Hasta los botones de... los fanboys y sus quejas constantes

No se puede negar que las compañías que se dedican a crear y distribuir juegos nos dan más de un motivo para estar hasta los botones de ellas, pero a veces, hay actitudes de los fanboys que son para presentarse voluntario a un viaje tripulado a Urano sin retorno. Que vosotros diréis, eso en los países civilizados no pasa. Pues sí, pasa, y mucho. Y no es cosa de cuatro críos, que los más mayorcitos suelen ser los más ridículos a la hora de criticar los movimientos de una y otra marca.

Porque además parece que en esto de los videojuegos, últimamente, hay que tomar parte por uno de los dos bandos, como si de fútbol se tratara. A ti, ni te va ni te viene, pero deberás defender a muerte el lado que hayas elegido e, incluso, entrar en discusiones con el pretexto de defender el honor de tu representado. Nunca jamás podrás pasar por alto un comentario en su contra ni reconocerás algún mérito del “rival”, aunque dentro de ti haya una vocecilla que te diga que ojalá tuvieras ese algo que tienen los otros y tú no puedes.

Los bandos a los que me refiero no son otros que el ejército de zombies que idolatran a las dos consolas dominantes del panorama actual. Sonyers y xboxers no dudan en ondear su bandera por allá por donde pasan y las riñas por cualquier mínimo detalle son cada vez más creativas y teatrales. De hecho, aunque todas las marcas son susceptibles de tener  (y los tienen) fanáticos cerrados de mente, los peceros y nintenderos somos más de sacar las palomitas cuando salta alguna chispa entre los usuarios Sony y Microsoft.

Que oye, defender tu elección y creer que es mejor que las demás podría llegar a ser comprensible. Lo que escapa a toda lógica es que los fanboys ataquen a su propia compañía por tomar decisiones buenas para ella y, de rebote, para sus usuarios. Y los hay que cancelan sus reservas porque un juego deja de ser exclusivo para su consola. No porque se haya retrasado o lo haya probado en fase beta y no le guste, no. Porque ya no es sólo para él y su grupo de élite. Y si no os lo creéis, sólo hay que ver lo que le respondieron a Phil Spencer el día que confirmó que Quantum Break saldría también para PC. Por lo visto se sentían engañados.


Pero es que también les parece mal que el mismo Tito Phil diga que Uncharted 4 va a ser uno de los juegos del año. Se ve que como mandamás de la Xbox One debe mantenerse aislado completamente de la actualidad del sector al que se dedica. ¿No será mejor que este buen hombre conozca de primera mano los detalles con los que trabaja la competencia?  Pues no. Para el fanboy no existe otra realidad que la suya propia y hay que desprestigiar, humillar e ignorar al que pretenda hacer algo diferente. Pero por el amor de Kratos, ¿cómo pueden tener la cabeza tan cuadrada?

Y “ojocuidaoahí”, que aunque los dos ejemplos anteriores tengan como piñata al señor Spencer no quiere decir que los sonyers no se dediquen también a mentar a los antepasados de Hirai cuando alguna presentación o noticia no resulta ser como ellos habían imaginado que sería. Hasta los “fanes” de la gran N han levantado la voz ante el season pass de Hyrule Warriors Legends para 3DS, lo que pasa que no se les nota mucho porque todos tienen cara de buena persona y son educados, como los mii.


“Lo que pasa que tú juegas en PC y no quieres reconocer que también hacéis lo mismo.” Quieto parado. Valve, o Steam, llamadlo como queráis, también tiene un buen número de defensores de la verdad suprema bajo su manto. Si hasta hay broncas entre usuarios de Nvidia y AMD para medirse quien la tiene más grande… la memoria de vídeo. Es algo que pasa siempre, la única diferencia entre el que juega en ordenador y los que lo hacen en consola, es que el primero no tiene una cabeza visible contra quien descargar su inmensa rabia. Sino fuera por eso, las escenitas serían igual de lamentables. O más.

Porque al final todo se reduce a eso, a espectaculares dramas nacidos de las más grandes tonterías. Tenemos disponible una afición de lo más entretenida, accesible y variada. Juegos para todos, desde el más casual al más competitivo, en formato portátil o en pantalla gigante, sólo o en compañía, como quieras. Y aún hay gente que gasta su tiempo en contar si su máquina reproduce más pixels o lo hace a más velocidad. Pero no para sentirse orgulloso de su elección y disfrutar aún más, sino para poder señalar al vecino y reírse de su (supuesta) inferioridad. Cosas del ser humano.

Y no es algo que venga de ahora, que con la Super Nintendo y la Megadrive ya pasaba. El problema es que como tantas otras vergüenzas de nuestra especie, internet y las redes sociales lo han acentuado y tenemos casos casi a diario de gente clamando al cielo por una nueva injusticia. Todo ello sin pararse a pensar que las compañías necesitan dinero para salir adelante y seguir ofreciéndonos sus productos. Aunque sea a costa de publicar juegos exclusivos en otras plataformas.