Opinión: De la ignorancia al esperpento

Los que ya somos veteranos en este mundillo, hemos sido testigos de como el sector ha ido cambiando a lo largo del tiempo en múltiples facetas. Es obvio que la aceptación social de esta afición ha variado muchísimo respecto a la generación de 16 bits, por ejemplo; también es distinto el perfil de los jugadores. De ser un hobby para minorías, los videojuegos han pasado a ser uno de los principales sectores de la industria del ocio.

Podríamos escribir un libro entero sobre este asunto. Sin embargo, hoy nos paramos a reflexionar sobre una de las cuestiones en que, en mi opinión, se ha producido un cambio más significativo desde los inicios de este negocio en España a la época actual: la información.

Hoy en día, recibimos constantemente un bombardeo masivo de noticias y otras informaciones sobre la actualidad del videojuego. Anuncios, declaraciones, filtraciones, presentaciones, videos… Al alcance de la mano, tenemos de forma inmediata a nuestra disposición todo lo que se cuece en el mundillo. Como en otros campos, Internet ha venido a revolucionarlo todo, derribando barreras y rompiendo distancias. Da igual donde estemos, en un “clic” podemos asistir en tiempo real a los grandes momentos y ferias o conocer todos los datos de los títulos que nos interesan.

 

 

 

 

 

 

 

 

Parece que hablamos de la prehistoria cuando nos comprábamos los juegos para Spectrum, MSX o Amstrad guiándonos casi únicamente por lo que nos gustara la ilustración de la portada. En los años de las consolas y ordenadores de 8 bits, la prensa especializada en videojuegos era prácticamente inexistente, teniendo a la mítica Micromanía de “tamaño periódico” como su mayor representante. Con la generación de 16 bits, los videojuegos empezaron a tener una mayor repercusión social en nuestro país. El número de publicaciones aumentó (fue cuando aparecieron Hobby Consolas o Super Juegos, entre otras) y los usuarios empezamos a disponer de un mayor volumen de información. Sin embargo, lo que ocurría más allá de nuestras fronteras seguía pareciendo como algo lejano y misterioso de lo que nunca se obtenía información realmente fiable y contrastada. Era todo un “acontecimiento” cuando el primo de algún amigo venía de haber estado de vacaciones en Estados Unidos, por ejemplo, y te dejaba embobado contándote todas las novedades que allí había visto (y de paso te colaba un montón de invenciones de su cosecha) o cuando algún colega más flipado de la cuenta se gastaba una pasta en una revista extranjera en la que no entendías ni “papa” pero te quedabas absorto mirando las imágenes que acompañaban los artículos.

Ahora todo es distinto. No quiero decir, ni mucho menos, que sea peor. La información es poder, y si ahora queremos informarnos sobre un juego que nos interesa tenemos montones de reviews en Metacritic y cientos de foros donde resolver nuestras dudas. Antes, en cambio, tenías que confiar como si de la Biblia se tratara en los análisis y opiniones de sólo un puñado de redactores como “The Elf”, “Yen” o “Pepo Scope”, que eran gente muy entendida y auténticos precursores del periodismo sobre videojuegos en este país, pero cuyo criterio podía estar alejado del tuyo y llevarte el consiguiente “chasco”.

No obstante, pienso que en la actualidad esta sobreabundancia de información está empezando a tener también tintes surrealistas. Hemos llegado a un punto en que el doblador del Jefe Maestro (por decir un personaje relevante) no puede salir a pasear al perro sin que a los pocos segundos se sepa en la otra punta del mundo, o que el almuerzo de Hideo Kojima sea noticia de primera plana en todos los medios… ¿Y qué decir de los videos y trailers?. Esto me temo que sí que se está yendo un poco de madre. Tenemos el trailer de presentación, varios diarios de desarrollo, montones de videos de gameplay de duración exagerada que te destripan medio juego, videos del multijugador, trailer de la edición coleccionista, varios trailers de lanzamiento… Vamos que cuando el juego sale a la venta ya has tenido tiempo de sobra para aborrecerlo.

En cualquier caso, podéis llamarme romántico o chapado a la antigua pero a pesar de los beneficios que para los usuarios ha supuesto la irrupción de las nuevas tecnologías de la información en el mundo del videojuego, echo de menos la sensación de descubrir un juego por ti mismo, de “montarte una película mental” sobre la calidad del título sólo en base a capturas de pantalla (y no tantos cientos de videos y spoilers) y, sobre todo, echo en falta ese halo de “magia” y de ilusión que antaño parecía impregnar todo lo relacionado con los videojuegos, aunque esa magia no fuera, en muchos casos, más que el fruto de nuestro propio desconocimiento e ignorancia.