Crítica de Mary y la flor de la bruja, el debut de Studio Ponoc

La primera película de varios extrabajadores del Studio Ghibli ha resultado ser una montaña rusa de sensaciones, como os explicamos en esta crítica de Mary y la flor de la bruja.

Las películas de Studio Ghibli se han ganado, por propio derecho, estar en la cúspide del cine de animación y codearse con los grandes films de la Historia cinematográfica. Por ese motivo hubo tanta expectación cuando, tras el cierre de facto del estudio, un grupo de trabajadores decidió seguir a Hiromasa Yonebayashi para montar Studio Ponoc. También es por eso por lo que esta crítica de Mary y la flor de la bruja es algo especial. Sus creadores son a la vez novatos y veteranos.

Desde que los créditos comienzan a salir en pantalla se aprecia el intento de que Mary y la flor de la bruja sea una especie de película apócrifa de Ghibli. Y es que hasta el logo de Studio Ponoc ha intentado emular al de su hermano mayor. Podría ser algo anecdótico si no fuera porque cuando arranca el metraje se comprueba que, efectivamente, así es.

El estilo y la personalidad de esta película están claramente relacionados con la forma de trabajar y dibujar de Ghibli. No es una burda copia, ni tampoco es algo negativo. Es la consecuencia directa de que los creadores hayan pasado tantísimos años dibujando, animando y creando dentro del estudio de Totoro.

La premisa de la película es que Mary, una chiquilla pelirroja, de repente logra adquirir poderes mágicos tras encontrar en el bosque cerca de su casa una flor llamada “vuelo nocturno”, también conocida como flor de la bruja. Es una introducción conocida, ya que todas las películas de corte fantástico de Ghibli han usado ese esquema: un personaje ordinario que se ve arrastrado hacia un mundo mágico y extraordinario. Es un terreno común para cualquiera que sea fan de la animación.

La experiencia de Yonebayashi

Pero más allá de la poesía visual y la estructura de la historia que cuenta Studio Ponoc, el diseño de los personajes y la imaginería del mundo de Mary es puro Ghibli. No hay apenas diferencias entre esta película y lo que se puede ver en El viaje de Chihiro o El castillo ambulante, por decir dos ejemplos.

Como antes, no es una copia ni algo negativo. Yonebayashi solo ha dirigido dos películas bajo el sello de Studio Ghibli (Arrietty y el mundo de los diminutos y El recuerdo de Marnie), pero acumula más de 20 años de experiencia como animador. Se unió al equipo para apoyar en las labores de La princesa Mononoke y, mientras compaginaba colaboraciones con otros estudios, trabajó en Mis vecinos los Yamada, El viaje de Chihiro, El castillo ambulante, Ponyo en el acantilado, La colina de las amapolas y El viento se levanta.

No obstante, precisamente que Yonebayashi haya pasado tanto tiempo animando es el principal punto negativo de la película. El director no es guionista, ni nunca lo ha sido, a diferencia de Hayao Miyazaki o Isao Takahata que escribían, producían y dirigían todas sus películas.

La falta de experiencia escribiendo de Yonebayashi se manifiesta en que a Mary y la flor de la bruja le faltan personajes. Studio Ponoc se ha esforzado en crear un mundo mágico, lleno de imaginería y poesía visual, pero se ha olvidado de llenarlo de personajes que sean igual de magnéticos. El elenco se reduce a apenas cuatro personajes, ya que los otros tres que aparecen ni se les ve, ni se les espera. Pero aún así, según va avanzando la trama solo se ven escenarios muy vacíos para la historia que Yonebayashi está contando.

Critica de Mary y la flor de la bruja interior

Un final abrupto

Aunque la película se disfruta en casi todas sus partes y es un buen debut para Yonebayashi sin la tutela de los pesos pesados de Ghibli, queda lejos de la excelencia de sus primas lejanas. El guion no termina de encajar del todo y, cuando salen los títulos de crédito, te quedas con la sensación de que han faltado cosas importantes por contar.

De hecho, el final es muy seco y llega sin previo aviso. El último tramo de la película se apresura demasiado y acaba dando bandazos de un lado para otro sin tener claro el objetivo primordial: contar una buena historia.

En el fondo, esta película casi viene a confirmar uno de los problemas que ha arrastrado Ghibli desde hace muchísimos años: la excesiva dependencia del trabajo de Takahata y Miyazaki. Durante mucho tiempo se podía pensar que le estudio era demasiado estricto con sus directores jóvenes, pero Mary y la flor de la bruja casi ha venido a confirmar que lo que faltaban eran buenos contadores de historias.

Supongo que, cuando Studio Ponoc gane experiencia, firmará cada vez mejores películas. Pero su debut ha sido una montaña rusa: disfrutable en su mayoría pero sin la calidad y la maestría que hagan que sea una obra excelente.

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