La crudeza del invierno, alianzas, ataques de bandidos… todo eso y más hemos vivido realizando nuestras primeras impresiones de Jon Shafer’s At the Gates.

Lo cierto es que nunca se me ha dado bien eso de organizar cosas. Ya sea mi propia habitación o los horarios de las comidas. Si extrapolas esto a los videojuegos, te encuentras con Sims muertos por las esquinas, tras un intento desastroso de encauzar sus vidas. Y, sin embargo, le encuentro cierto gustito a eso de crear de cero, ir formando alianzas, fracasar en las metas o, sorprendentemente, salir victorioso. Es por ello por lo que os traigo mis impresiones de Jon Shafer’s At the Gates.

Un imperio de muertos de hambre

Lo cierto es que aventurarse con un juego de este estilo, para empezar, no es sencillo. Ya nos lo avisan desde el principio, al iniciar partida: es un juego lento, que requiere paciencia hasta que comienza a arrancar. Se hacen alusiones al respecto de sus diferencias con Civilization, quizás en un intento de su creador de desmarcarse un poco del anterior título en el que trabajó. Sí, Jon Shafer fue parte del equipo que trajo algunos Civilization.

Con esto ya en mente, di comienzo al juego. O eso me gustaría decir. Ya de buenas a primeras encontramos una cantidad de texto enormemente alta para poder saber de qué va cada cosa. Cada apartadito tenía un subapartado que te abría otro apartado con indicaciones para el juego. Llegué a preguntarme si me había equivocado y no estaba ante un juego de matrioshkas.

Impresiones de Jon Shafer's At the Gates

Por suerte, no es obligatorio el enfrascarse en todo ello de buenas a primeras, aunque sí recomendable. Yo opté por una opción intermedia, ir probando lo que tenía ante mí e ir de tanto en cuando mirando esa ayuda. Puede que cayeran unos cuantos miembros de mi tribu por el camino, pero al menos fue más gratificante que tener que memorizar mil cosas de golpe.

Vale, ya de verdad, empezamos con el título. El juego nos ofrece una variedad bastante grande de tribus a las que pertenecer y con las que comenzar nuestra aventura de la vida. Sin embargo, al tratarse de una versión alfa, sólo estaban disponibles los godos. Los pobrecitos godos, porque menudas penurias han pasado conmigo.

Se acerca el invierno

Como he mencionado arriba, el juego no tiene un comienzo rápido. Veréis, a nuestro asentamiento inicial se irán uniendo varias tribus conforme pase el tiempo hasta un máximo. Mientras más tribus mejor, pensaréis, y esto es una verdad a medias, culpables. Sí, tenemos más personajes a los que enseñar profesiones, pero también son más bocas que alimentar.

Y es que la premisa, al menos en esta alfa, está clara: sobrevive. Sobrevive a los ataques de los bandidos, a las rencillas internas y, lo más importante: sobrevive al invierno. El invierno se irá acercando conforme pase cada turno, acechando como un asesino frío y despiadado. Porque sí, en el invierno olvídate de recoger recursos alrededor: estarás literalmente en las últimas como no tengas recursos suficientes.

Por suerte, eso es algo que pillé de buenas a primeras, lanzándome en eso de aprender profesiones de cosecha. Y me sentí como la hormiga cuando almacena para el invierno, al menos antes de enviar a mis recolectores a la otra punta del mapa y que quedasen atrapados en la ventisca. Poco faltó para que empezasen a comerse a si mismos.

Impresiones de Jon Shafer's At the Gates

Con ello quiero dejar patente que, desde un primer momento, es crucial tener en mente qué profesiones dar a cada miembro de la tribu. Existe un árbol de estas la mar de hermoso, con enormes bifurcaciones, que merece examinarse con detenimiento. De poco te sirve, por ejemplo, tener cinco grupos de recolectores si no tienes plantas de recogida cerca.  Tampoco te sirve tener cazadores sin animales, a no ser que planees tener unos buenos defensores de tu base y atacar a los bandidos cercanos que aparezcan. Aunque, claro, de poco va a ser vir esto sin armas hechas por los herreros para tener más ataque…

En general, no puedo quejarme del realismo y lo exigente que se planteaba la partida. La planificación de cada turno debe ser bastante precisa, teniendo siempre en cuenta lo que tenemos alrededor, los movimientos y demás. Porque sí, una caravana puede sacarte de un apuro alguna que otra vez, pero se puede depender siempre del exterior.

Érase una vez…

En cuanto a lo que se refiere al estilo artístico, lo cierto es que me ha parecido bastante simplista. Simplista en el sentido de que no es necesario tener elementos muy recargados para darle vidilla al juego. Los estilos de las tribus se diferencian entre sí a grandes rasgos, y se distinguen bien en el mapa, lo que es de agradecer. Los tonos usados en estos van variando conforme pasan las estaciones, equilibrando bastante la gama de colores.

No hay tampoco un exceso de elementos en estos, lo que evita que se sobrecargue en exceso cada zona. Como mucho esto puedes propiciarlo tú al meter a mogollón a muchos personajes en casillas adyacentes. Y aún con todo esto, estos se distinguen sin problemas al no superponerse las casillas unas con otras. También cuenta con algunas ilustraciones más detalladas con personajes históricos. Estas les dan un toque antiguo que casa enormemente con la estética del juego.

La música y efectos de sonido, por su parte… ¿están ahí?. Hay elementos que resuenan más que otros, como los sonidos al unirse una tribu, siendo música para tus oídos. En el resto de aspectos, la verdad, es que todo es bastante vacío.

Conclusiones

La primera toma de contacto con este título ha sido positiva. Es un juego que hay que tomarse con calma, que invita a gestionar con cabeza cada elemento. Sabe por tanto unir de grata manera el estilo de juegos de este género. A pesar de haber podido jugar únicamente con los godos, se han podido vivir diferentes situaciones a las que hacer frente.

Impresiones de Jon Shafer's At the Gates

Todo hubiera sido mejor si la música hubiese acompañado, para darle más vida a este mundo. Le ha faltado un poco de chicha en este sentido. Aunque es posible que se añadan diversos factores más con el juego completo. Ya no sólo con las facciones, sino con variedades de tribus y mapas.

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