Análisis de Rocket League para Xbox One

Ya tardaba en llegar Rocket League al inquieto territorio de Xbox One, y aquí te traemos su análisis. Tras su exitoso paso por PC y posteriormente PS4, muchas eran las voces que pedían el fútbol motorizado en la nueva consola de Microsoft. Con escasas novedades más allá de lo estético, Rocket League llega a Xbox One dispuesta a seguir su paseo triunfal.

Dejemos clara una cosa: Rocket League es una locura.La opción de una estrategia mínimamente ideada se va al garete desde el comienzo del partido. Es precisamente esto lo que hace de Rocket League un juego tan genial y a la vez tan frustrante, el hecho de que casi todo lo que ocurra, ocurrirá sin apenas nuestro control.

Pero empezando por el principio, Rocket League nos planta una pantalla de inicio donde podremos elegir Juega en Línea (el modo online, del cual no saldrás), Exhibición (Partidos de hasta 4 vs 4, todo manejado por bots), Temporada (una suerte de modo Historia sin historia), Entrenamiento, Opciones y Garaje, que será al primer sitio al que irás.

En Garaje tenemos toda clase de añadidos para el bólido, desde los clásicos colores y vinilos hasta banderas. Hay miles de posibilidades pero la mayoría de ellas deben ser desbloqueadas mediante objetivos que cumpliremos en los partidos. De inicio disponemos de tres tipos de vehículos (uno claramente inspirado en el Batmóvil de las últimas películas de Batman), pero el catálogo se ampliará rápidamente en cuanto empecemos a hacer el cabra. Como novedad, la versión de Xbox One presenta ciertos modelos de vehículos basados en populares sagas como Gears of War o Halo (si, podemos escoger el mítico Warthog que tantas alegría dio al Jefe Maestro).

Una vez tenemos el coche a punto, acudiremos al modo online, para disputar los primeros partidos. Qué vamos a decir que no se sepa ya: bola en el centro del campo, turbos en el suelo para almacenar y usar y total libertad para hacer el suicida. Dos porterías, y un objetivo claro: que la bola entre lo menos posible en la nuestra y que, a poder ser, entre en la del rival.  A nuestro servicio la capacidad de saltar, la de embestir a contrarios y a veces, la de lograr golpear a la pelota.

En cuanto a los partidos online, debemos destacar que el tiempo de espera para disputar un partido es escaso, encontrando jugadores con mucha facilidad. Una vez en faena, la acción se desarrolla con fluidez incluso si algún jugador se desconecta, recurriendo entonces a bots para igualar la contienda. En ese sentido, Rocket League funciona a las mil maravillas.

Si no disponemos de conexión a internet, o somos unos lobos solitarios, siempre podemos acudir a los partidos de exhibición, donde tras elegir estadio, cuantía de bots y nivel de dificultad, saltamos al terreno de juego. Curiosamente, en este modo de juego hemos detectado poderosos cuelgues en medio de la partida, quedando la pantalla totalmente congelada, temiendo incluso por la integridad de la consola. Algo que, aunque no sea frecuente, es crucial que sea resuelto mediante parche o actualización con prontitud. Lo mismo pasa en el modo Temporadas, donde los torneos se ven asediados por aleatorios cuelgues de escasos segundos.

Gráficamente Rocket League todo colorido y psicodelia, no por ello desmereciendo un acabado gráfico digno de mención. Los escenarios,  en total, son dispares y nada parecidos, con un brillante acabado en todos sus efectos. La música, eso si, es más simplona y machacona, aunque no deja de ser algo necesario en este tipo de juegos.  Además, gracias a las actualizaciones que ha ido recibiendo, podremos elegir tantas cosas que será difícil enlazar dos partidos iguales. Rocket League dispone de una durabilidad casi infinita, dependiendo totalmente de jugador, pues la fórmula está clara. Abróchate el cinturón y disponte a ser el MVP, culpable.

Análisis de Rocket League para Xbox One
8La locura llega intacta a Xbox One
Gráficos8
Sonido6
Modos de juego8.7
Durabilidad8.6
Puntuación de los lectores 4 Votos
8.9