pero al final da igual; funciona. Y quizá eso es lo importante.

Con todo esto es con lo que se cierra el arco. Uno falto de la tensión y el misterio de los anteriores pero que es tremendamente sólido, eficaz y épico cuando busca serlo. Y que se para a reflexionar sobre todos sus personajes y a explorar diferentes facetas de lo que ha mostrado a lo largo de estos 24 episodios. Una trama de madurez. Como lo explica el propio protagonista al final del capítulo, todos los chavales han tenido su momento y han crecido en algún aspecto. En suma es, para qué negarlo, un muy buen arco.

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Queda por ver cómo narices resuelven el encuentro del episodio que viene. Que es, además, el último capítulo de esta temporada.

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