Hace pocos días, el mundo del videojuego recibió una buena noticia, para variar. El organismo de clasificación por edades de Estados Unidos, la ESRB, anunció que iba a incluir un sello para indicar qué tipo de juegos tenían micropagos en su interior. ¿El problema? Que como el órgano es de Estados Unidos, solo ocurrirá allí. Así que aquí os traemos los motivos por los que PEGI debería seguir los pasos de la ESRB.

Falta regulación

Con respecto a los pagos adicionales, ya sean micropagos o cajas de botín, hay una falta de regulación. Las compañías han explotado al máximo los vacíos legales para hacer que los jugadores paguen lo máximo posible. Y precisamente las cajas de botín son uno los aspectos más controvertidos.

En un artículo publicado en esta misma casa, la Dirección General de Ordenación del Juego, que pertenece al Ministerio de Hacienda y es la encargada de regular todo lo que tiene que ver con juegos de azar, fue bastante clara al respecto. Aunque están investigando las cajas de botín, la regulación actual no permite considerarlas como juegos de azar o como apuestas.

Según la legislación española, para que algo sea una apuesta se consideran tres requisitos: que el usuario participe de forma consciente, que el sistema sea realmente de azar y que los premios sean dinero o se puedan convertir en él. En los videojuegos no se cumple lo tercero, así que no se consideran juegos de azar.

Las cajas de botín son peligrosas

El problema que tiene esta consideración de las cajas de botín y los micropagos es que es un poco miope. Por mucho que no se puedan cambiar por dinero real si hay ciertos objetos que tienen una probabilidad grande de salir y son inútiles, y otros son extremadamente valiosos dentro del juego, pero tienen pocas probabilidades de salir, es evidente que eso va a generar adicción.

Eso genera comportamientos y gastos completamente locos. En el artículo que he citado arriba había un chaval que se había gastado más de 500 euros con esas cajas de botín. Si los poderes públicos no ven ese tipo de comportamientos y si tampoco ven que, ahora mismo, comprar cajas de botín es prácticamente como jugar a las tragamonedas online, pues igual deberíamos plantearnos lo tremendamente necesario que es que un organismo como el PEGI tome cartas en el asunto.

Los padres ignoran lo que compran

Un tercer argumento es que los sellos de PEGI son necesarios precisamente porque los padres ignoran lo que compran. Las cajas de botín pueden generar problemas de adicción. Y como esos sistemas de azar se pueden incluir actualmente en juegos con un PEGI +3 (es decir, enfocado a niños), el problema es doble. Si un niño no puede entrar a jugar a un casino, ¿por qué no nos preocupa exponerle a sistemas de azar en los videojuegos, ya sean de consola o de móviles?

El sistema PEGI es ideal precisamente porque los padres no tienen por qué conocer a fondo los juegos. El sistema de clasificación les permite conocer la edad recomendaba y ciertos temas controvertidos que se tratan dentro del juego. Así, sin jugar ni ser expertos pueden tomar una decisión informada.

Por esto es necesario un sello para marcar que un juego tiene micropagos en su interior. Porque estoy bastante seguro de que muchos padres ahora mismo ignoran que sus hijos están expuestos a una serie de sistemas de azar especialmente diseñado para generarles adicción y lograr que pasen por caja.

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