IndieBit - Transistor

Hay que reconocer que con Transistor, segundo trabajo de Supergiant Games (creadores de aquella joya llamada Bastion), nos hemos lucido en esta web. A pesar de ser uno de los títulos indie más destacados de lo que llevamos de año y de haber cosechado notas sobresalientes en la mayoría de medios, su lanzamiento en mayo para PlayStation 4 y PC pasó prácticamente desapercibido en esta comunidad culpable. Así pues, aunque tenga que ser con un poco de retraso, ¿qué tal si reparamos esta injusticia?

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“Hola mundo”

Cloudbank parece la ciudad ideal. Un lugar en que los avances tecnológicos y la cultura se dan la mano para crear una sociedad “idílica” en que todo parece estar controlado y medido estadísticamente, hasta el punto de sus ciudadanos pueden, por ejemplo, elegir qué tiempo quieren que haga o de qué color debe ser el cielo. Pero tras el telón de tanta perfección, la Camerata, una sociedad secreta integrada por intelectuales, artistas y científicos de élite, tiene un plan para cambiar Cloudbank; un plan en que un ejército de robots conocido como El Proceso, y especialmente la espada Transistor tienen un papel clave.

La protagonista de esta aventura de corte cyberpunk es Red, una cantante de mucho éxito que tras perder la voz en una “visita” de la Camerata se convierte, en un extraño giro de los acontecimientos, en la poseedora de la espada Transistor y en la única persona capaz de detener a esta organización y al Proceso.

“Cuando todo cambia, nada cambia”

Si has jugado a Bastion, los primeros segundos con Transistor te recordarán enormemente a la aventura protagonizada por The Kid. Misma perspectiva isométrica, protagonista mudo, comienzo lleno de interrogantes, una voz que no deja de hablar, estética preciosista y un sistema de juego que parece otro Action RPG… Sin embargo, esa sensación de continuismo tarda poco en desaparecer. Y es que en cuanto paseamos un poco por las calles de Cloudbank nos damos cuenta de que, aunque las bases puedan ser las mismas, Transistor es un proyecto mucho más personal, independiente y, en definitiva, diferente.

Para empezar, artísticamente se cambia el tono. Seguimos estando ante un juego visualmente muy bello, pero si en Bastion nos movíamos por un mundo lleno de colorido, Cloudbank se presenta como un entorno mucho más oscuro. Llama la atención también el hecho de que a pesar de ser un juego “futurista”, se apuesta por una estética bastante atípica para este tipo de ambientación y que recuerda un poco al movimiento artístico de la secesión vienesa del finales del XIX.

“Hazme un favor, no te separes de mí”

Otro cambio está en la técnica narrativa utilizada. Bueno, más que cambio de técnica tendríamos que hablar de cambio de enfoque. Transistor vuelve a usar el recurso de la voz en off para contar la historia, pero si en Bastion el narrador describía todo lo que ocurría en pantalla de forma impersonal y hasta un punto que llegaba a hacerse un poco desesperante, en Transistor la voz (que sale de la espada) adquiere un matiz íntimo y sentimental, estableciéndose un entrañable diálogo entre la protagonista y la espada (a pesar de ser esta la única que hable).

Con todo, no esperéis que la espada os dé todas las respuestas. La historia es compleja, vaga y sujeta a montones de interpretaciones. La información se nos proporciona sutilmente por varios medios para que nosotros mismos compongamos nuestra propia teoría sobre Cloudbank, El Proceso o sobre lo que es en realidad la espada Transistor.

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“Voy a encontrar lo que está haciendo esto y le romperé su corazón”

Siendo importantes el resto de apartados, es en el sistema de juego donde Transistor muestra su mayor potencial y donde encontramos una auténtica evolución con respecto a Bastion, pues si éste último era un Action RPG puro, en Transistor nos encontramos con una jugabilidad que mezcla la acción en tiempo real con el RPG táctico.

La base del sistema está en el uso de las Funciones() o habilidades de la espada. Comenzamos el juego con dos, pero conseguimos más de los cadáveres que encontramos al principio del juego y al subir de nivel.

Podemos asignar una Función a cada uno de los cuatro botones principales del mando, que es lo que se conoce como ranuras activas. Pero el sistema da muchísimo más de sí, puesto que en cada una de estas cuatro ranuras activas se pueden desbloquear otras dos ranuras de mejora, que permiten instalar otras funciones que añadirán un efecto “extra” al ataque principal. Además, existen otras cuatro ranuras pasivas, independientes de las principales, con las que conseguiremos potenciaciones permanentes de algún parámetro. Como veis, cada Función ofrece posibilidades diferentes según el tipo de ranura en que la insertemos.

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Se trata de un sistema increíblemente profundo en que las combinaciones posibles se cuentan por miles. Sin embargo, tantísima riqueza de opciones puede pasar factura porque si queremos explotar bien el sistema necesitaremos mucho tiempo probando combinaciones diferentes, lo que puede llegar a hacerse realmente aburrido.

No obstante, ser “aplicados” tiene su recompensa, ya que existen configuraciones de habilidades que nos convierten en unos “chetados” de aúpa. Afortunadamente, para compensar esto existen los llamados limitadores que, de una forma similar a los ídolos de Bastion, añaden dificultades adicionales a cambio de obtener mayor experiencia.

Como apuntábamos arriba, Transistor puede jugarse de dos formas distintas. A la hora de acabar con los Procesos (que tienen nombres tan curiosos como Cacharro, Hierbajo, Damisela, Paparazzi o Chucho) podemos atacarles directamente, como si fuera un Action RPG, o bien activar la opción Turn(), con lo que el tiempo se detiene y podemos planificar la ofensiva como en un RPG táctico a partir de una barra situada en la parte superior de la pantalla. Cada acción que programemos, sean movimientos o ataques, consumen una porción determinada de esa barra. Una vez ejecutado el Turn(), habrá que esperar unos segundos a que la barra se recargue, tiempo durante el cual podemos movernos pero no atacar. Ambas formas de juego son totalmente complementarias, habiendo momentos y combates en que nos interesará más un estilo u otro.

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“Nos vemos en el Campo”

Por desgracia, como ocurre con la propia Cloudbank, Transistor está lleno de claroscuros. A pesar del tiempo que tendremos que emplear para comprender y dominar el sistema de combate, Transistor acaba resultando un juego demasiado corto, pudiéndose acabar en unas 5-6 horas. No obstante, la opción Recursion (disponible al acabar el juego) puede ser un buen aliciente para volver a terminar el título. Se trata de una especie de New Game+ en que comenzamos la partida conservando el nivel y habilidades con que terminamos la anterior y donde se pueden desbloquear nuevas Funciones. A cambio, los Procesos supondrán un reto mucho más duro.

Peor aún resulta la linealidad del desarrollo. Los escenarios, demasiado vacíos por cierto, no ofrecen prácticamente margen a la exploración ni hay misiones secundarias o itinerarios alternativos que den un poquito más de variedad. La única concesión en este ámbito es una sala de “esparcimiento” en que podemos superar algunas pruebas para desbloquear temas de la banda sonora.

Y ahora que a sale relucir la banda sonora, ahí sí que os aseguro que nadie quedará decepcionado. Después del magnífico trabajo realizado con Bastion, Darren Korb vuelve a componer un acompañamiento musical excepcional que se adapta perfectamente al estilo melancólico y decadente que destila todo el apartado artístico. A destacar especialmente los temas de guitarreo acompañados de la suave voz de Ashley Barrett.

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“De esta no vamos a salir de rositas, ¿eh?”

Está claro que estamos ante un juego muy, muy especial que es capaz de atrapar al jugador con su profundísimo, aunque no del todo equilibrado, sistema de habilidades, su estética Art Deco y la evocadora banda sonora.

También hay que tener en cuenta que Transistor es de esos juegos que saben moverse en el terreno de lo emocional. Sin llegar ni de lejos al nivel de otros títulos en este campo, es obvio que la relación entre la protagonista y la espada (completamente sustentada en la voz cautivadora del actor Logan Cunningham) o un final de esos que engrandecen a cualquier juego cumplen ese objetivo de transmitir sensaciones.

Pero no es menos cierto que si nos detenemos a mirar más allá de su cuidada fachada jugable-artístico-emocional nos queda un título lineal, lento y monótono, con un argumento demasiado etéreo e incluso simplón y de duración bastante escasa.

Puede que las expectativas fueran más elevadas de la cuenta. Aun así, Transistor es sin duda una gran experiencia en todos los sentidos, que merece la pena disfrutarse y que va mucho más allá de quedarse en un mero sucesor espiritual de Bastion.